El “selectivo” lobby del campo argentino amenaza a las economías regionales

La reforma impositiva que prepara el Gobierno Nacional iba a grabar un 10% de impuestos para el vino, pero el “lobby” empresarial y dirigencial del campo argentino logró frenarlo, asegurando la competitividad de la bebida alcohólica para el consumo interno, y por ende, la integridad laboral de miles de viñateros.

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Pero… esa es sólo una cara de la moneda, porque en el mismo proyecto (aún no oficial) planteaba un gravamen del 17% para las gaseosas y otras bebidas azucaradas, hecho que influye directamente a todo el sector productivo y económico de la cadena de la caña de azúcar.

Por tal motivo, la multinacional Coca Cola comunicó desde Atlanta (Estados Unidos) que “dejará de comprar derivados de cítricos a Argentina si aumentan los impuestos”.

Pero el problema no termina ahí, porque con la Resolución 415-E/217 del Ministerio de Energía y Minería, el Gobierno Nacional dispuso reducir unilateralmente el precio del bioetanol en un 29%, medida que impacta directamente a toda la cadena cañera, que se ve flanqueada por todos lados.

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Según la Unión de Cañeros Independientes de Jujuy y Salta (UCIJS) ambas medidas políticas generarán “un impacto de USD 500 millones menos por año para las economías regionales”.

El argumento esgrimido por el Gobierno Nacional para aumentar los impuestos de las bebidas y gaseosas azucaradas es la salud, y por esas casualidades argumentativas de la vida, la defensa del vino se hizo con el mismo planteo, hace bien.

Por el momento los cañeros no tienen respuestas concretas para saber qué pasará con su sector. Es verdad, Aranguren se comprometió a analizar la baja del precio del bioetanol de caña, pero por ahora no hay ninguna novedad.

El tributo a las gaseosas azucaras podría llegar a ser del 12% y no del 17%, según se especula tras la reunión que mantuvieron el secretario de Política Económica, Sebastián Galiani, y miembros de la comisión directiva de la Cámara Argentina de la Industria de Bebidas sin Alcohol (CADIBSA), pero por el momento, no hay ninguna fuente oficial que confirme eso como una real posibilidad.

Por otra lado, el sector citrícola del limón sufriría las mismas consecuencias, dado que solamente en Tucumán se obtuvieron la campaña pasada 63.000 toneladas de jugo concentrado, que de ejecutarse la medida, tendrián que buscar otros destinos comerciales, para el caso que Coca Cola deje de comprar.

Aunque, como en una gran familia, no todos los actores del campo están de acuerdo y en sintonía.

El presidente de la Federación del Citrus de Entre Ríos, Fernando Borgo, manifestó que “si bien es cierto que las multinacionales de primera línea compran el 80% del jugo de naranja que se produce en nuestra zona, no así de mandarinas, también es cierto que exportan el 80% de ese producto”.

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Facundo Mesquida

Periodista