En poco más de cinco meses, la
nafta que se comercialicen en la Argentina deberán cortarse con un 5% de
bioetanol, como mínimo. Sin embargo, los distintos sectores involucrados - compañías
petroleras, fabricantes de automotores y productores potenciales de bioetanol-
están negociando con el Gobierno Nacional para que la obligación se adecue a
las posibilidades de abastecimiento inicial y a los requerimientos técnicos.
Así lo confirmó el director
ejecutivo de la Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno, Claudio
Molina, a Infocampo. "La crisis financiera global tuvo una
influencia decisiva para que, en 2010, no sea factible abastecer el total de la
demanda anual de bioetanol prevista por las petroleras para el primer año de
vigencia del plan, que es de unos 275.000 metros cúbicos, como mínimo",
apuntó Molina.
A diferencia con lo que ocurre
con el biodiésel, la normativa para el bioetanol está al día. En este sentido,
la Ley 26.093, que modificó la 26.334, fue decisiva para lograr que la
industria azucarera argentina asuma un importante compromiso para producir bioetanol
en el ámbito local.
El Ministerio de Planificación
Federal, Inversión Pública y Servicios hizo el resto. En noviembre último,
dicha cartera sancionó varias normas complementarias en materia de cupo fiscal,
regla de precio, calidad y seguridad de las instalaciones industriales.
El problema de abastecimiento del
mercado con bioetanol está relacionado, entonces, con el freno en las
inversiones privadas debido a la crisis financiera mundial.
Molina estimó que "en
carpeta hay inversiones cercanas a los u$s500 millones que, de llevarse a cabo,
permitirían cubrir hasta un 10% de corte de nafta con bioetanol".
En sus manos, el Gobierno
Nacional tiene, desde mayo, propuestas que implican la instalación de una
capacidad de producción potencial de bioetanol anhidro de más de 410.000 metros
cúbicos anuales. Molina aseguró que el corte obligatorio de nafta con etanol comenzará
"con un ritmo más lento que el previsto originalmente" en la Ley
26.093.
Aunque el proceso sea lento, el
director ejecutivo consideró que "se trata de un paso adelante importante
que apunta a sostener un proceso creciente de eliminación de excedentes
históricos de azúcar, que han sido un factor determinante para reducir la
rentabilidad en todos los actores de la cadena de valor de este cultivo".
Demanda externa. Molina calificó como
difícil la posibilidad de que, en el corto plazo, "se puedan generar
excedentes para atender la exportación de bioetanol que demande el mercado de
biocombustibles".
Para el dirigente, "el
potencial del bioetanol está vinculado a la posibilidad de incorporar para su producción
a otros cultivos: maíz, sorgo granífero y dulce, y remolacha azucarera, entre
otras".
Los elevados aranceles de
importación impuestos por Estados Unidos y la Unión Europea son otros factores que
juegan en contra.
Distinto es el caso de Brasil
que, aprovechando algunas ventajas importantes, como las cuotas del Acuerdo de
Libre Comercio entre EE.UU. y el Caribe, mercado por el que canaliza buena
parte de sus negocios, logra estar presente en el mercado norteamericano y
europeo.
Molina también habló sobre la
posibilidad de que la suerte de los biocombustibles esté atado a la existencia
o no de petróleo. Desde su perspectiva, "el condicionamiento a largo plazo
para los biocombustibles radica en una la mudanza global en el uso de los
motores de combustión interna, a favor del hidrógeno, por ejemplo".
"Hay un nuevo paradigma
energético a partir de la creciente toma de conciencia de la necesidad de
proteger el medio ambiente y diversificar las fuentes energéticas",
continuó Molina. Los biocombustibles, parece, llegaron para quedarse.
(Nota publicada en la Edición de Hoy del Semanario Infocampo)