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Todo sobre la implantación de alfalfa para lograr altos rendimientos

Así lo indica el INTA a través de un informe y asegura que los cuidados no terminan en la implantación, sino que realizar aprovechamientos oportunos y mantener los controles de las plagas y malezas son igualmente importantes para lograr una pradera de alta productividad y longevidad.

26.02.2018 | Por Solana Sommantico
Solana
Sommantico

A continuación, se detallan los principales aspectos a tener en cuenta y los manejos adecuados a la hora de destinar un lote a la producción de alfalfa y lograr una producción con buenos rendimientos.

El costo de implantar

Implantar una alfalfa pura tiene un costo entre 1700 y 2000 $/ha (dependiendo de ciertas variables), resultando la siembra directa levemente más económica que la convencional.

En ambos sistemas la semilla y la fertilización definen el costo de implantación. La semilla representa alrededor del 40 % (para una densidad de 14 kg/ha, de una alfalfa grupo 9, inoculada y curada con insecticida); mientras que el fertilizante fosfatado representa cerca del 25% del costo (100 kg de fosfato diamónico/ha), por eso es conveniente previamente hacer análisis de suelo. El control de adversidades participación baja en el costo total (11% en siembra convencional).

alfalfa inta
Qué cultivar sembrar

Es muy importante conocer la adaptación de cada cultivar a la zona. Hay que basar la elección principalmente por los datos de producción potencial de forraje, persistencia, grado de reposo, resistencia a plagas y enfermedades, entre otros.

El cultivo antecesor adecuado

Los cultivos de invierno como trigo, avena o centeno son los más indicados como antecesores de alfalfa porque permiten realizar una correcta preparación del lote. Otros buenos antecesores son los cultivos estivales como mijo o moha destinados a pastoreo o heno, y los maíces de silo.

La soja no es el más recomendable, ya que es común que se retrase la fecha de siembra y los resultados de la implantación sean variables.

La mejor fecha de siembra

Sembrar en fechas óptimas es uno de los factores principales para lograr una buena implantación y posterior producción de forraje, teniendo en cuenta la temperatura, humedad del suelo y cantidad de horas sol. Las mejores condiciones para nuestra región se dan durante los meses de marzo y abril.

Un retraso en la fecha de siembra haría que la alfalfa ingrese al invierno con escaso desarrollo radicular y menor capacidad para defenderse de condiciones climáticas adversas.

Conocer la calidad del suelo

A pesar de ser una leguminosa con alta plasticidad de esta existen a nivel suelo algunas limitantes:

• PH: valores menores a 6,2 afectan la producción. Se corrige con la técnica de encalado.

• Densificaciones: más de 2 Mpa en los primero 15-40 cm impide el normal desarrollo radicular.

• Fósforo: el nivel es adecuado a partir de 25 ppm de Fósforo. Es uno de los principales nutrientes que limitan la producción, y por su escasa movilidad en el suelo hay que realizar fertilizaciones fosforadas antes o durante la siembra.

• Deficiencias de otros nutrientes: macro (calcio, potasio, magnesio, azufre, etc.) y microelementos (zinc, boro, etc.) también pueden limitar la producción. Hacer análisis de suelo permitirá tomar decisiones a tiempo.

Considerar la heterogeneidad del lote es indispensable para prever riesgos, como pérdida por inundación en bajos (en estado de plántula un anegamiento de 36 horas resulta letal) o zonas con distinto potencial de producción que requieren un manejo diferencial de fertilización.

Curar la semilla

Es habitual que la semilla de alfalfa se compre curada: pelleteada, inoculada y con insecticida. Es muy importante realizar estos tratamientos porque contribuyen a una buena implantación.

alfalfa semilla peleteada inta

El nitrógeno es un nutriente que condiciona la producción de forraje, y es mayormente provisto por los rizobium, que aportan los inoculantes. Es fundamental usar productos de buena calidad, con un elevado número de bacterias viables.

Con el peleteado se mejora la implantación protegiendo al cultivo del ataque de hongos y microorganismos patógenos, adecuando al medio ambiente del suelo para una mejor germinación y protegiendo a la semilla si falta de humedad.

Implantación eficiente

Es conveniente definir la densidad de siembra según el número de plantas/m2 a lograr, y ajustar ese objetivo a cada situación particular (antecesor, humedad, lote, etc.). Con una misma densidad de siembra se obtienen porcentajes de logros variables (entre 25 y 90%), lo cual depende de la calidad de semilla y otros factores relacionados con el manejo.

Conocer los valores de: Pureza, Poder Germinativo y Peso de 1000 semillas permite calcular las semillas viables que estamos depositando en el suelo y los porcentajes de logros

Siembra convencional vs. Siembra directa

Generalmente con la siembra convencional se logra menor cobertura, hay mayor temperatura de suelo y disponibilidad de nutrientes, condiciones que favorecen el desarrollo inicial, y requiere mayor cuidado en profundidad de siembra y control de malezas.

Por otro lado, la siembra directa tiene ventajas en cuanto al manejo del agua y las malezas y el control de profundidad, pero habitualmente los suelos tienen mayor cobertura, se logra menor crecimiento inicial y la incidencia de insectos de suelo es mayor. La siembra en hileras es una práctica generalizada, y se recomienda usar el menor distanciamiento posible para lograr una mejor distribución de las plantas.

Control de plagas

Los pulgones y trips son las plagas más relevantes en implantación. Es necesario monitorear frecuentemente para realizar aplicaciones con insecticida cuando se detecte la presencia de la plaga, aún cuando se haya sembrado semilla tratada, ya que pueden ocurrir reinfecciones.

Control de malezas

Se recomienda evitar hacer alfalfa en lotes con infestación de malezas perennes de difícil control ( por ejemplo gramón, pasto puna, cebollín), pero si es inevitable sembrar en estas condiciones hay que programar la limpieza del lote con anticipación. Para controlar malezas se realizan tres formas básicas de aplicacion de herbicidas:

• Presiembra: realizando controles con glifosato, flumetsulam o 2.4 DB

• Preemergencia: para controlar malezas de hoja ancha con herbicidas como flumetsulam solo, o en mezclas con 2.4DB.

• Postemergencia: cuando la alfalfa tiene 3 o 4 hojas verdaderas se pueden hacer controles con flumetsulam solo o en mezclas con 2.4 DB, o remplazarlo por bromoxinil o bentazón.

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