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Plagas: caracterizan la mejor manera de que las hormigas no coman plantas

Los científicos del CONICET y de la UBA realizaron un minucioso trabajo cuyos resultados pueden aumentar la eficacia de los cebos tóxicos para el control de esos insectos que provocan daños millonarios en todo el mundo.

17.03.2017 | Por Facundo Mesquida
Facundo
Mesquida

Un equipo de científicos argentinos determinó la concentración óptima de un cebo para el control más eficiente de la especie Linepithema humile, conocida en el mundo como la hormiga argentina. Estos insectos han invadido prácticamente todos los continentes y provocaron daños millonarios a diferentes cultivos y ecosistemas, por lo que se convirtieron en plagas domiciliarias muy difíciles de controlar, informó la Agencia CyTA del Instituto Leloir.

En lugar de plaguicidas perjudiciales para el ambiente, los expertos hoy aconsejan el uso de cebos alimentarios. El objetivo es que las hormigas consuman un alimento que contenga un compuesto tóxico y lo introduzca y disperse dentro de la colonia para generar “bajas” en forma masiva.

Uno de los cebos más usados es la sacarosa o azúcar común. Sin embargo, hasta ahora no estaba definida la concentración que produce mejores resultados. En el mercado se venden jeringas con soluciones de sacarosa de hasta el 70%.

Pero no necesariamente más dulce significa más eficaz. Y así lo comprobó mediante una serie de estudios un equipo liderado por la doctora Roxana Josens, investigadora del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias (IFIBYNE), que depende del CONICET y la UBA.

“Nuestros resultados indican que una concentración de sacarosa cercana al 20% parece ser la más apropiada para cebos tóxicos”, dijo Josens a la Agencia CyTA-Leloir. “Promueven ciclos rápidos de recolección, se ingieren rápidamente y con una alto consumo de cebo por individuo en cada visita. Además, se distribuye en el nido sin demoras y con un alto grado de estimulación para el reclutamiento”.

En cambio, aquellas soluciones con alta concentración de sacarosa (próximas al 70%) demandaron tiempos de ingestión prolongados y a la larga, menor cantidad ingerida.

Para llegar a esa conclusión, los investigadores filmaron a las hormigas bajo lupa para poder cuantificar distintas variables de comportamiento. “Luego, poníamos a la hormiga que ingirió con un pequeño grupo de compañeras, filmando las interacciones que se establecían”, explicó Josens.

El uso de cebos despierta gran interés, “especialmente para lugares donde no se aconseja liberar pesticidas. Es ideal, por ejemplo, para centros de salud, colmenares, huertas orgánicas o domicilios particulares donde se prefiere evitar la exposición continua a compuestos tóxicos”, indicó la investigadora.

El avance es parte de la tesis de doctorado de Francisco Sola, actualmente becario post-doctoral del CONICET en el Centro Austral de Investigaciones Científicas (CADIC), en Tierra del Fuego.  Sola se encuentra ahora a la espera de la resolución de su ingreso a Carrera del Investigador Científico (CIC) del CONICET, para la cual ha sido recomendado en todas las instancias de evaluación del organismo.

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