Desde mayo de este año, la iniciativa espera dictamen en la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara de Diputados (paso previo a su votación en el recinto) y que es presidida por el diputado Leandro Busatto (FPV) e integrada por otra decena de parlamentarios de diversas extracciones entre los que se encuentra quien lo presentó, José M. Tessa (Nuevo Encuentro) y también Inés Bertero (FPCyS) autora de otro proyecto, confeccionado con la participación explícita de corporaciones, cámaras y agrupaciones empresariales -que la misma diputada integra- y presentado, no casualmente, en la misma época que el anterior, según publica el diario La Opinión.
“No obstante, siempre abiertos al diálogo, se aceptó la invitación para intentar acortar distancias entre ambas iniciativas ya que el tiempo que se pierde es salud que se deteriora, en algunos casos, de forma irreversible”, marcan desde la Agrupación Paren de Fumigarnos en un comunicado.
“Sin embargo la buena voluntad chocó contra la intransigencia para alcanzar acuerdos razonables. La posible progresividad debatida con algunos aeroaplicadores contrasta con la absurdidad de propuestas como 25, 50 o 200 metros de “protección” para maquinarias terrestres, por debajo incluso de varias ordenanzas actuales y abiertamente violatorio del principio de No Regresión que en materia ambiental fulmina por inconstitucional cualquier medida que disminuya la protección. La ley vigente establece 500 metros, que sólo los municipios y comunas podrían reducir. Y como no hay “acuerdo”, según la lógica oficial, cada jueves sin tratamiento va consolidando el “status quo”, quizás el objetivo final de la presentación de la diputada-productora. En otro año electoral -aunque finalmente todos lo son- las prioridades legislativas mayoritarias nuevamente parecen divorciadas de las necesidades populares”, sostienen en el comunicado.
“Las consecuencias de resignar credibilidad y capital político a manos de algunos agronegociantes enceguecidos por el lucro inmediato y el canto de sirena de las corporaciones en perjuicio del ambiente, la salud, la vida y la misma fertilidad del suelo que nos contiene y alimenta no sólo son inmediatas. Como el efecto de los agroquímicos, se acumulan con el paso del tiempo y pueden trascender hasta las futuras generaciones”, concluyen.

