Uno de los grandes escollos en la historia de la producción ganadera es la presencia de garrapatas en el campo y su interacción con la producción. En nuestro país, la imposición de la “Lucha Obligatoria”, controlada y dirigida por el Estado Nacional, ha dado lugar a variados episodios con avances y retrocesos.
Posiblemente constituya lo que podemos considerar una “enfermedad costumbrista” y quizá sea una de las más rodeadas de “tabúes”, donde todos opinan de todo, aferrados a auto convencedoras experiencias, aunque muchas veces, sin sustento o argumento valedero.
El completo perjuicio productivo consecuencia de este parásito, sumado a la falta de convencimiento tanto de productores como de profesionales relacionados a la ganadería, más allá de la reconocida participación en el “Complejo de Tristeza Bovina”, entorpece la decisión de actuar en consecuencia. Tan eterna es la discusión sobre qué camino tomar ante esta enfermedad, como los errores que se comenten en las decisiones. Mientras tanto, nuestro ganado vacuno sigue sufriendo las consecuencias de su devastadora acción y nuestra economía, un desbalance negativo.
La merma en producción de carne y leche, la disminución en cantidad de celos, en porcentaje de preñez, la menor respuesta inmunitaria a las vacunas empleadas para otras enfermedades, la diferencia de peso entre terneros al destete, las pérdidas por daños en los cueros y otros daños indirectos como lo son la aparición de bicheras, infecciones bacterianas, etc., constituyen la inmensa porción del témpano que está debajo de la superficie del agua.
La realidad muestra que el alejamiento paulatino del organismo estatal SENASA, de su otrora actuación en la “lucha obligatoria” para la erradicación y el control en otras zonas, a raíz del desmembramiento de su estructura y su acción de ejecutora del poder de policía sanitaria, fue abriendo camino a un retroceso de los logros obtenidos, con una vuelta atrás en el número de campo re infestados.
Hoy día, el enfoque de continuidad de qué hacer con la garrapata está siendo derivado a decisiones regionales con intervención de los organismos provinciales, productores y profesionales veterinarios. De un cambio de posicionamiento y unificación de criterios de todos los actores nombrados anteriormente, dependerá el futuro de cómo seguiremos con este flagelo.
Creemos y estamos convencidos que ahora es un momento inmejorable para tomar decisiones correctas que aseguren un excelente resultado. Pocas veces contamos con tantos elementos a favor para controlar una parasitosis como la garrapata de nuestros bovinos, como en la actualidad; a tal punto de que casi se podría afirmar que sólo tiene garrapata en sus animales quién así lo desee, lo que significa un grave error de producción.
La Sociedad Rural de Curuzú Cuatiá, entidad fundada en el año 1901, en su estatuto aprobado en el año 1923, manifiesta en el Art.1 Inc. II: “…Bregar por el buen estado sanitario animal…” y “…las consecuencias de la garrapata en nuestros campos son:
* Anemia por parasitosis
* Pérdida de productividad
* Caída del producto interno de Corrientes
* Presencia de residuos tóxicos en carnes
No necesitamos volver a la obligatoriedad, solo necesitamos convicción, sentido común y decisión. Producir carne en un ambiente donde se priorice el bienestar animal (y en esto va incluido la sanidad) es nuestra obligación, más allá de los requerimientos que nos exija la demanda. Es por esto, que, tanto nosotros como Ateneo de la Sociedad Rural de Curuzú Cuatiá, la entidad misma y sus productores seguirán trabajando firmemente en la erradicación de este mal.
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