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Agricultura en función del agua escasa

En Israel la estrategia es maximizar el margen económico por milímetro aplicado. Desarrollan cultivos intensivos que pueden exportarse con valor agregado al mercado europeo y, en cambio, importan granos y aceites que no tienen posibilidades de expansión por su reducida superficie.

En Israel la estrategia es maximizar el margen económico por milímetro aplicado. Desarrollan cultivos intensivos que pueden exportarse con valor agregado al mercado europeo y, en cambio, importan granos y aceites que no tienen posibilidades de expansión por su reducida superficie.
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La agricultura en Israel se desarrolla en función de dos recursos limitantes: el agua y la tierra. Con un clima mediterráneo y una breve estación de lluvias, este país ha logrado organizar su producción de forma tal que hoy se autoabastece casi en 90% de alimentos frescos y ha apostado al desarrollo de la biotecnología en cultivos intensivos, que le permiten un uso más eficiente del recurso y exportar productos con mayor valor agregado e importar granos y aceites.

La demanda anual de agua para todo uso llega a 2.000 millones de metros cúbicos, pero disponen de un volumen mucho menor. Para administrar la escasez, Israel viene trabajando, desde hace años, con plantas de reciclado y el 65% de este efluente se utiliza para regar los cultivos.

De las 430.000 hectáreas cultivadas, se riega el 60% y el 45% con agua reciclada, según datos presentados por Jaime Kigel, investigador de la Facultad de Agronomía, Nutrición y Ciencias Ambientales de la Universidad Hebrea de Jerusalem, quien disertó el 6 de agosto en el seminario Innovación, organizado por la Fundación Amigos Argentinos de esta universidad y auspiciado por la Sagpya.

Otra posibilidad que ya está en marcha son las plantas de desalinización de agua de mar (ya hay dos en funcionamiento), tecnología que paulatinamente está bajando sus costos. “Es un proceso que se está dando en todo el mundo, en Arabia Saudita la mayor parte del agua potable que usa es de plantas -dijo Kigel-. El tema es ver si esa agua se puede utilizar para la agricultura. La tecnología lleva entre 10 y 15 años, hay que ver cómo funciona, todavía estamos en una fase de exploración”.

El crecimiento demográfico también está cercando la agricultura y se proyectan nuevos modelos ecológicos para el agro, además de sus funciones tradicionales. El escenario futuro será de mayor desarrollo de los cultivos protegidos, de los orgánicos y de intensificación de la agricultura. Ante este panorama, Israel orientó su estrategia en biotecnología a estudiar cultivos como las flores, que a diferencia de los alimentos transgénicos ingresan sin restricciones y son muy valoradas en la Unión Europea.

Los trabajos actuales apuntan a idenficar genes vinculados con el color y la fragancia, para a partir de esta información producir nuevos aromas o crear nuevos colores. Por ejemplo, están buscando crear rosas azules.

Las flores responden bien al tipo de agricultura al que tiende el país: se pueden producir bajo invernadero, se adaptan al agua reciclada y utilizan poca cantidad. Esta decisión política le permitió a Israel ocupar hoy el segundo lugar como proveedor de este producto en el mercado de la UE. “Para el futuro no será extraño pensar en vinos con nuevas cualidades organolépticas y pan con aroma a rosas”, sostuvo Kigel.

La revalorización del paisaje es otra de las estrategias. Están observando que el ecoturismo puede resultar más redituable que la agricultura para producir alimentos. El enfoque del sistema es integral, dijo Kigel, y habrá que buscar cultivos que se adapten mejor a los factores limitantes y trabajar en la conservación y manejo del paisaje, que año a año atrae a nuevos turistas.

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