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Desde el cielo cuida los suelos: Virginia, la agrónoma que es piloto de avión y aplica el amor por la tierra

Forma parte de una familia con mucha trayectoria en la aviación agrícola, en Las Parejas (Santa Fe). Desde niña soñaba con volar como su padre y su hermano y lo logró: hoy, además, es instructora de vuelos. Su historia, en una nueva entrega de ELLAS.

Mi primer vuelo lo hice en la panza de mi mamá, quiero volar y ser piloto desde que tengo uso de razón, de chica, cuando me preguntaban qué quería ser decía sin dudarlo: bailarina del Teatro Colón y piloto de avión”.

Pasaron los años y al menos uno de esos sueños de niña se cumplió: ser piloto. Pero además se sumaron otros sueños, como el de estar en el campo, la magia de la agronomía y enseñar a futuros nuevos pilotos

La protagonista de esta historia, que se refleja en un nuevo capítulo de la serie de podcasts ELLAS, es Virginia Zarantonello, que tiene un apellido con tradición familiar en la aviación agrícola: su papá, Héctor, fue piloto; y también su hermano Diego (quien falleció lamentablemente en un accidente aéreo).

Virginia empezó a volar en 1997 después de una ardua negociación familiar, puesto que dos años antes habían perdido a Diego. Con 17 años voló por primera vez sola, aunque antes recuerda postales grabadas en su retina en la falda de su padre ya con los comandos en mano. 

ANO 1997 con el Piper PA12 con el que hizo su primer vuelo sola

Estudió agronomía en Rosario para ser la agrónoma de la empresa “Zarantonello Servicios Aéreos” y hacer las prescripciones en las aplicaciones. Sin embargo, enamorada de la tierra como ya era y apasionada, se dejó llevar por la carrera que le resultó “fantástica”. Hoy, además, llevan adelante la escuela de vuelo Delta Zulu, en la que reclutan a jóvenes con aspiraciones de surcar los aires. 

– Venís de una familia vinculada al campo, la ruralidad y los aviones. ¿Qué recuerdos hay de esa infancia?
– Fue la de una nena de pueblo: el campo no lo tenemos muy lejos de Las Parejas que, por entonces, era un pueblo más chico, ahora es ciudad y con otras características. Pero cuando era chiquita los días eran los típicos de siesta, y para mí era normal estar en el hangar, estar con mi papá, volar y ver los aviones volar. Una infancia feliz. El olor a pasto, a tierra mojada, el sonido de los aviones. Ese era un entorno común para mí. 

– ¿A qué edad volaste por primera vez?
– Arranqué volando desde la panza de mi mamá. Mi primer vuelo no lo recuerdo, pero sí me acuerdo una anécdota en la que tenía 6-7 años, iba en la falda de mi papá y me dio los comandos para que aterrice y yo concentrada iba hacia la pista y en un momento, sintiendo que iba muy rápido para hacer el aterrizaje, tiré los comandos hacia atrás haciendo que el avión se levante de nuevo y mi papá me preguntó: “¿Dónde vas?”. “Me doy la güelta”, le dije yo en mi idioma de niña. Quedó como anécdota. 

– ¿A qué edad pilotaste por primera vez? Sé que es una historia difícil por lo sucedido con tu hermano…
– Ese es un tema con el que tenemos que lidiar todavía hoy. Se lleva. El miedo no se pierde más. No por mí, sino por los demás. Yo lo disfruto. Es un poco egoísta. Yo quise volar desde siempre. Desde chica veía pasar a mi papá y a mi hermano volando por arriba de casa, cuando daban una vuelta en formación. Y para mí era genial, yo quería estar ahí con ellos y ser el tercer avión. Fue un sueño desde chica, lo alimenté. Tuvimos la mala suerte de que sucediera el accidente de mi hermano, que nunca encontramos una explicación porque era un chico muy centrado y con todas las condiciones para ser un buen piloto. Pero pasó. A pesar de eso, y también en honor a él, yo siempre quise volar. 

Virginia arriba del avion02

– ¿Y cómo hiciste?
– A los dos años del accidente de Diego yo le insistí a mi papá. El me enseñó mucho, de hecho el primer vuelo sola lo hice con él. Pero me pidió que, si quería seguir con esto, que me enseñe otro. Al principio fue muy duro. Para él que yo haga lo mismo era difícil. Así fue que hice el curso con otro instructor y obtuve mi primer licencia. Después sí continué en la escuela nuestra. Me hicieron el aguante y entendieron que esto lo amo, lo adoro, es una pasión y no me lo podían prohibir porque lo iba a hacer de todas maneras. 

DEL CIELO AL SUELO

– ¿La agronomía cómo apareció en tu vida?
– Yo terminé los estudios secundarios y arranqué agronomía como una alternativa, porque en ese momento estaba la demanda de que cada empresa de aeroaplicación iba a necesitar sí o sí un ingeniero agrónomo, para que haga las recetas de aplicación (de fitosanitarios). A mí siempre me había gustado el campo, me había parecido interesante. Resulta que terminó siendo un hallazgo, porque agronomía es una carrera hermosa, tiene un montón de materias divinas, te abre la cabeza y terminé haciéndola con un montón de satisfacciones. 

– ¿Cómo fue empezar a trabajar? ¿Ya hacías aeroaplicaciones?
– Arranqué como muchos ingenieros, monitoreando lotes para una empresa de un pueblo vecino. Como piloto, la carrera es larga. El tiempo que tardes, tiene que ver mayormente con cuántas horas de vuelo puedas ir sumando. Arranqué primero con la licencia de piloto privado que es la que arrancamos todos. Y después seguí haciendo horas y obteniendo más licencias. Al mismo tiempo arranqué agronomía. Terminé la carrera y seguí juntando horas y formándome como piloto. 

– ¿Vos podías sumar horas en los aviones de la familia con los que trabajaban en el campo?
– Los aviones de aeroaplicación no sirven para sumar horas porque el costo por hora de vuelo es caro. Necesitás aviones más chicos. Pero además de los aviones para hacer aplicaciones, nosotros siempre tuvimos la escuela de vuelo y teníamos aviones chicos. Motores de 100-150 HP que son los que se usan para sumar horas. 

– ¿Qué significa para vos volar?
– Siento plenitud, una alegría inmensa, disfrute. Es una pasión. No sé cómo explicarlo. Lo siento en el alma. 

– También sos instructora de vuelo. ¿Qué consejo para alguien que no esté seguro de si dedicarse a esto?
– Lo primero que tienen que hacer es averiguar. Acercarte a una escuela, un aeroclub, empezar a charlar, que te cuenten y, si podés, que te lleven a dar una vuelta. Cuando vienen con esa duda, que le gustan los aviones pero que no saben si se lo van a bancar, les digo que es para cualquiera, y la forma de ver si les gusta es subirse, sentarse al lado del piloto y que experimente cómo se siente despegarse del suelo. 

– ¿Qué hay que saber para ser piloto? ¿Qué es importante?
– Hábitos sanos, ser cuidadoso, meticuloso, seguir las listas de control de procedimiento y chequeo, ser responsable. A diferencia de lo que suele pensar la gente, que hay que ser medio loco. No. Todo lo contrario. Hay que ser metódico, tener hábitos, generar conductas que hagan que después el vuelo sea seguro. 

– ¿Tenés algún nombre favorito de un avión que tengas o hayas tenido? ¿O qué nombre te gustaría ponerle a alguno que esté por venir?
– Nosotros los llamamos por la matrícula. “Lima-Victor” todos los nacionales y las distintas matrículas. Un avión que quise mucho fue el “Luscombe”, pero es el nombre que le ponen de fábrica. Aunque este era “November-Víctor-Papá” y le decíamos “Nunca-Volé-Peor”, jugando con las iniciales. Volamos un montón con ese avión. Pero adoro todos los aviones que pasan por acá. 

– ¿Se usan todos esos botones que tienen en la consola?
– Al principio parecen muchos después con el tiempo te habituás a reconocerlos. Algunos se usan más y otros menos pero cada uno es útil para algo. 

En vuelo02

– ¿Cuál es tu trabajo hoy?
– Un poco de todo. Con la escuela trabajo todo el año en instrucción. Ese es constante. Después, el campo requiere de una programación y trabajos estacionales: barbecho, preparación de siembra, siembra, monitoreos y cosecha. Y después la campaña de aeroaplicaciones que hoy es cada vez más corta, antes se arrancaba con trigo y se terminaba con las sojas de segunda grupos largos. Hoy se concentra mucho la aplicación en poco tiempo, de septiembre-octubre con los fungicidas en trigo. Después en diciembre fungicidas en maíz. Y fines de enero y febrero aplicaciones en soja, eventualmente en algún maíz y algún sorgo. 

– ¿Qué te gusta de lo que hacés?
– Todo. Tengo la ventaja y la bendición de que amo lo que hago. Es un disfrute todos los días. Es raro que me levante con mala onda por lo que tengo que hacer. Si tengo que volar es el día perfecto. Si tengo que ir al campo también y cada vez que me toca estar con futuros nuevos pilotos también, cada alumno es una historia y es muy divertido. Aprendés mucho de cada uno. Y está buenísimo. Disfruto siempre. 

– Los aviones aeroaplicadores están el ojo de la tormenta siempre que se habla de agroquímicos. ¿Qué tecnología se destaca hoy que pueda certificar que una aeroaplicación es segura?
– Las cosas cambiaron absolutamente desde que era chica. De todos modos, no sé por qué las aeroaplicaciones están en el ojo de la tormenta. Será que el avión llama la atención. Cada vez que se habla de agroquímicos ponen la foto de un avión. ¡No entiendo por qué! Porque además es un porcentaje mínimo de las aplicaciones las que se hacen con avión.  Hoy en día los productos ya no son lo mismo. Por suerte, para los que tenemos que trabajar con ellos, son de banda verde o azul, comparable con los productos que tenemos en casa. Después, los banderilleros te permiten tener precisión en la aplicación. Pero además, hoy en día, la principal herramienta que se tiene es el conocimiento y la información. Porque cuando uno va a hacer un trabajo tiene información de humedad, temperatura, intensidad y dirección del viento. Vas a hacer el trabajo cuando tenés las condiciones para que la aplicación sea buena, de calidad y que sea efectiva. Después, toda la tecnología que uno lleva a bordo del avión para hacer el monitoreo de las aplicaciones también es importante: dónde aplicaste, cuándo y bajo qué condiciones. 

Con el papa volando

– ¿A cuánto vuelan del suelo cuando van aplicando?
– A dos metros del cultivo más o menos.

– Bajito…
– Si. Ese es el principal riesgo de la actividad, tenés que estar con todas las luces porque todos los obstáculos están a la altura que vas volando, montes, casas, cables. El principal enemigo en las aeroaplicaciones, más en esta zona que está más desarrollado, son los cables, porque uno no los ve, se esconden en el horizonte. Por eso nosotros hacemos un vuelo de evaluación primero, y después, cuando arrancamos las pasadas tenemos presente los obstáculos que ya relevamos. 

– ¿Y así como en un auto de calle se puede poner la velocidad crucero, ustedes pueden poner una altura mínima de vuelo y que por debajo de esa altura se active algo que te haga subir?
– (se ríe) No, hay que ir llevándolo, pura muñeca, no queda otra. 

– Pilotar aviones pareciera ser algo más “de hombres”. ¿Cómo te ha ido siendo mujer entre alas, hélices y turbinas?
– Me llama la atención la cantidad de mujeres que escucho mientras estoy volando en la radiofrecuencia, operando. Hay muchas. Aunque seguimos siendo minoría. Yo en el ambiente aeronáutico siempre fui alentada a seguir. Siempre tuve gente que me tiró buena onda para ir dando nuevos pasos. Era más raro antes, menos raro ahora y a medida que pasa el tiempo es más normal encontrarse con una mujer piloto. 

FUERA DEL SURCO

– ¿Qué hacés para despejar tu cabeza después de un día complicado de laburo? ¿Tenés algún hobbie?
– A mí me relaja mucho el contacto con la tierra. La jardinería. Meter las manos en la tierra, las plantas. Y si tengo que mencionar un deporte, adoro nadar. Y después, obvio, la familia. 

– ¿Música, qué te gusta escuchar?
– Escucho de todo. Desde blues, jazz, rock de todo tipo, tengo una hija adolescente y con ella escucho “Tan biónica”, “No te va a gustar”, pasamos por Cerati, “Ciro y los Persas”. ¿Interlacional? David Gilmour, que lo tengo bien alto, me gusta mucho. Pero también Queen, Eric Clapton, Frank Sinatra, Bruce Springsteen. Escucho de todo.

– ¿Cuándo mirás películas o series?
– Miro poco tele. Si miro alguna serie es porque me lo recomendaron. 

– ¿Algún lugar que hayas conocido y que recomiendes?
– Me encanta toda la Argentina. De punta a punta. Desde el norte al sur. El norte estuve hace poco, paisajes divinos, me vine con la retina llena de paisajes hermosos. 

Carga de semillas al Air Tractor 502

– ¿Y algún lugar que te gustaría conocer?
– Todavía me falta conocer mucho de Argentina. Y me gustaría conocer Europa. 

 – Alguna mujer que haya sido o sea tu modelo o admires… –
– Como modelo y admiración, mi mamá y mi hermana. Son mujeres muy fuertes y buenas consejeras, buenas personas. Después, en la aviación, Amelia Earhart (N de la R: Nació en 1897 y falleció en 1939, norteamericana, piloto y escritora, fue la primera aviadora en volar sola a través del atlántico, y una de las primeras en promover los viajes aéreos comerciales). 

– ¿Tus sueños como piloto por dónde van?
– Creo que estoy viviendo mi sueño. Estoy haciendo lo que siempre quise hacer. Mi sueño es este. El actual. Ahora queda disfrutar y perfeccionar lo que ya soy.  

– Tenés alguna frase de cabecera o que digas cada tanto, que compartas…
– Hay un dicho que dice: “Trabaja en algo que te guste hacer y no trabajarás un solo día de tu vida”. Me identifica por lo que ya te conté, porque es una suerte que tengo yo de hacer algo que me encanta y no me pesa. Creo que si todos tuviéramos la suerte de encontrar algo que nos guste hacer seríamos la mejor versión de nosotros mismos y ¡qué bien le haríamos al mundo!

MUJERES EN CAMPAÑA

“ELLAS” es una serie de podcasts realizados por Infocampo con mujeres de campo que inspiran por su historia emprendedora, y que cuenta con el acompañamiento de “Mujeres en Campaña”, una iniciativa de New Holland Agriculture que ya tiene un camino recorrido y embajadoras de distintos lugares del país.

La Iniciativa Mujeres en Campaña (MEC) surgió cuando comenzamos a notar que existen muchas mujeres involucradas en el campo con grandes capacidades y que todas teníamos algo en común: la necesidad de compartir experiencias vinculadas al campo y al trabajo rural, nuestro principal objetivo es visibilizar el rol de la mujer rural en cualquiera de sus tareas sea como cliente o como una referente para el sector”, señaló Roxana López, referente de Marketing New Holland Argentina.

Desde “Mujeres en Campaña” desarrollaron el concepto de “embajadoras” que permite conocer un poco más de cada una en su rubro y, a su vez, difundir cómo trabajan y cómo se sienten.

El objetivo de este maridaje entre ELLAS y Mujeres en Campaña es llegar a mujeres de distintas edades y distintas zonas geográficas. “Nos enorgullece cuando un padre nos comenta que le recomendó a su hija inscribirse en nuestra plataforma para capacitarse y realizar algún curso de los que ofrecemos”, agregó López.

Desde la plataforma de MEC, se puede acceder a capacitaciones, foros, talleres, entrevistas y contenido de interés, además, cuenta con una Feria de Emprendedoras para dar a conocer los proyectos que lideran las seguidoras.

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