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El desafío es lograr el asociativismo productivo

El desafío es lograr el asociativismo productivo

08.12.2016
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Los productores agropecuarios de La Pampa continúan con el proceso de transformación que comenzó allá por 1972, cuando el ingreso en los años “Niño”, en que las lluvias anuales promedio de 560 a 600 mm pasaron de la noche a la mañana a registros anuales de 1.200 mm, planteando de por sí un escenario nuevo y desconocido para los habitantes de una zona alta y muy arenosa, que siempre se habían jactado de que antes de que llegara a inundarse el país iba a estar bajo agua. La naturaleza quiso que ese fenómeno se repitiera por más de treinta años, generando un excedente anual que terminó por cubrir más de 1 millón de hectáreas, obligando a los productores a aprender a trabajar bajo estas nuevas condiciones generales, que si bien trajeron perjuicio también permitieron alcanzar rindes hasta ese momento inesperados, tanto en trigo como en maíz, soja o girasol.

Mucho tiempo les demandó aprender a convivir con la inundación y manejar el fenómeno, y más tiempo aún les llevó aprender a estabilizar la producción en niveles de rendimiento programado, aceptables y posibles de repetir y sostener en el tiempo evitando exagerados desniveles entre la media de la zona y los picos de sobreoferta.

Ahora la situación ha cambiado, desaparecieron las lagunas nuevas en el norte pampeano y los registros de lluvia superan niveles históricos, a esto debemos agregar: incorporación de la fertilización en niveles superiores a los usados antes de los ’70, incorporación creciente de la siembra directa como práctica de intervención, con excelentes resultados y la posibilidad de usar híbridos que se expresan muy bien bajo las condiciones actuales.

Se debió incorporar en la rotación de los cultivos de cosecha, años de pasturas, que también se desarrollaron en forma excelente ante las mejores condiciones generales y técnicas que ya mencionamos, produciendo una mayor cantidad de raciones para una ganadería que terminó creciendo ante las condiciones favorables de mercado.

Aparecieron alternativas nuevas como la trazabilidad. No obstante, no todas prendieron, ni todos los que llegaron con propuestas se quedaron, por lo que la comercialización de la hacienda siguió siendo un tema a resolver.

Y en ese sentido se están dando algunos pasos que apuntan, principalmente, a considerar la viabilidad de colocación del producto en nichos de mercado a ubicar en alguna parte del mundo consumidor que, básicamente, asegure buenos precios, cuotas de provisión posibles, condiciones de pago seguras y continuidad en el tiempo.

Santiago Martiarena, productor ganadero de la zona de Venado Tuerto, se reunió con un centenar de ganaderos pampeanos para relatarles su experiencia como exportador de carne a las islas Canarias. Nos dijo que la cría la hacía en un campo de 4.500 ha de San Luis. “Desteto con un peso de 180 a 190 kg, y engordo en el campo de Venado Tuerto, donde tengo 4.500 ha, con muy buenas pasturas, como para sostener una producción anual de 600 kg por hectárea”, contó. Y agregó: “Esperamos colocar afuera algo de lo que no se lleva Europa”.

El doctor Carlos Vuegen, gerente del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina, puso de manifiesto que se está trabajando muy activamente en el diseño de estrategias de marketing para mejorar el posicionamiento de nuestros productos cárnicos en el exterior.

El desafío está planteado y creo que no se va a dejar pasar la oportunidad; seguro que por una cuestión de escala no se incursionará en la exportación en forma individual; estoy convencido de que se va a hacer en forma asociada.

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