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Mejores perspectivas para la cosecha gruesa

Las condiciones neutrales en el océano Pacífico que se prevén para la primavera 2006 y el verano 2007, auguran un régimen de lluvias mucho más regular que el de la campaña precedente, la cual se vio perjudicada por la influencia de un episodio débil de âLa Niñaâ, al cual se unió la presencia de un... Read more »

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Las condiciones neutrales en el océano Pacífico que se prevén para la primavera 2006 y el verano 2007, auguran un régimen de lluvias mucho más regular que el de la campaña precedente, la cual se vio perjudicada por la influencia de un episodio débil de âLa Niñaâ, al cual se unió la presencia de un fuerte enfriamiento del litoral atlántico causado por un avance hacia el norte de la corriente marina fría de Malvinas.

Sin embargo, dado que el litoral atlántico argentino ha vuelto a enfriarse a causa de un nuevo avance hacia el norte de la corriente de Malvinas y  las precipitaciones registradas durante el mes de junio pasado mostraron una fuerte concentración sobre el margen oriental del área agrícola, siendo muy escasas sobre el centro y el oeste de la misma, habría que prever que la llegada de las lluvias primaverales podría sufrir cierto atraso, no produciéndose entre fines de septiembre y comienzos de octubre, como es lo normal, sino entre fines de octubre y comienzos de noviembre. 

Estrés

Este proceso podría producir cierto grado de estrés durante las primeras semanas de la primavera pero, a partir de la segunda parte de esta estación, el régimen hídrico se normalizaría. En dicho caso, la segunda parte de la primavera y el verano podrían experimentar lluvias normales.

Para la cosecha fina este cambio llegaría demasiado tarde para mejorar el estado de los lotes en las zonas que empezaron la campaña con insuficientes reservas hídricas y, por el contrario, provocarían la incidencia de enfermedades y dificultarían la cosecha.  

En lo que hace a la cosecha gruesa habría que considerar:

1) El girasol podría dar buenos resultados en las zonas que iniciaron la campaña con buenas reservas hídricas, siempre y cuando las mismas sean manejadas con eficiencia, de manera que lleguen a la época de siembra en buen estado. En las que no cuenten con adecuadas reservas, su siembra sería arriesgada.

2) El maíz se vería expuesto a un impacto similar o mayor que el sufrido en la campaña que toca a su fin en la mayoría de su área de cultivo, ya que su éxito depende en gran medida de las precipitaciones de comienzos de primavera, que serían las más afectadas.

3) Por su mayor plasticidad, la soja podría sortear con éxito la amenaza en tanto se la siembre con buena disponibilidad de agua en el suelo.  En los casos en que la humedad edáfica sea escasa, sería necesario condicionar su implantación a que se produzcan lluvias que la hagan posible.

Ojo con la roya

Con respecto a la roya asiática de la soja, durante el invierno esta sobrevive en las sojas guachas y en los hospedantes alternativos. Por lo tanto cabe esperar la posibilidad de que la enfermedad pase el invierno en el norte y parte del centro del área sojera, representando un riesgo potencial de que, en la campaña próxima se produzca un ataque de mayor intensidad  aunque a bajo ritmo,  la enfermedad logró avanzar  en el norte del área sojera argentina durante la campaña 2005/2006, por lo que existe el riesgo de que, poco a poco, vaya imponiéndose en toda su extensión.

En lo referente a la disponibilidad de forraje para la ganadería, habría que considerar la posibilidad de que se produzca una interrupción de la cadena forrajera a comienzos de la primavera, luego de lo cual, la situación tendería a normalizarse.

En cualquier caso, las circunstancias imponen la necesidad de administrar muy bien las reservas de humedad y de pensar muy bien las decisiones. La evolución climática de la campaña agrícola por iniciarse apunta a volver a poner a prueba la capacidad y resistencia de productores y técnicos.

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