En la jornada sobre mejoramiento genético en soja y trigo, organizada por RIA Consultores este miércoles 15 de abril, el representante de la industria semillera, Dr. Miguel Rapela, advirtió con datos estadísticos el atraso que está sufriendo este segmento de la genética. “El análisis de los últimos 22 años indica que mientras en maíz se registra una tasa de incremento de inscripciones de casi 2,7 híbridos más por año, en soja estamos con un incremento de una variedad por año, y en trigo con un incremento de una variedad cada tres años”, sostuvo.
El director ejecutivo de la Asociación de Semilleros Argentinos /ArPOV, expresó que la oferta genética por unidad de superficie implantada muestra una tendencia negativa para soja y prácticamente neutral para trigo en el mismo período.
En su intervención, Rapela sostuvo que la cantidad de programas de mejoramiento de soja cayó a la mitad entre 1994 y 2013 y que la misma tendencia se observa en el eslabón de los multiplicadores. “Bajo el actual marco legal estamos observando un proceso de concentración en el mejoramiento genético de la soja y en una marcada disminución del número de multiplicadores”, agregó.
En la disertación de apertura, el ingeniero agrónomo Javier Preciado Patiño, había expuesto que la cantidad de obtentores se redujo entre los 90 y el presente, en paralelo con una participación creciente en el registro de nuevas variedades.
“Mientras que en el quinquenio 1995/99 los tres primeros obtentores habían registrado el 38% de todas las variedades inscriptas ante el Instituto Nacional de Semillas, en el 2010/14 ese número se elevó al 66 por ciento”, explicó.
De todos modos, la cantidad de cultivares ha sido creciente a lo largo del tiempo. “Entre 2003 y 2014 se inscribieron 471 nuevos cultivares de soja, o el 61% del total de periodo que va de 1985 a 2014”, precisó.
A su turno, el presidente del directorio del Instituto Nacional de Semillas, Ing. Agr. Raimundo Lavignolle, explicó que a mayor trabajo en mejoramiento genético, mayor rendimiento de los cultivos. Determinados cultivos, particularmente algunos regionales, registran muy pocas novedades en materia de mejora genética y eso está muy ligado al estancamiento de la producción, señaló.
Otro de los disertantes fue el Dr. Martín Lema, director de Biotecnología del MAGyP, que explicó que hay una serie de nuevas biotecnologías, superadoras de la transgenia y que ello implica una adecuación del marco regulatorio. “La idea es que aquellos que están trabajando en el mejoramiento genético sepan lo antes posible en qué marco va encuadrar su tecnología”, explicó.
El encuentro concluyó con un coloquio entre los disertantes y el público, donde una de las conclusiones fue la necesidad de fortalecer el poder de policía del Instituto Nacional de Semillas para poner coto al mercado ilegal de semillas. “Pero lo primero que tenemos que hacer es conocer qué es ese 80% de semilla de soja que no es fiscalizada, cuánto es uso propio legítimo y cuánto no”, explicó Lavignolle.
“Uno de los desafíos es encontrar las herramientas para que exista un incentivo al mejoramiento que genere la creación de variedades que la agricultura argentina necesita”, agregó.
En este sentido, el ex secretario de Agricultura de la Nación, Miguel Campos, presente en el auditorio, señaló la necesidad de un esquema sancionatorio para el comercio ilegal de semillas, que desaliente la práctica.
Al margen de esto se insistió en la adecuación de la ley de semillas 20.273 a la nueva realidad del mejoramiento vegetal y el reconocimiento de la propiedad intelectual de los obtentores.
Epígrafe de la foto: Expositores de la Jornada, Diego Fernández (ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca); Miguel Rapela (ASA); Javier Preciado Patiño; Raimundo Lavignolle (Instituto Nacional de Semillas); Martín Lema (director de Biotecnología).

