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Congreso de Aapresid: agua, ambiente y agricultura

La jornada del jueves en el congreso de Aapresid 2009 tuvo al líquido elemento como eje de la discusión. Y no por casualidad, el coorganizador de este Simposio Internacional del Agua fue la Asociación de Semilleros de Argentina.

La jornada del jueves en el congreso de Aapresid 2009 tuvo al líquido elemento como eje de la discusión. Y no por casualidad, el coorganizador de este Simposio Internacional del Agua fue la Asociación de Semilleros de Argentina.
infocampo

Es que por un lado se visualiza que en el futuro inmediato el aumento de la productividad vendrá por el lado de la semilla, es decir de plantas que por la manipulación genética serán mucho más eficientes en el uso de los recursos que en la actualidad. Producirán más con lo mismo o incluso menos. Por el otro, se esperan cambios en el ambiente ‘el famoso cambio climático- que hacen que esas plantas deban estar preparadas para soportar condiciones de producción más duras.

Esta fue una de las líneas del simposio y por ello estuvieron realizando presentaciones los genetistas de las tres empresas top del mundo de las semillas: Jeff Schussler, por Pioneer Hi Bred (del grupo DuPont), Dusty Post por Monsanto y el brasileño Gloverson Lamego Moro por Syngenta.

Sus conferencias apuntaron a cómo están introduciendo en los cultivos características de adaptación al estrés hídrico, es decir la tolerancia a sequía. A esta terna se sumó la investigadora argentina de la UN del Litoral, Raquel Chan. En la carrera global por introducir genes que confieran a los cultivos adaptación a la escasez de agua, el equipo científico de Raquel logró transferir genes de tolerancia del girasol (el HAHB4) a otros cultivos de interés agronómico como maíz, trigo y soja.

El trabajo de estos científicos argentinos se empalma con el de Bioceres, la empresa biotecnológica de Rosario cuyos accionistas son mayoritariamente productores rurales.

La ambiciosa idea del grupo es competir con los monstruos de la biotecnología en la oferta de desarrollos genéticos para un planeta que está cambiando. Esta es una parte en el uso más eficiente del agua.

La otra viene dada por lo que pasa de la planta para afuera. Acá Jorge Romagnoli, desde Monte Buey (Córdoba), y Hugo Ghío desde Camilo Aldao (Santa Fe), son dos ejemplos de cómo intensificando la agricultura se mejora la productividad del sistema y, por ende, aumenta la eficiencia en el uso del agua.

Cuanto más, mejor. ‘Es un desperdicio hacer un solo cultivo de soja, disponiendo de 800 milímetros de agua al año’, sintetiza Andrés Sylvestre Begnis, de Aapresid, previo al arranque del simposio, en un mano a mano con este cronista.

Siempre partiendo del sistema de siembra directa como paradigma tecnológico, Ghío le apuntó a la intensificación y de la tradicional rotación trigo, soja de segunda, maíz, soja de primera (cuatro cultivos en tres años), pasó a trigo, soja de segunda y maíz, es decir tres en dos años.

Sumado a un constante aporte de nutrientes, comprobó que el sistema rinde más con la intensificación; que da más toneladas de grano por milímetro de agua disponible.

Por su parte, Romagnoli le apuntó a los cultivos de cobertura como la herramienta para la intensificación, y descubrió en la vicia, una leguminosa que fija nitrógeno del aire como la soja, un aliado excepcional.

Andrés relata que incluso en un invierno muy, muy seco años atrás, a la hora de sembrar el maíz, la parte del campo donde había tenido vicia tenía más humedad que la que había estado en barbecho con la cobertura de rastrojo.

‘Buscamos que el sistema esté activo todo el tiempo, con las plantas interceptando radiación, fijando dióxido de carbono por medio de la fotosíntesis y convirtiéndolo en materia orgánica. El suelo es un elemento vivo que hay que mantenerlo activo’, explica Andrés.

Lo concreto es que tanto Jorge como Hugo están sacando de cada hectárea unas 10 toneladas de grano por año, cuando se promedia el rinde del maíz con el del trigo y la soja de segunda. Para una precipitación anual de 800 a 900 milímetros, lo que están logrando es obtener una tonelada por cada 800 a 900 m3 de agua, que es muy por debajo de los estándares internacionales.

Si hicieran una soja de primera al año, de 3,5 t/ha, la eficiencia caería a unos 2.500 m3 por tonelada producida. Este es el secreto de la agricultura argentina y un factor de competitividad insuperable. ‘Si lográramos llevar esta eficiencia a toda la región, tranquilamente estaríamos en las 150 millones de toneladas sin agregar una hectárea más’, se entusiasma Andrés, soñando con la Argentina verde y competitiva.

Con el riego cartón lleno

Desde la estación del Inta Oliveros, en Córdoba, viene haciendo un trabajo impecable desde hace años en materia de riego complementario, de la mano del ingeniero Eduardo Martelloto y Edgar Lovera.

Para la zona central de Córdoba, esta tecnología implica aplicar una lámina de unos 200 mm promedio en el caso del trigo y de unos 120 en el caso de la soja y el maíz de primera, es decir entre el 15 y el 25% del agua que aportan las lluvias.

Lo increíble es que con este aporte marginal de agua, el rinde del trigo salta de un promedio de 2.200 kg/ha en secano a uno de 5.000 kg/ha, para una serie que va de 1996 a 2008, con extremos como en 2004 cuando pasó de1.000 a casi 7.000 kg/ha. En el caso de la soja, significó pasar de unos 3.000 a 4.000 kg/ha en esa misma serie de años y de 8.500 a 12.000 kg/ha en el caso del maíz.

Javier Preciado Patiño

(Nota publicada en la Edición de Hoy del Semanario Infocampo)

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