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Lanzan la nueva campaña girasolera en Charata

ASAGIR inauguró el ciclo productivo en el marco de una Jornada de Actualización técnica realizada en la localidad chaqueña. Sólo considerando al NEA, el negocio representará 408 millones de dólares.

infocampo

Asagir lanzó la nueva campaña de girasol en Charata, provincia de Chaco. Con una Jornada de Actualización técnica, la entidad dejó oficialmente iniciado el ciclo.

Durante el evento, el Coordinador del Convenio INTA- ASAGIR, Carlos Feoli, señaló que, según la última estimación de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, en el presente período se sembrarían unas 350 mil hectáreas de girasol en el Chaco, contra las 238 mil del período anterior, “aunque nuestra estimación es que podrían superarse las 450 mil hectáreas”.

Los números de la campaña 2011/2012 reflejan una superficie cultivada a nivel nacional de 1,85 millones de hectáreas, en comparación con las 2,61 millones implantadas en el récord del período, en 2007/2008. Sin embargo, “hoy estamos ante una importante recuperación del cultivo”, dijo el presidente de Asagir, Ricardo Negri.

Esto se explica porque el girasol, presente en 9 provincias de la Argentina, se prepara para un buen año con perspectivas de precios y rentabilidad para el productor. Cada tonelada de girasol representa un movimiento económico de 575 dólares, incluido el mercado interno de aceite y subproductos y todos los costos e impuestos que genera. En consecuencia, el movimiento país es de 2300 millones de dólares. Un 30 % de esa cifra corresponde al NEA -690 millones de dólares-, por su producción de 1,2 millones de toneladas. La estimación del USDA para esta campaña en el país es de 4 millones de toneladas de girasol.

Sobre este aspecto, Feoli precisó que tan sólo en el NEA, el cultivo representará un negocio de 408 millones de dólares, a partir de una estimación de siembra de 370 mil hectáreas en Chaco, 180 mil en Santa Fe, y 50 mil en Santiago del Estero. Si se tienen en cuenta esas 600 mil hectáreas, con un rendimiento promedio de 2 toneladas por hectárea y considerando los 315 dólares por tonelada pagados en Rosario, más el 8% de bonificación por porcentaje de aceite, los números se presentan alentadores para los productores locales.

Asimismo, el asesor económico de la entidad, Jorge Ingaramo, explicó que hacer una hectárea de girasol dentro del lote costará unos 210,2 dólares por tonelada, “pero si le agregamos el componente fertilización, a razón de 60 kilos por hectárea de fosfato diamónico, estos costos se incrementarían en unos 50 dólares”, precisó.

Considerando otros costos como el alquiler, los gastos de estructura, el flete y la comercialización, el cultivo presenta igualmente un presente atractivo en cuanto a su rentabilidad.

De esta forma, Ingaramo detalló que el margen neto en campo propio sin fertilización llegaría a casi 207 dólares por hectárea, elevándose a 255 dólares a partir de la incorporación de fosfato diamónico. En campo alquilado, el margen neto ascendería a casi 72 dólares sin fertilización y 120 dólares con fertilización.

La escasa o nula fertilización del girasol en el NEA se presenta como un desafío para la cadena, teniendo en cuenta la reacción del cultivo a la aplicación de nitrógeno.

Por su parte, Luciano Mieres, técnico del INTA Reconquista, reconoció que en la región “por lo general no se fertiliza, pero la recomendación para los productores es que se acerque a un asesor y observe los resultados posibles. Aplicar nitrógeno en v8 es una forma de comenzar. Ahí hay condiciones para encontrar respuestas a la aplicación”, reiteró.

Para el especialista es importante hacer un diagnóstico de pre-siembra y comparar lo que pasa año a año, sobre todo en zonas donde no se fertiliza habitualmente. “La adopción de la fertilización es baja, quienes fertilizan usan una bolsa por hectárea de fosfato diamónico y un máximo 60 kilos de urea/ha. Si hacen fertilización nitrogenada es en forma líquida. Pero todo esto se da en los productores de punta exclusivamente”, aclaró Mieres.

Paralelamente, Octavio Ingaramo, director del INTA Las Breñas, especificó que en la región uno de los mayores problemas vienen de la mano del clima: “tenemos una probabilidad del 25% de tener un año malo a muy malo y el desafío está ahí, en cómo nos adaptamos a la variabilidad tan alta porque el clima no lo podemos cambiar”. “El año pasado he visto lotes de 3.800 y hasta 4.000 kilos por hectárea, pero este año venimos de una siembra estival muy complicada”, reconoció.

Otra de las problemáticas que se trataron en el evento fueron los ataques de paloma y cotorras. Jorge Ingaramo fue el encargado de ponerle números a los dañinos picotazos, después de reconocer que “no va a aparecer tan fácilmente un seguro específico para el tema de paloma, aunque quizás se pueda incluir al riesgo de ave como un adicional al componente de granizo, con un ajuste en la prima”.

Según el asesor económico de ASAGIR, sobre una estimación de 600 mil hectáreas sembradas con girasol en las 6 provincias donde el riesgo es más grande, las pérdidas por la plaga oscilarían entre un 10 y un 12% de rendimiento, “es decir el 30% de la superficie implantada a nivel país”.

Si a esto se suman las 200 mil hectáreas que se dejaron de sembrar con girasol en provincias como Córdoba y Entre Ríos, “lo que deja de ingresar a precio neto para el productor girasolero son unos 165 millones de dólares, elevándose a 280 millones si se considera el impacto a nivel país, incluyendo agregado de valor, impuestos, etcétera”.

Por el momento, no existen grandes recetas para revertir esta plaga, que en el NEA ya está afectando también los cultivos de soja en emergencia, además del sorgo y el girasol.

Finalmente, Diego Lerini, trader de Molinos Río de la Plata, cerró la Jornada de Actualización con un panorama para el cultivo a nivel internacional. “Cuando uno analiza el mercado mundial de aceites hay dos cosas interesantes: los nuevos consumidores que ingresaron al mercado, como son India y China; y el nuevo uso industrial para biocombustibles, del que si bien el girasol no participa se ve traccionado por esta demanda”, explicó.

Para  la región del NEA, Lerini recomendó considerar la producción de alto oleico, “que tiene una muy buena oportunidad comercial, bonificación por materia grasa y mayor rentabilidad por hectárea. Para el Chaco en particular entra en un lugar ideal por el flujo de caja. Da una rentabilidad tentadora”, concluyó.

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