“No sé manejar”, dijo el técnico del INTA Castelar cuando estaba a punto de arrancar la estanciera que le habían facilitado para seguir a otro profesional rumbo a la Patagonia. Un detalle de los primeros años de una institución que construyó con sus forjadores esa grandeza que hoy reconoce el mundo. Forjadores. Así se llama una serie de tomos donde se traza la historia de vida de aquellos héroes silenciosos que supieron dejar huella que se hizo camino.
Acompañaron la presentación el presidente del INTA, Carlos Casamiquela; el vicepresidente Francisco Anglesio; y el director Nacional, Eliseo Monti.
“Es muy bueno presentar esta colección que ya va por su segundo tomo. Muchos jóvenes creen que el INTA siempre fue tal cual lo conocemos ahora y, sin embargo, el inicio fue muy distinto”, recordó Casamiquela.
Esos comienzos, el INTA nació en 1956, fueron la hoja en blanco de una biblioteca que ya lleva miles de tomos de enseñanzas y conocimientos. Esa alba institucional que según cuenta Mónica Meda, editora de Forjadores, dejó anécdotas como aquellas del recién nombrado jefe de una agencia en la Patagonia que al ir a tomar el cargo se encontró con que su oficina era ¡una tranquera! Enclavada en medio de la llanura y la aridez.
O aquel que en Corrientes creyó que el pueblo se iba a paralizar para llegar a su encuentro y encontró un silencio de siesta al llegar a la oficina del INTA. Historias que tallaron al organismo que hoy conocemos.
Meda también destacó el rol de las esposas que “esperaban a sus maridos durante meses ya que como agrónomos o veterinarios debían andar grandes distancias por caminos de polvo y viento para encontrar un cultivo o dar con una plaga”.

