La crisis de 2015 en Brasil se sigue plasmando en números que traen nuevos dolores de cabeza a la presidenta, Dilma Rousseff. Hoy el Instituto Brasileño de Geografía y Estadísticas (IBGE) dio a conocer el número final de la inflación brasileña en 2015: 10,67%, su nivel más alto desde 2002, muy por encima de la meta fijada inicialmente por el gobierno, de 4,5%,.
Esta cifra era esperada por los mercados, que preveían un 10,72%, y fue levemente inferior a las últimas previsiones del Banco Central de Brasil, que pronosticó un 10,8% en su informe trimestral a fines de diciembre. En 2014, la inflación había sido de 6,41%.
En los dos últimos meses del año, el alza de los precios al consumidor fue de 1,01% (noviembre) y de 0,96%, (diciembre), los mayores aumentos para esos meses desde 2002.
Para 2016, el Banco Central prevé una tasa anual de 9,2% durante el primer trimestre y una caída progresiva el resto del año, para cerrar en 6,2% en diciembre. En 2017, se estima que la inflación será de 4,8%.
Brasil, primera economía de América Latina, lucha desde hace cinco años contra una desaceleración económica que se convirtió en crisis en 2015.
El gigante sudamericano entró en recesión en el segundo trimestre, lo que redujo su capacidad de ahorro y lo condujo a reducir cinco veces en el año su meta presupuestaria, que pasó de un superávit de 1,2% del PIB a un déficit que podría llegar a 2%, es decir, de unos 31.000 millones de dólares.
El Fondo Monetario Internacional prevé que el país se mantenga en recesión en 2016 (con una caída estimada del PIB de 1%). Si esto se confirma, será la primera vez desde 1930-31 que Brasil está en recesión dos años consecutivos.
El país está igualmente sacudido por un tsunami de revelaciones sobre un megaescándalo de corrupción en torno a la compañía petrolera estatal Petrobras, que desató una profunda crisis política. La presidenta izquierdista Dilma Rousseff enfrenta la amenaza de un proceso de destitución impulsado por la oposición.

