En el primer trimestre los precios de las materias primas crecieron –en promedio- 9,2% con relación a diciembre. Las commodities energéticas, especialmente el petróleo, subieron incluso más. En abril se observó una pequeña reversión en las principales commodities con excepción de la soja. El recorte de las proyecciones de producción mundial de la oleaginosa está impulsando los contratos futuros (que alcanzaron un nuevo récord) y su cotización.
De hecho, la soja alcanzó 552 US$/tn a fines de abril, el máximo valor desde el derrumbe de fines de 2008. Esto es indudablemente una buena noticia para la Argentina, dada la elevada participación de la oleaginosa y sus subproductos dentro de las exportaciones totales (24%).
Sin embargo, la suba internacional del precio de la soja sólo serviría para compensar parte de la caída en la cosecha local, que se estima entre 12% i.a. según cifras oficiales y 18% i.a. según proyecciones privadas. Además, el “plus” deberá destinarse a financiar la suba de precios energéticos, ya que como el país importa más de lo que exporta de estos bienes, la suba de precios de la energía impacta negativamente en el saldo comercial.
Por caso, en 2011 la suba de la cotización de la soja aportó US$ 3.500 millones, mientras que el alza de los precios energéticos restó US$ 1.170 millones. En cambio, durante el boom de las commodities de 2007-2008, tanto la soja como la energía sumaron divisas por US$ 7.600 y US$ 450 millones, respectivamente.
En síntesis, el actual boom de commodities deberá destinarse a compensar la menor cosecha agrícola de esta campaña y a financiar los incrementos de los bienes energéticos.

