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“Historia del pago que quieren rematar”

Me llamo Gustavo Solorza, tengo 25 años, y no quiero hacerme el desentendido de la realidad que vivieron mis familia, parientes y vecinos del monte, y yo mismo que soy de ese lugar. Por eso, aunque actualmente estoy trabajando como actor y jinete en Opera Pampa en Buenos Aires, quería trasmitir mi sentimiento como habitante y ex alumno de la escuela del Ceibal, por el atropello que estamos sufriendo.

Me llamo Gustavo Solorza, tengo 25 años, y no quiero hacerme el desentendido de la realidad que vivieron mis familia, parientes y vecinos del monte, y yo mismo que soy de ese lugar. Por eso, aunque actualmente estoy trabajando como actor y jinete en Opera Pampa en Buenos Aires, quería trasmitir mi sentimiento como habitante y ex alumno de la escuela del Ceibal, por el atropello que estamos sufriendo.
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Ellos me contaron sus historias vividas en mi paraje donde he nacido y he crecido como un campesino más, ya que mi familia vive en este lugar: “La cañada”, departamento Pellegrini, Santiago del Estero, a 300 kilómetros de la capital de la provincia, en un monte espeso de los pocos que quedan, donde los quebrachos, algarrobos y mistoles hacen escuchar sus ramas a través del viento que suele correr en el lugar. Un lugar donde se respira aire puro y por las mañanas una brisa fresca te despierta, gracias al río Salado que cruza a metros de mi casa.

La historia de mi familia, que son de los primeros que viven en el lugar con los Cuellar, los Galván, Ruiz, Palmas, Valdivia, Santillán, Miranda, Farías etc. ha sido la misma cosa: salir temporariamente para la provincia vecina de Tucumán, grupos de familias enteras para pelar caña en los ingenios; algunos llevaban hasta los perros. El transporte era la zorra y nuestro motor el mular[1], ya que tenía más resistencia y aguante para tan largo viaje, cargado con nosotros (unas 9 personas por familia), más la comida, frazadas, machetes, el agua para tomar mate y cocinar y para beber.

Así fue la vida de mis abuelos, padres y tíos en los parajes que hoy se conocen como: Tres Varones, Nuevo Yuchán, Nuevo Simbolar, San Juan, Santa Luisa, Casa Verde, Potrero Bajada, y hasta el Boquerón, que desde hace 30 años se convirtió en el centro de la Parroquia de San José de las Petacas y alrededor de la cual se fue haciendo más urbana la vida.

Sin embargo, nosotros, los que estudiamos en la escuela N° 806 “América González de Rizzo Patrón”, cruzábamos de Pellegrini a Copo, por sobre el río Salado, que es nuestra única fuente de agua posible. Llegábamos de todas partes para poder aprender a leer y escribir, aunque nunca tuvimos puentes y si había mucha corriente era peligroso.

El río se secaba por temporadas y en los últimos años, cuando

hicieron canales y diques para el norte, en Salta, Cabra Corral, el río perdió mucho de su caudal y nos perjudicó a todos, porque tenemos muchos animales: vacunos, yeguares, mulas, cabras, cerdos que viven como nosotros del agua del río.

Si los animales no morían de sed fue porque les favorecían las plantas como el cactus, con mucha agua en sus pencas. Con el río seco (como se encuentra ahora), teníamos que ir a buscar las barrancas para bajar y sacarlas en tinajas.

Recuerdo a las mujeres cargando tres tinajas llenas de agua hacia un pasquil. Ponían en su cabeza la tinaja y las otras dos las agarraban una de cada lado, llevándolas más de un kilómetro sin voltear ni una gota.

Llegando al rancho, había que aclarar el agua con la planta de quimil, que nos servía para hacerla más potable y mantenerla fresca en tiempo de verano con 55° y donde no conocíamos heladeras.

Todo preparado por nosotros mismos desde las tinajas, los potreros, los cercos, los aperos, todo. Producíamos para el autoconsumo, y si se podía se vendía una vaca, un ternero, algo de postes y carbón. También hay gente que hace apicultura, vende queso de vaca o ladrillos.

Hemos sido gente sufrida, por la dureza de la vida misma, criados en humildes ranchos, con pocas pilchas y en muchos casos desconociendo el cariño de un padre y sin una escuela cerca.

En los últimos tiempos, los campesinos se han ido organizando: mi abuelo, mis tíos son socios de una Organización llamada OCCAP-Copo, Alberdi y Pellegrini- que tiene su sede sobre la ruta N° 4, en el KM4, allí donde quieren rematar. Yo mismo tengo una casa sobre la ruta, que la alquilo ahora a unas maestras, que están dictando la EGB3 a los jóvenes del lugar.

Muchos de los jóvenes que estamos trabajando en las ciudades estamos colaborando económicamente para que nuestras familias puedan seguir permaneciendo en sus puestos, haciendo inversiones que les permitan defender su posesión veinteñal.

Haremos todo lo que este a nuestro alcance para que no se remate nuestra tierra, que es nuestra casa; y si en caso no haya Justicia en Santiago del Estero para los campesinos y se rematan los pueblos, la gente no se irá de sus puestos, porque esta organizada y sabemos los derechos que tenemos.

Creo que los posibles compradores se llevarán un dolor de cabeza, ya que gracias a Dios hay mucha gente de Santiago y del país que esta dispuesta a acompañarnos en esta justa y digna lucha.

Gustavo Solorza

DNI 20.909.034

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