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¿Cuánto tiempo más llevará?

La nueva institucionalidad. De las cadenas a las redes de valor

11.06.2005
Infocampo
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Los dichos del secretario de Agricultura, Miguel Campos, le dieron chapa de realidad a lo que, hasta ese momento, era sólo un esbozo. Una tendencia. “Estamos ante una nueva institucionalidad”, señaló el funcionario al disertar en la apertura del Congreso de Asagir de la semana pasada.

Y no hizo más que reforzar el proceso que, sin prisa pero sin pausa, vienen gestando hace tiempo los empresarios agroindustriales del país. Un salto superador de la situación actual, que necesariamente deberá recorrer un tiempo hasta que se consolide y expanda. Pero que es un camino que encontrará cada vez más caminantes dispuestos a transitarlo. ¿En qué consiste esta nueva institucionalidad? En la construcción de redes de valor (un concepto posterior al que fue fundacional de organizaciones como la propia Asagir, Maizar o Acsoja), en donde todos los eslabones de la cadena trabajan en conjunto generando nuevos valores agregados. Porque no siempre es posible duplicar rendimientos o superficies. Este proceso lo explicó claramente el vicepresidente de la entidad, Rodrigo Ramírez, alguien que en los últimos tiempos está obsesionado con el tema.Y si hay que analizar dónde se produjo un quiebre en esa percepción habrá que buscar en el consultor Sergio Melnik al “culpable”. La presentación del mapa de valor que hizo en Asagir, donde por primera vez todos los eslabones de la cadena decidieron transparentar su participación en el negocio, fue uno de los puntos más impactantes del Congreso. De ese trabajo, elaborado con el criterio de que primero hay que saber antes de discutir, surgieron claramente dos hechos. El primero es que el sector que más participa en la “torta” del girasol es el de la producción primaria por encima del de transporte, comercio, industria, canal final y y el gobierno.

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Asociado a este último actor surgió el segundo dato clave: que el Estado se lleva el 50% de los ingresos generados por el agregado de valor. Pasemos a los números. La cadena de girasol factura unos u$s 1.050 M por año. Compra insumos por unos u$s 400 M e indirectamente genera otros ingresos por u$s 315 M. El agregado de valor que hace cada eslabón de la cadena girasolera es de aproximadamente unos u$s 650 M. De ese total, el complejo le transfiere al Estado, definido por Ramírez como un socio estratégico, unos u$s 315 M.

Así las cosas, qué se propusieron: acercar propuestas en vez de protestas. Transformarse en redes de valor, donde “lo importante son los vínculos de los actores. Cuando se rompe uno, la red sigue funcionando, a diferencia de lo que ocurre con una cadena. Por eso debemos ser el cerebro, estar conectados, poner sensores en el mercado e integrar la cadena de valor, la de los conocimientos y la tecnológica”, enfatizaba Rodrigo.

Empezó en el girasol y seguramente irá sumando otros actores. Porque ya es tiempo de comenzar a pensar de otra forma para empezar a resolver las cuestiones de siempre. Ser parte de la solución, no del problema.

Daniel Díaz | ddiaz@infocampo.com.ar

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