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¿Qué pasa con la aprobación de los híbridos de maíz Bt más RR?

Hoy, un productor argentino puede optar por sembrar, además de un convencional (no transgénico), un híbrido de maíz resistente al herbicida glifosato (RR) o uno resistente a insectos (Bt). Pero no puede elegir uno que tenga ambas resistencias. Lo curioso es que en la naturaleza, el grano de polen de un híbrido Bt puede fecundar... Read more »

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Hoy, un productor argentino puede optar por sembrar, además de un convencional (no transgénico), un híbrido de maíz resistente al herbicida glifosato (RR) o uno resistente a insectos (Bt). Pero no puede elegir uno que tenga ambas resistencias.

Lo curioso es que en la naturaleza, el grano de polen de un híbrido Bt puede fecundar la espiga de uno RR, de tal manera que en el grano aparezcan los dos eventos simultáneamente.

Y esos granos viajan al mundo entero sin que hasta ahora hayan causado problemas comerciales.

Es más. Hay quien asegura que en la práctica es imposible distinguir si el grano de un maíz tiene Bt y RR porque se cruzaron o porque venían de un híbrido que contenía los dos eventos.

¿A qué viene todo esto?

Nuestro país ha aprobado, en forma separada, dos eventos de resistencia a glifosato, el NK603 y el GA21, y dos de resistencia a insectos, el MON810 y el BT11.

Hoy las empresas están en condiciones de ofrecer al mercado híbridos que contengan las dos resistencias. Monsanto por ejemplo puede ofrecer materiales con los genes NK603 y MON 810, mientras que Syngenta puede hacer lo mismo apilando los eventos GA21 y BT11.

Durante la gestión del ex secretario Miguel Campos se rompió la denominada política espejo, cuando se aprobó el evento GA21.

Esta política consistía en liberar localmente sólo lo que aprobaba la Unión Europea, para no perjudicar la comercialización del maíz argentino en ese mercado.

El gobierno del ex presidente Fernando de la Rúa llevó adelante esta política, lo que significó una moratoria de facto para la biotecnología local.

En tanto, los agricultores estadounidenses siguieron accediendo y en forma creciente a una oferta más variada en materiales transgénicos.

La industria semillera estima que los híbridos apilados o stackeados Bt + RR dispararán la demanda, al ser una tecnología sumamente amigable con la producción.

De hecho, tanto Syngenta como Monsanto tienen producción lista para entregar a los chacareros, en el orden de las 50.000 bolsas cada una (aunque algo menor en Syngenta).

Desde hace tiempo, ambas compañías le están pidiendo al secretario Javier de Urquiza que autorice la comercialización y producción de semilla de maíz Bt más RR, cuestión que se vuelve crucial cuando falta menos de un mes para la siembra.

La semana pasada se realizó una reunión en la sede de la cartera agrícola, presidida por el director de Mercados Agroalimentarios, Gerardo Petri, cuya área es la responsable de realizar el tercer informe necesario para la liberación de un nuevo transgénico NK603 x MON810.

Los otros dos informes son realizados por la Comisión Nacional de Biotecnología y el Senasa, y tienen que ver con la bioseguridad y la seguridad alimentaria.

La dirección que comanda Petri debe expedirse sobre los temas comerciales, es decir si autorizar estos híbridos podría perjudicar las colocaciones del cereal en el exterior.

La situación es compleja desde varias aristas:

a) El argumento lógico es que si la UE los tiene aprobados por separado y no se puede distinguir entre un cruzamiento a campo de un doble transgénico, no habría razón para no aprobar.

b) Las empresas tienen que programar la producción de semilla para la campaña 2008/09. Si no está aprobado el stack, tendrán que esperar hasta el año que viene para sembrar los parentales (los padres del híbrido), con lo cual se pierde un año. La opción de producirlos en contraestación (en Hawaii, por ejemplo) es más costosa y además la semilla llega muy sobre la fecha de siembra.

c) Qué sucederá con el stack GA21 Bt11. La situación hoy es que el primero no está liberado completamente en la UE, pero se espera que ocurra muy pronto. No obstante, en nuestro país, el maíz GA21 está autorizado bajo ciertas condiciones. Se podría, en el peor de los casos, seguir el mismo criterio con el stack.

Pero hay quien sostiene que esto fue lo que ocurrió en los 90, con el primer maíz RR, y que terminó derivando en la multiplicación de los hijos del híbrido hasta llegar a los recientes “genes de la banquina”.

Por estos días, los involucrados (productores, comercializadores, semilleros) se están expidiendo puntualmente sobre el stack de Monsanto y se espera que la decisión de la Sagpya sea inminente.

Pero la cuestión de fondo es si seguir atando la oferta tecnológica a la política de la Unión Europea o desarrollar una estrategia de emancipación, que permita el acceso de los productores a una variada y segura tecnología.

Javier Preciado Patiño

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