Publicidad Cerrar X

Logró que su hijo caminara con equinoterapia y ahora trabaja para “cambiar vidas” gracias a los caballos

Elena Cataldi Fleming es la nueva protagonista de ELLAS. Cuenta su historia y la de su hijo 'Panchi': cómo la equinoterapia ayudó a su recuperación, el trabajo que está haciendo para potenciar esta actividad y por qué estos animales "cambian vidas".

Juan Martínez Dodda
Por Juan
Martínez Dodda

 “Cuando voy arriba del caballo mi sensación es de plenitud, de poder, de libertad, soy una eterna agradecida a lo que los caballos han hecho y hacen por mí y por otras personas, incluso mi hijo, ´Panchi´, que pudo, contra los pronósticos médicos, caminar”.

Así emociona, relata y vive su relación con los caballos Elena Cataldi Fleming, una salteña, nacida en un medio rural que se encontró con la equinoterapia con su hijo Francisco, quien necesitó rehabilitación, y lo hizo con caballos. .

Técnica en Producción Agropecuaria, Elena estaba radicada en Azul (Buenos Aires) cuando dio a luz a ‘Panchi’, su tercer hijo. “A los dos meses tuvo un paro respiratorio que le dejó secuelas neurológicas, los médicos decían que iba a estar toda su vida en una silla de ruedas, incluso, no sabían si iba a tener control cefálico, pero, nos recomendaron que lo subieramos al caballo”, cuenta Elena.

Elena (tercera desde la izquierda), junto a sus tres hijos

Francisco tenía tres meses, ellos se habían criado entre caballos y todos sus otros hijos, incluso, habían cabalgado casi al mismo tiempo que empezaban a caminar. Y probó. Hoy ‘Panchi’ camina, cabalga, hace su vida.

Por todo esto, Elena es la nueva protagonista de la serie de podcasts ELLAS: su historia, su experiencia con los caballos “mágicos”, el antes y después de ‘Panchi”, y cómo está trabajando hoy en la Fundación Del Azul y la Red Argentina de Equinoterapia.

– ¿Dónde naciste, cómo fue tu vínculo con el campo y la ruralidad de niña?
– Nací en Salta capital, pero en una familia de campo. Nos hemos criado en el departamento de Cerrillos, donde está la finca que se llama “Ojo de Agua” y Lesser, entre cerros y ríos, un paisaje lindísimo, somos privilegiados por vivir acá. Mi familia tenía tambo de toda la vida desde hace varias generaciones, mi papá, mi abuela, gente muy amante de los animales y de los caballos en especial y eso me lo transmitieron. Mi papá se encargó de transmitir este legado y amor por los caballos. Somos seis hermanos, yo soy la cuarta. A todos nos gusta muchísimo. Pero mi relación con los caballos se resignificó cuando nació Francisco, “Panchi”.

– ¿Cómo era hasta entonces?
– Lo de cualquiera que vive en el campo. Era mi medio de transporte, de chica iba y venía hacia el lugar donde estaba la movida a caballo. Era mi hobbie. Hice deporte a caballo, hacíamos pruebas de rienda. Esa es una zona donde se hacen travesías también, hay muchos cerros, vivimos al pie de la cordillera de los andes, tenemos muy por costumbre agarrar caballos e irnos 3, 4, 5 días cuando se puede. Aún hoy lo sigo haciendo, me apasiona. Pero los caballos resignificaron mi vida cuando nació Francisco.

Elena montando un caballo de niña, cuando iba a los desfiles en homenaje a Güemes

– ¿Qué sensaciones te transmiten los caballos? ¿Qué recuerdos tenés desde la niñez?
– Los caballos fueron algo importantísimo siempre en mi vida. Si cierro los ojos, desde chica y al día de hoy me sigue pasando lo mismo, me despierto pensando en caballos y me acuesto pensando en caballos. Todo el día proyecto futuros planes con caballos. Desde muy chiquita, esperaba que lleguen las fechas importantes con caballos, que eran el desfile del 17 de junio, que es la fiesta de Güemes, que para los salteños es muy importante. El 20 de febrero que es el desfile que se hace por la batalla de Salta. La Rural. En el verano nos la pasábamos arriba del caballo desde que nos levantábamos hasta que nos íbamos a dormir. Literal. Para mi cumpleaños pedía siempre algo que tuviera que ver con los caballos. Para los 15 no quise hacer fiesta, pedí un caballo. Siempre estuvieron muy presentes. Y si cierro los ojos, y te digo sensaciones me dan, la primer palabra que se me viene es libertad. El estar arriba del caballo por algún motivo genera además de bienestar y alegría, libertad. Yo me siento plena arriba del caballo.

– ¿Y hoy?
– Hoy soy miembro de muchas actividades que tienen que ver con el caballo. Soy presidente de la comisión de marchas y cabalgatas de la Asociación Argentina de Criadores de Caballos Criollos, soy miembro de la cámara nacional de la industria equina, presidente de la Fundación de Equinoterapia el Azul, miembro fundador de la Red Argentina de Equinoterapia… los caballos me llenan mucho mi tiempo no sólo en estar con ellos y cuidarlos y trabajar con ellos para mejorar la calidad de vida de muchas personas, pero además en todos mis proyectos están ellos.

LOS CABALLOS Y LA REHABILITACIÓN DE SU HIJO

– Contame de cuando nació Panchi y cómo esa “resignificación” que tuviste con los caballos…
– Siempre fueron una pasión. Pero cuando pasaron a ser un instrumento de trabajo para la rehabilitación de mi hijo cambió mi vida. Panchi tuvo un diagnóstico de parálisis cerebral a causa de un daño neurológico importantísimo, adquirido por un paro respiratorio que tuvo a los dos meses de nacer. Yo vivía en el campo, en ese momento en la provincia de Buenos Aires, en Azul (N de la R: de allí el nombre de la Fundación que actualmente preside), en un establecimiento rural ganadero, dedicado a la cría de caballos criollos también, y cuando nació Francisco y nos vamos con el panorama de sus secuelas neurológicas comencé a viajar todas las semanas al Fleni, en Buenos Aires, para rehabilitación. Y allí me empezaron a hablar de los beneficios terapéuticos de los caballos, los cuales desconocía por completo.

– ¿Cuáles son?
– Yo sabía que para mí era terapéutico andar a caballo, que me hacía bien. Pero ahora sé por qué a todos nos encanta andar a caballo. Se liberan endorfinas, hay un montón de cosas que pasan cuando uno está en contacto con el caballo. Los médicos del Fleni me decían “subilo”, y Panchi tenía tres meses. Mirá que mis otros hijos, casi que habían aprendido a andar a caballo al mismo tiempo que empezaron a caminar. Pero tres meses me parecía muy chiquito. Y me explicaban los beneficios motores que tiene el movimiento del caballo, el tiempo y el espacio… Y empecé a instruirme a estudiar cómo era que andar a caballo podía ayudar a mi hijo. Empecé a ir de voluntaria a centros en distintas partes de la provincia de Buenos Aires, para ayudar a Fran todo lo que podía. Así empecé.

– ¿Cómo fue la rehabilitación con Fran? ¿Qué cambios notaste?
– Cuando Panchi cumplió 5 años, que fue un momento muy determinante en mi vida, me hicieron la devolución anual en el Fleni. Y ellos me dijeron que estaban muy sorprendidos con su evolución y que no coincidía cómo estaba él clínicamente, con su estudio neurológico. Si uno ve la resonancia nunca te podrías imaginar que es este chico que camina, anda a caballo, hace un montón de cosas. El panorama era que estuviera en silla de ruedas y que ni siquiera tuviese control cefálico. Y dijeron que para ellos tenía mucho que ver haberlo hecho andar a caballo desde tan chiquito. Ese día, fue el día que cambió mi vida. Me marco el camino de vida, lo torció. Yo venía dedicada a las tareas rurales pero de repente me agarró una sensación tan fuerte de agradecimiento a los caballos, que me habían dado tanto, además le cambiaron el pronóstico a Francisco, que iba a andar en silla de ruedas toda su vida y camina. Y esa alegría vino con una necesidad profunda de devolver esto. La gente tiene que saber que esta terapia funciona, que cambia vidas. Yo vivía en el campo y los caballos eran un elemento cercano para mí, pero mucha gente no lo tiene. Ahí empecé con la idea de formar la Fundación de Equinoterapia el Azul. Que se lanzó en pocos meses.

Panchi, de niño junto a uno de los caballos con que hizo su rehabilitación

– ¿Cómo comenzó esa iniciativa?
– Al principio tenía un poco de miedo. Yo soy técnica en producción agropecuaria. No tenía idea. En mi familia no había nadie antes de Francisco con ninguna discapacidad. Con lo cual era totalmente desconocido para mí. Tenía temor de meterme y no hacer las cosas bien. Pero mi hermana, un día me tiró la frase indicada y me dijo: “Vos no tenés que saber todo, hay que buscar quien sabe, y armar un equipo”. Y Así fue, cuando pude sacarme el miedo las personas llegaron solas, los terapeutas, el equipo, los médicos de la red pediátrica de Azul que nos ayudaron mucho.

– ¿Qué recordás desde que empezaste en el mundo de la equinoterapia?
– Por ejemplo, chicos que se ríen por primera vez. Un chiquito con autismo que no se había reído nunca. La verdad que para mí fue muy impactante. La sensación de poder ser el mediador de que estas cosas sucedan. La emoción y las lágrimas de los padres, la risa de los chicos porque estaban arriba del caballo. Todo eso me marcó, que me tenía que dedicar a esto. En 2005 arrancamos con la Fundación, y en 2008 nos volvimos con mi familia a Salta. Los salteños somos muy arraigados, yo digo que somos muy volvedores. Y armé un equipo nuevo de trabajo. Ya no dudé de seguir con esta actividad que me llenaba el alma.

– Soy papá de un niño con discapacidad, hace un tiempo mi mujer me dijo que quería que Donato empezara equinoterapia y la conexión fue fantástica. Yo siento que ellos arriba de los caballos son superhéroes, pasan de ser Clark Kent a Súperman, de Peter Parker al Hombre Araña, o Diana Prince a la Mujer Maravilla. ¿Qué efecto causa en ellos? ¿Qué ves que les pasa a los chicos arriba del caballo?
– Yo lo que veo es eso que siempre supe que me pasaba a mí, pero cuando uno lo ve en otras personas, y sobre todo cuando lo ves en personas que están con alguna desventaja, con alguna discapacidad o área comprometida de su desarrollo, es mayor. El caballo pasa a ser las piernas del que no puede caminar, los ojos del que no puede ver, pasa a ser la extensión de cada uno. Y de repente un chico que tiene una dificultad motora puede ir al trote y puede ir donde quiere sin la silla.

– Puede sentir el viento en la cara…
– El viento en la cara, la altura, todo lo que sucede a partir del contacto con el caballo. Hay algo que pasa que es ancestral ese vínculo de las personas con los caballos. Viene de épocas remotas. Ya Hipócrates (N de la R: griego, uno de los fundadores de la anatomía en el siglo IV antes de Cristo) hablaba de los beneficios de montar. Algo pasa cuando las personas están frente a un caballo. Da sensación de poder, y eso eleva la autoestima. Para una persona, manejar un animal de 400 kilos, para un chico que le cuesta a lo mejor desplazarse y puede hacerlo con un caballo que le hace caso manejando una rienda o haciéndole un sonido. Eso ayuda muchísimo a su autoestima. Uno de los principios de la autoestima.

LA EQUINOTERAPIA Y LA NECESIDAD DE UNA LEY

– ¿Qué otros beneficios ofrece la equinoterapia?
– Los motores, porque ese andar que tiene el caballo genera el movimiento tridimensional que es con el único animal que sucede. Cuando uno va a horcajadas, te hace mover los mismos músculos y articulaciones como si estuvieses caminando. Para una persona que no camina o no lo hace correctamente está recibiendo esos impulsos en la pelvis que impactan a nivel neurológico. Y ayuda mucho a mejorar el equilibrio. Además te permite regular el tono muscular: para los que lo tienen alto, cuando va al paso te ayuda a bajar el tono; y para las personas que tienen tono bajo, cuando va al trote te hace elevar el tono. Tiene un montón de efectos este movimiento tridimensional que te hace mover en tres dimensiones: de arriba hacia abajo; hacia los costados y adelante y atrás. Ese movimiento es increíble lo que ayuda en la rehabilitación motora. Los kinesiólogos en un rolo pueden hacer una o dos dimensiones, pero no las tres. Por eso el caballo es un instrumento increíble para rehabilitación.

– Además, los chicos o cualquier persona que tenga que rehabilitarse arriba del caballo lo hace más a gusto…
– Sí, la motivación que genera ir a caballo es increíble. Al aire libre, en contacto con la naturaleza. Haciendo un juego. Te permite disfrazar los objetivos terapéuticos la equinoterapia. Jugando se logran los objetivos, casi sin darse cuenta. La motivación es increíble y fundamental y acá la tienen. La equinoterapia es un camino de ida. Nunca me imaginé que iba a terminar dedicada al mundo de la rehabilitación, que no era mi mundo, que eran el campo y los caballos. Hoy siguen siendo eso pero los caballos desde otro lugar, como mediadores para mejorar la calidad de vida de las personas.

– ¿Cuán cerca o lejos estamos de la sanción de una Ley Nacional de Equinoterapia que permitiría, entre otras cosas, que las obras sociales cubran el acceso a esta terapia ecuestre y así más personas podrían acceder a ella, porque es una terapia onerosa dado que incluye al caballo, y, al menos dos personas?
– Hace muchos años que venimos trabajando para que se trate. Tenemos un proyecto de ley que elaboramos junto con otros centros de todo el país con los que hemos conformado la Red Argentina de Equinoterapia, somos alrededor de 240 centros de todo el país. Comunicados y trabajando de manera articulada. Armamos un proyecto minuciosamente, junto con una diputada nacional de Entre Ríos (N de la R: Diputada Gabriela Lena, de la UCR, Juntos por el Cambio), tiene estado parlamentario pero no logramos que entre en agenda y se trate.

– ¿Por qué sería importante?
– Estamos hablando de personas que están en una situación de vulnerabilidad y lo necesitan. No sólo personas con discapacidad sino también personas con problemas emocionales u otras condiciones. El motivo por el cual necesitamos que se trate la ley es por un lado que esté nomenclada, incluida dentro de las prestaciones médicas obligatorias para personas que lo necesiten, que sea considerada una terapia más, que usa el caballo como instrumento, para eso tiene que haber un equipo de profesionales de la salud, de la educación, del área ecuestre, los animales tienen que tener todos los cuidados sanitarios, el equipamiento y las instalaciones. Es muy caro poner en marcha una sesión de equinoterapia, mantener caballos es caro y se necesita mucha gente. En algunos pacientes de a dos y otros de a tres. Uno que lleva el caballo, otro que acompaña al paciente y un tercero que va haciendo los juegos y estímulos.

– ¿Y hoy cómo hacen, al menos en el caso de ustedes que son una fundación para bancarse?
– Y… tenemos una parte que organiza eventos, inventando cosas para generar fondos, para sostenernos, porque no hay manera. Además que la gran mayoría de los que estamos en esto somos fundaciones. Atrás hay mucha gente con mucho altruismo que quiere que esto suceda, que los chicos puedan acceder. Además tenemos becas, tenemos voluntarios, también gratis en algún caso. Se hace difícil de sostener. Queremos dedicarnos a hacer equinoterapia y no tener que hacer millones de cosas para sostener nuestros centros.

– También la ley tiene que ver con regularizar la actividad, ¿No?
– Si, claro. Ese es el otro aspecto. Estamos pidiendo que nos controlen. Queremos que se haga con seriedad. Porque como en todo lo que pasa es que empiezan a surgir algunos lugares donde no se trabaja con la capacitación o los animales no están bien, o no hay terapeutas. Nos aflige que no se hagan bien las cosas. Es fundamental que haya personal idóneo y animales bien cuidados. Entonces, queremos que haya organismos de control que habiliten los centros y se trabaje con seriedad porque puede haber buenas intensiones pero sin gente idónea se pueden hacer las cosas mal.

– ¿Qué falta concretamente?
– Ojalá entre en agenda. La próxima es cuando se retome todo, en marzo. Ojalá que nos escuchen. Estamos haciendo mucha fuerza de distintas formas, charlando con legisladores, hicimos campañas, actividades, para que el proyecto que presentamos en 2020 entre al recinto y se discuta. A veces duele porque uno ve que se tratan temas de menor relevancia o que impactan sobre menos personas. Hay muchas personas a las que la cambiaría la vida poder asistir a equinoterapia. Yo puedo dar fe, soy madre de una persona a la que le cambió la vida. Somos 10 las provincias que tenemos leyes provinciales, ojalá haya más, eso nos da como esperanza que pueda empujar hacia una ley nacional. No perdemos las esperanzas y el optimismo.

FUERA DEL SURCO

– ¿Si tuvieras que elegir un tema musical, cuál y por qué?
– El primer tema que se me viene a la cabeza es uno que elegimos para acompañarnos mucho en lo que hacemos, se llama “Porque vale la pena” y la versión que me gusta es una que canta el conjunto de mi hermana, se llama Verde Trébol. En la letra dice “Porque vale la pena, caminar a tu lado”, y tiene mucho de significativo para nuestra actividad, no sólo en lo figurativo, de acompañar a crecer, sino caminar al lado del caballo. Estamos en un país que hay que pelearla mucho cuando tenés un hijo con discapacidad, para que la obra social te cubra una terapia o para que lo incluyan en un colegio. Hemos avanzado un montón, yo soy de mirar el medio vaso lleno, me dicen que soy “patológicamente optimista”, hemos mejorado muchísimo, hoy las personas con discapacidad tienen un lugar ganado, hay otra mirada, pero soy consiente que falta un montón por hacer en cuanto a la inclusión y los derechos de las personas con discapacidad.

– ¿Hay alguna actividad en la que busques resetearte de las cuestiones cotidianas, reactivarte para volver a empezar o pensar los temas desde otro ángulo?
– Como te decía, me acuesto y despierto pensando en caballos. Y todos mis proyectos tienen caballos. ¿Qué me resetea? Hacer travesías a caballo me resetea el cerebro. No hay nada que me conecte más, con lo más profundo de mi ser, con lo que me gusta y apasiona que conectarme de verdad con la naturaleza. Nos lleva a lugares impensados, el interior de uno mismo, que en la diaria cuesta por el ritmo de vida que tenemos. Tengo la suerte de poder viajar por el país, con esto de que estoy a cargo de la Comisión de marchas y cabalgatas de la Asociación de Criadores de Caballos Criollos. Tengo la feliz tarea de elegir los lugares por los que vamos a hacer las cabalgatas cada año. Vamos gente de todo el país, somos como 200 jinetes. Además de estar con uno mismo te permite conocer paisajes fantásticos de este país hermoso, y a las personas. Me da muchísima felicidad conocer gente de campo de distintas regiones. Pensar en un próximo sendero a caballo me genera muchísima ilusión.

– ¿Una mujer que haya sido o sea tu inspiración o que admires?
– Sin lugar a dudas, mi abuela, María Julia Solá, fue una mujer muy inspiradora, falleció hace ya 30 años, muy emprendedora, muy moderna para la época, en una época en la que las mujeres no salían de su rol de ama de casa, más en una provincia tan conservadora como Salta. Mi abuela manejaba, andaba de pantalones, fue miembro fundador de Cosalta, una importante cooperativa de tamberos de acá, fundó la escuela de música, medalla de oro de piano. Recién me preguntabas por la música en mi vida, la música es otra área que en mi familia tenemos todos muy incorporadas. Yo toco la guitarra, mi abuela era pianista, mi papá cantaba lindísimo, todos mis hermanos y hermanas cantamos. Fundó también el Sporting, un club de deportes, hizo una escuela rural en la finca nuestra que sigue existiendo. Siempre la admiré mucho, me inculcó mucho la solidaridad, esto de mirar al otro, el comprometerse, no quedarse ni que te limiten.

– Imaginate que tenés frente tuyo uno de tus caballos más queridos, de los de hoy o alguno que ya no esté. ¿Qué le dirías como forma de agradecimiento por lo que haya hecho por Panchi y por otros chicos?
– Lo primero que se me viene a la cabeza es decirles un gracias enorme, por hacernos la vida más linda. Por su nobleza, por esa sensibilidad. A todos los caballos los quiero un montón, pero si pienso en uno, un criollo rosillo, Café el Tata, súper especial en nuestras vidas. Fue un caballo que le regaló el abuelo de mis hijos a Panchi. Después fue el primer caballo de la Fundación. Fue el caballo más manso y noble que vi en mi vida que marcó a todos. Y por suerte, se lo pude agradecer, cuando ya de viejito, con 35 años, falleció hace tres años. Uno de los eslogan de nuestra fundación es “Con caballos es mejor”, y vaya que sí lo es.

– ¿Y alguna frase de cabecera o algo que quieras dejarnos para seguir pensando?
– Una que no sé si digo tanto pero sí que está y resuena dentro mío que es “No hay que darse por vencido, ni aún vencido”. A mí me guía mucho en mi espíritu de meterle para adelante. Tengo una vida lindísima pero no ha sido siempre color de rosas.

MUJERES EN CAMPAÑA

“ELLAS” es una serie de podcasts realizados por Infocampo con mujeres de campo que inspiran por su historia emprendedora, y que cuenta con el acompañamiento de “Mujeres en Campaña”, una iniciativa de New Holland Agriculture que ya tiene un camino recorrido y embajadoras de distintos lugares del país.

La Iniciativa Mujeres en Campaña (MEC) surgió cuando comenzamos a notar que existen muchas mujeres involucradas en el campo con grandes capacidades y que todas teníamos algo en común: la necesidad de compartir experiencias vinculadas al campo y al trabajo rural, nuestro principal objetivo es visibilizar el rol de la mujer rural en cualquiera de sus tareas sea como cliente o como una referente para el sector”, señaló Roxana López, referente de Marketing New Holland Argentina.

Desde “Mujeres en Campaña” desarrollaron el concepto de “embajadoras” que permite conocer un poco más de cada una en su rubro y, a su vez, difundir cómo trabajan y cómo se sienten.

El objetivo de este maridaje entre ELLAS y Mujeres en Campaña es llegar a mujeres de distintas edades y distintas zonas geográficas. “Nos enorgullece cuando un padre nos comenta que le recomendó a su hija inscribirse en nuestra plataforma para capacitarse y realizar algún curso de los que ofrecemos”, agregó López.

Desde la plataforma de MEC, se puede acceder a capacitaciones, foros, talleres, entrevistas y contenido de interés, además, cuenta con una Feria de Emprendedoras para dar a conocer los proyectos que lideran las seguidoras.

Temas relacionados: