Graciela Fernández Meijide, símbolo de la lucha por los derechos humanos, madre de Pablo, desaparecido en 1976, política y hoy escritora de su historia, registró en El Diálogo, una larga conversación plagada de puntos de vista diferentes, coincidencias y reflexión, con Héctor Ricardo Leis, recordado como el militante de Montoneros que pidió perdón públicamente por haberse levantado en armas entre 1973 y 1976. Leis falleció en Florianópolis el año pasado.
– ¿Cómo surgió El Diálogo?-Yo tenía una relación con Héctor a través de email, teníamos amigos en común. En el primer contacto me contesta que habíamos nacido en el mismo barrio y habíamos vivido en la misma manzana en Avellaneda, y que mi viejo que era médico, había sido médico de su familia, y
quedé corrida de eje. Un día le dije que cuando viniera a Buenos Aires me gustaría encontrarlo, me contó que no podía viajar y ahí me entero que padecía de ELA, y le sugiero que hablemos por Skype y ahí empezamos a escribir y a vernos, nos hicimos muy amigos. Pablo (Avelluto) un día me dice vamos para allá, a Florianópolis, donde vivía Héctor, y llevamos un equipo de cine. No sabíamos si iba a aguantar y si iba a aceptar. Hicimos seis días de filmación. Para él fue una inyección de vida y para nosotros, apasionante. – Para Usted, ¿quién era Héctor Leis?- Era un muchacho que venía de Avellaneda y se jactaba de eso, él fue primero del Partido Comunista, después al Peronismo y luego ingresó en Montoneros, como pasaba siempre, detrás de un ideal y de una necesidad de ser alguien y trascender, que es lo que te dicen muchos que te explican su época. – El Diálogo es atravesado, sin embargo, por el silencio. El silencio de los militares que no revelan datos que acerquen a la verdad
y también de la cúpula de Montoneros
– Ahí hay un matiz, Leis era montonero, y otra gente, como Pilar Calveiro y otros que fueron montoneros, han hecho revisión de su pasado. En cambio, no hizo autocrítica la cúpula. También hay que señalar que si decimos que los militares a la cabeza podían dar una orden, pero era una cuestión ética debajo de cumplirla o no, lo mismo pasaba con Montoneros. Tampoco hubo autocrítica por parte de Juan Gelman o Miguel Bonasso, aunque sí la hicieron Oscar del Barco o Toto Schmucler. Igualmente, el gran silencio aún está en las fuerzas de seguridad. No se animan, no pueden, no quieren. En la presentación del libro, Matilde (Ollier) me interpeló: “Vos decís que no podés perdonar en nombre de tu hijo porque la víctima fue él y vos no podés perdonar con eso. Vos madre de un desaparecido”. A lo que respondí que es muy posible que yo esconda detrás de la responsabilidad de perdonar por mi hijo mi propio no deseo de perdonar. Al mismo tiempo, nadie me dijo, “le pido perdón, señora”.- En el libro explica el tema del arrepentimiento y la reparación
- El arrepentimiento no sirve para nada y esto lo dijo muy bien Baruch Spinoza, porque con el arrepentimiento vos no cambiás lo que fue, no alcanza, lo único que te sirve es la voluntad de no volver a hacerlo y la voluntad de reparar. Esto es lo que hace Héctor, cuando llora y piensa en los chicos muy jóvenes de 17 ó 18 años que fueron mandados, y había esa irresponsabilidad, él piensa cómo reparar eso y lo hace diciendo que eso fue una porquería. Arrepentirse es equivalente a sacar el retrato de Videla, no te cambia lo que hizo Videla.- ¿Por qué después de tantos años y con una conciencia de lo que pasó mucho mayor no se rompe ese pacto de silencio militar?- Imagino que para muchos de ellos, con estructuras más rígidas de pensamiento, admitir que cometieron tantas tropelías y estaban equivocados, les debe producir la sensación de un quebranto psíquico.- Sería reparador
- Sería… Hay otra cuestión que es objetiva, cuando se hicieron las leyes y el indulto, que amnistiaron, apareció Scilingo y dijo lo que quería decir y lo estimuló Horacio Verbitsky hasta con un libro. Eso frenó en seco cualquier idea de aportar a la verdad, y mucho más cuando se reinician los juicios y no se cambia la estructura del juicio, y peor aún que en lugar de hacerse juicio por centros clandestinos, hacen juicio caso por caso, con lo cual un militar acusado por distintos casos en La Perla, en Córdoba, acumula 350 años de condena. Si se hubiese modificado, como reclamamos tanto Claudio Tamburrini (que escapó de la mansión Seré) como yo, para que aquellos que den información que permita encontrar hijos de desaparecidos entregados o fosas comunes, y es información fidedigna, puedan tener rebaja de condena, eso le serviría a los que están juzgados ahora, no a la cúpula, porque la cúpula, salvo Menéndez, ninguna le pegó un tiro a nadie. Los que ejecutaban o mandaban a ejecutar eran los tipos que están siendo juzgados ahora, que tendrán entre 60 y 62 años hoy.- Este endiosamiento de la generación de los 70, también fue funcional políticamente
- Como decía Carlos Marx, la primera vez es tragedia y la segunda es farsa. Te imaginás que Montoneros, ERP y ellos, sobre todo Montoneros, que tenían mucho trabajo de inserción social, hasta ponían guita de sus bolsillos porque eran todos de clase media y clase media alta. Estos de acá cobran para trabajar, y a ninguno lo ves trabajando en alguna tarea que tenga algo que ver con un desarrollo político abajo. Si lo hacen van y regalan heladeras cuando están por disputar para ver si ganan, en el más puro y berreta punterismo.- ¿Como sucedió con La Cámpora en las elecciones de la Villa 31?- Claro, y donde me quede cómodo y cerca de casa, además. Si uno quiere rescatar algo de aquella época fue la entrega sin condiciones, acá creen en serio que están haciendo política porque cada tanto los llaman para llenar un patio, sacudir banderas y después se van a sus casas. Esa es la gran falsedad de hacerles creer a los chicos que hacer política es eso.- ¿Cómo cree que sigue después del 10 de diciembre el reclamo y la defensa de los Derechos Humanos desde el Estado?- Este Gobierno, que hizo del tema de los Derechos Humanos, simbólicamente, su tema, se quedó exclusivamente en lo que son los hechos del terrorismo de Estado. Los temas económicos y sociales son los que te dan cuenta del tercio que esta fuera de la sociedad, ahí es donde tienen un agujero y la máxima contradicción, con una Presidenta que no se pone un mismo vestido dos veces. Vos me dirás que tiene derecho a vestirse bien… y no, la Presidenta no tiene derecho a exhibirse así cuando los índices de penuria alimentaria familiar están subiendo en la Argentina. – ¿Y el rol de los organismos como Madres o Abuelas, después del kirchnerismo?- Hoy los organismos de Derechos Humanos, salvo el caso de Abuelas, son una ficción. Aparecieron fuerte hoy las Madres del Dolor, aparecen en las circunstancias en que desde donde deben darse respuestas no se las da. En este caso hablar de Bonafini, ¿qué representación tiene Bonafini y de qué? A mí no me representa y yo soy madre, a la madre de Ledo no la representa y es madre. – Pero Bonafini habla en nombre de las Madres de Plaza de Mayo
- Bonafini ya no le mueve un pelo a nadie, porque, además, hoy el tema de Madres pasó a otras madres, a madres que en democracia no se ven representadas ni atendidas. ¿Quién se está metiendo en las villas donde los narcos están destruyendo casas para que te vayas para que repartan crack?- ¿Por qué la excepción con las Abuelas?- Porque aún tienen algo para recuperar, aún hay suficiente registro, investigación y datos como para que un joven, como le pasó al nieto de Estela, que siente dudas sobre su identidad, pueda ir y reparar. Ahí quedó un tema que no sé cuándo terminará, siempre habrá la sospecha de que quede alguno más.

