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Trump podría ganar en el principal estado productor de soja y maíz de EE.UU

En un año en que otros territorios clave parecen fuera de su alcance, el magnate inmobiliario de Manhattan se encamina a triunfar en Iowa, un símbolo de la ruralidad y la agricultura norteamericana.

03.11.2016
Infocampo
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Con viento en popa en la recta final de la campaña tras una nueva serie de sondeos, el promedio de encuestas del sitio Real Clear Politics muestra a Trump -quien además perdió aquí la interna republicana- 1,4 puntos arriba de Hillary Clinton, su mayor ventaja en un estado clave después de Ohio y Nevada.

Este pequeño estado del Medio Oeste, el principal productor de soja, maíz y etanol de Estados Unidos, pone en juego seis votos electorales, un botín relativamente escaso comparado con otros estados competitivos en este año, pero uno que Trump claramente necesita mucho más que la demócrata Clinton.

Con estados más grandes como Pensilvania, Virginia y Colorado inclinados hacia los demócratas, es improbable que el resultado en Iowa defina una victoria de Clinton.

 Pero para Trump, que tiene un camino más angosto hacia los 270 votos electorales necesarios para ganar la elección, Iowa “podría ser todo”, dijo a Télam el estratega republicano David Kochel, quien trabajó en seis elecciones presidenciales en Iowa y cinco campañas del actual gobernador, Terry Branstad.

Un final reñido aquí reflejaría el carácter competitivo que Iowa ha mostrado en las elecciones presidenciales de por lo menos las últimas tres décadas.

Al Gore ganó en Iowa en 2000 por apenas 4.000 votos. Cuatro años después, el republicano George W. Bush se impuso por unos 10.000 votos. El presidente Barack Obama se llevó el estado con relativa holgura en 2008 y 2012, aunque insumió una intensa campaña en persona y millones de dólares en propaganda.

Pero decir que Clinton y Trump están casi cabeza a cabeza en Iowa sólo porque el estado porta la competitividad en su ADN político, sería perder de vista algunos elementos importantes.

 En primer lugar, la demografía de Iowa favorece a Trump, cuyo mensaje nacionalista y su atractivo para los blancos de clase trabajadora caló hondo aquí entre muchas personas que alguna vez votaron demócrata pero cuyas perspectivas políticas cambiaron marcadamente desde la reelección de Obama.

Iowa es el sexto estado con mayor población blanca de Estados Unidos. De los iowanos registrados para votar en noviembre, el 93% son blancos no hispanos.

Además, sólo el 27% de los votantes de Iowa tiene un título universitario, una proporción muy baja comparada con la de otros estados clave. Este es precisamente el sector del electorado en el que Trump mide mejor.

“Muchos de estos iowanos se sienten económicamente vapuleados por la crisis agrícola y por sus efectos colaterales en la economía local”, dijo Kochel.

“A pesar de su larga historia de voto por los demócratas, se están preparando para un gran cambio” este año, agregó el republicano, quien es profesor en la Universidad de Harvard y fue estratega de la campaña presidencial de Jeb Bush y asesor en las campañas presidenciales de Mitt Romney en 2008 y 2012.

 Trump y su compañero de fórmula, Mike Pence, se lanzaron de inmediato a capitalizar esta oportunidad visitando Iowa casi cada semana desde que el magnate fue nominado como candidato, en julio, y forjando un vínculo sorprendentemente estrecho con la cúpula y el establishment republicano.

De esta forma, mientras que en todos los estados hay bolsones de votantes republicanos que no se sienten atraídos por Trump -especialmente mujeres y gente de altos ingresos que reside en zonas urbanas- en Iowa las bases y el liderazgo republicano se han unido detrás del candidato de una manera única en el país.

El apoyo activo del gobernador Branstad, considerado un republicano moderado, contrasta con el silencio sobre Trump y hasta el rechazo hacia el candidato que se observa entre los gobernadores republicanos de otros estados clave.

El hijo mayor de Branstad, Eric, es además el director de la campaña de Trump en Iowa.
Asimismo, algunos de los más ricos empresarios y terratenientes de Iowa han donado millones de dólares a la campaña del candidato republicano, lo cual se tradujo en una organización de base más robusta y coordinada, algo que Trump logró en pocos estados clave.

Con todos estos puntos a favor, “Iowa se presenta como uno de los pocos estados que fue para los demócratas en 2012 y que este año va a ir para los republicanos”, dijo a Télam el profesor Christopher Larimer, de la cátedra de Ciencias Políticas de la Universidad de Iowa.

@fotoD@ En cuanto a Clinton, pese a la maquinaria electoral de su partido, incluyendo ejércitos de voluntarios que buscan puerta a puerta el voto de los demócratas y no afiliados, no parece haber logrado nunca atraer a los iowanos, y a veces la antipatía parece correspondida por la candidata.

En 2007, en los albores de su primer intento de llegar a la Casa Blanca, se filtró un email de su campaña en el que se discutía una “estrategia para evitar Iowa”.

En 2008, cuando parecía la máxima favorita a ganar la interna demócrata, los iowanos echaron agua helada sobre sus aspiraciones. Terminó tercera, detrás de Obama y del ex senador John Edwards, ambos del ala más progresista del Partido Demócrata.

El estado está dividido en 99 condados, pero más de la mitad del electorado se concentra en 10 de ellos. De esos 10, unos siete son fuertemente demócratas, mientras que los otros 92 son republicanos o se inclinan hacia los republicanos, explicó Larimer.

Así, uno ve a los candidatos republicanos ir a hacer campaña a las zonas más demócratas, porque ahí es donde están los votos, lo cual crea una dinámica política interesante que realza la atmósfera competitiva del estado.

Asimismo, Iowa tiene una profunda cultura y tradición de movilización política, porque inaugura la temporada de internas partidarias con su caucus (asamblea popular).

A nivel local existen numerosas y antiguas agrupaciones políticas de base. En cada condado y en cada distrito de cada condado, la gente tiene una gran conciencia política, y eso también aumenta la atmósfera competitiva de un estado que, este año, Trump parece tener en el fondo de su bolsillo.

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