Rafael Delpech ostenta la triple condición de hombre de campo – está radicado en la zona de Tandil-peronista y ex funcionario público.
Ocupó la titularidad de la cartera de Agricultura durante la gestión de Duhalde como presidente y Lavagna como ministro de Economía.
Entre otras cosas se lo recuerda por haber soportado estoicamente la silbatina y el abucheo (“la gente bien no sabe chiflar”, ironiza fuera de micrófono) en ocasión de la inauguración de la Exposición Rural de Palermo en 2002. “La Sociedad Rural debería pedirle disculpas a Alfonsín, Marcelo Figueras, Felipe Solá y todos los que ofendieron”, dice hoy Delpech. “No se comportan con la caballerosidad que tuvieron sus fundadores”, dispara. Renunció tras ese suceso, después de lo cual volvió a la actividad privada. Pero sus opiniones siguen siendo requeridas en el mundo de la política agropecuaria por su profundo conocimiento del tema.
En esta ocasión, Infocampo conversó con él para conocer su visión sobre este conflicto y de paso preguntarle sobre algunas versiones que habían circulado últimamente.
-Se habla de que estabas con la idea de formar una especie de Unión Agroindustrial Argentina…
-Lo planteé como una idea correlacionada a la visión de un país agroalimentario y agroindustrial. Si esa visión se diera, habría un intercambio entre sectores.
-¿Cómo es la idea?
-Armarlo en la medida que haya intereses y capacidad de acción en común. Si al sector que usa los commodities, como es el de los pollos y cerdos, le conviene más estar en una organización dedicada a los agroalimentos, tal vez empiecen a mirar la cosa de otra manera.
-¿Tuviste algún feedback?
-No, simplemente lo estoy planteando en entrevistas periodísticas. Lo que quiero decir es que en los primeros días del conflicto, la UIA fue a poner la foto en el Gobierno. En ese momento comenzó a hablarse también de dólar más alto y tasas de intereses más bajas.
Eso es conocido, hacer negocios con la inflación y tasas de interés bajas. Pero cuando la cosa se puso complicada y algunos no accedían a los alimentos, hubo un quiebre dentro de la industria y quedó claro que no habría acuerdo del 25 de Mayo o del 9 de Julio si no estaba el sector agropecuario.
-Hablando del conflicto, ¿cómo viste el papel de las entidades rurales?
-Me sorprendió el nivel de conciencia y eficencia en la negociación de las entidades, aun con las desventajas que tienen, como ser organizaciones de abajo hacia arriba y no abarcar todo el universo.
También quedó claro cómo es la historia de cada una: Federación Agraria es la entidad más política, con más práctica política, con más calle. Y después están las deficiencias de las representaciones que son propias del sector; somos poco gregarios, no nos juntamos. Capaz que ahora venga una renovación. Pero el hecho es que los presidentes y vices (de las entidades) han dado mucho más de lo que yo pensaba que podían dar.
-Uno de los fenómenos que surgieron fue el de los autoconvocados, que además pareciera contar con una fuerte presencia de gente relativamente joven.
-Porque es gente que entró al negocio entre el 96 y hasta el 2001 y todos los que entraron ahí se dieron cuenta cómo cambió el negocio y lo bien que les fue (a partir del 2002). A todos los que tienen una edad mediana, 35 a 40 años, les ha ido muy bien (en estos años). Y generalmente la gente se exaspera más cuanto mejor es el negocio. Cuanto menor es el negocio, menor es la capacidad de protesta. Aparecieron nuevos trabajos, nuevas oportunidades y eso los puso en la calle.
-Esta gente de 30 a 40 años tal vez sea diferente a la del ruralismo clásico.
-Absolutamente. Era gente que no estaba ni en la política ni en el gremialismo. Pero apareció un liderazgo nuevo, con gente que tenía vocación y que fueron los que crearon en muchas zonas los autoconvocados. Creo que va a haber dirigentes nuevos con una formación más actualizada y con una visión diferente del negocio. Yo creo que las representaciones de lo que es Carbap, por ejemplo, y otras confederaciones rurales eran muy ganaderas, para decirlo de alguna manera, y lo que mueve la cabeza y los pueblos es la agricultura. Esa es la verdad.
-¿Cómo ves la evolución hacia un partido político, por ejemplo lo que plantea Pampa Sur?
-Yo creo que María del Carmen Alarcón tuvo la virtud y habilidad política de ponerse en un lugar donde no había nadie y lo hizo muy bien. Cuando nadie hablaba, ella habló. Pero hoy son otros tiempos, todos hablan y hasta la gente urbana discute el tema y probablemente tengan que resolver la constitución de un partido e integrar frentes o presentarse en algunos lugares.
-¿Cómo ves el rol de la Secretaría de Agricultura en el conflicto?
-La Secretaría está devastada, no sólo en la cabeza y en que faltan dos subsecretarios, sino que faltan cuadros técnicos.
Cuando el Gobierno toma al Poder Ejecutivo en forma verticalista, donde lo único que importa son los tres o cuatro que mandan y los que ocupan la grilla técnica no son ni siquiera consultados, pasa esto. No sólo no son consultados sino que ni siquiera elevan comentarios que saben que a priori pueden no gustar.
-¿Qué se puede decir del papel de Aacrea y Aapresid?
-Son parte de esta transformación tecnológica del campo y en esta ocasión tuvieron una opinión muy sólida, la dieron a conocer y apoyaron la acción de las entidades gremiales.

