Hace 200 años la sociedad se pronunció por un cambio. Hoy también necesitamos un cambio, un cambio profundo que nos saque de esta situación de vacío moral que nos involucra como dirigentes, como políticos y como parte integrante de la sociedad.
Debemos despertar al ciudadano que tenemos dentro para emprender una tarea imprescindible: poner de pie los valores morales de la nación. Debemos construir entre todos nuestra patria soñada con inclusión, con respeto y con solidaridad.
Tenemos una sociedad rica en sabiduría de los pueblos originarios, a la que se le sumó el laborioso y titánico aporte de la inmigración. Pero tenemos una cultura cada vez más carente de valores, que además se proclaman pero no se practican.
Tenemos un grave problema de exclusión que expulsa y desecha personas del sistema y, lo que es más grave, expulsa a niños.En forma decidida, debemos apostar por la educación, pero no sólo por la educación formal sino que debemos educar en justicia y en solidaridad; debemos educar en valores. Debemos considerar que la educación es la principal política pública que debemos exigir a nuestros políticos.
Nuestra responsabilidad como dirigentes (incluyo aquí a productores, empresarios, políticos, funcionarios, comunicadores, educadores, etc.) debe cuidarse de no caer en el ‘relativismo moral’ o en el pragmatismo donde desaparecen los valores éticos y la verdad.
Es una falacia separar las decisiones entre económicas o éticas; en toda decisión empresarial la ética debe ser considerada en primer término, antes que las implicancias económicas y sociales. No hay decisión empresarial que no implique a personas. Para mejorar como personas debemos tener en cuenta el impacto de nuestras acciones sobre los demás.
Los bienes económicos no son la finalidad del ser humano, son sólo algunos de los medios por los que se puede conseguir el bienestar. El Movimiento Crea hace un llamado muy especial a toda la dirigencia argentina a que asuma la responsabilidad de sus decisiones.
Prioricemos la ética y los valores; prioricemos el bien común y no nos escudemos en los intereses de los accionistas, de la empresa, del partido, de la provincia o de cualquier otro. Debemos actuar rápido. El tren de las oportunidades sigue detenido en la estación de la Argentina.
Pero para subirnos debemos luchar contra la codicia desenfrenada y contra la corrupción que se ampara en la inmoralidad reinante. La Argentina produce alimentos para muchas veces su población, no merece tener el 16% de desnutrición y el 22% de exclusión laboral. En forma simple se puede impulsar un proyecto agroindustrial que nos proyecte a los lugares más avanzados del planeta. Pero para eso los empresarios debemos mostrar el coraje de poner los valores al frente de nuestras acciones.
Usemos el potencial de contagiar las virtudes y que los medios de comunicación retransmitan los hechos a imitar.
Transitar hacia el Bicentenario de nuestra Independencia nos compromete y nos sitúa ante estos desafíos. Lo estamos haciendo y lo podemos lograr.
Vivir es elegir.
Debemos aprender a confiar y a elegir. A confiar en la lógica de la razón y a elegir la sabiduría del corazón. Debemos dirigir con la cabeza y actuar con el corazón.
Artículo publicado en la edición de hoy de Infocampo Semanario

