Especial para Infocampo
Un relevamiento realizado sobre los pedidos de inscripción de nuevos cultivares de soja en 2025, revela que totalizaron 47, contra 39 en 2024, 53 en 2023, 14 en 2022 y 79 en 2021.
Es decir, que el número de variedades solicitadas para su inscripción en el Instituto Naciional de Semillas (INASE) el año pasado se encuentra exactamente en el promedio de los cuatro años previos.
Entre los obtentores, el Grupo Don Mario (GDM) vuelve a marcar el liderazgo con 23 solicitudes, prácticamente la mitad del total.
La otra mitad aparece dispersa entre Seedco, del histórico Guillermo Simone, las estadounidenses Corteva y Stine, la cooperativa ACA, Syngenta, INTA y Limagrain, entre otros.
LAS TECNOLOGÍAS EN SOJA: ¿NUEVAS O VIEJAS?
El primer dato que surge respecto de las tecnologías incorporadas, es que la resistencia al herbicida 2-4D está presente en 25 de las 47 variedades, marcando una dominancia absoluta. En 17 de ellas sola y en otras 8 combinadas con la resistencia a insectos lepidópteros.
Lo llamativo es que la segunda tecnología más presente haya sido RR1, la primera tecnología transgénica autorizada allá por 1996. Aparece en 13 solicitudes de inscripción, en 7 casos sola y en otras 6 junto a la resistencia a sulfonilureas (STS), una tecnología obtenida por mutación; es decir, no transgénica.
El tercer dato interesante es el crecimiento en los registros de sojas no transgénicas, o no OGM. Se inscribieron nueve, tres por el INTA, pero también inscribió GDM y ACA, y otros semilleros de menor escala, pero especializados en mercados de nicho.
La explicación del porqué retornan las sojas convencionales puede ser la oportunidad de negocios con los Estados Unidos. En 2025 se exportaron 142.000 toneladas, 14% por encima de 2024, con una diferencia de precio interesante respecto del que paga China por la soja transgénica.
Por otra parte, el costo del control de malezas, debido a la resistencia a herbicidas, ha encarecido los costos de producción con lo cual ya no hay tanta diferencia entre OGM y no OGM es este punto.
Finalmente, como decíamos, la tecnología STS aparece en al menos ocho cultivares, en combinación con tecnologías transgénicas.
LA SOJA RESISTENTE A DICAMBA SIGUE ESPERANDO
Claramente, en este contexto, la gran ausente es la resistencia al herbicida dicamba, que sí está presente en países competidores de la Argentina en la producción de soja.
También ya se anuncian próximos lanzamientos globales de otras tecnologías, como la resistencia a herbicidas de la familia de las HPPD, que de no ingresar a la Argentina nos seguirán haciendo perder competitividad.
Todo esto se da en el marco en el que es posible que el Gobierno vaya por la aprobación en el Congreso Nacional de la adhesión al convenio UPOV 91, en materia de propiedad intelectual de obtenciones vegetales, e incluso respecto de convenios sobre patentes.

