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En el Chaco Semiárido, miran con desconfianza a La Niña y ponen el ojo en la carga animal

Desde el INTA brindaron una serie de pautas para manejar el rodeo de zonas semiáridas en años de lluvias escasas. El punto de partida es evaluar como se distribuirá la carga animal en el lote.

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En 2024, la producción ganadera atraviesa un escenario de relativa calma en el apartado climático, con lluvias que en los últimos meses permitieron recomponer la disponibilidad forrajera.

Pero más allá de este escenario, en el norte argentino los productores aún conservan la memoria de la feroz sequía que debieron soportar y no bajan la guardia. 

En el caso de la región del Chaco Semiárido, un relevamiento del INTA calculó que se encuentran más del 80% de las vacas de la provincia de Salta.

Y frente a la posibilidad de una nueva temporada seca, conforme los pronósticos que indican el retorno de La Niña en la primavera, los profesionales del organismo brindaron una serie de recomendaciones para que los criadores estén preparados ante posibles eventos de sequía.

LA CARGA ANIMAL EN EL CHACO SEMIÁRIDO

Un dato a tener en cuenta es que en esa zona, la producción bovina de cría no solo tiene un impacto productivo y ambiental. Se trata de la base de la economía de muchas familias rurales y una caída en la actividad también afecta a la tasa de empleo para los pequeños y medianos productores.

Una de las principales recomendaciones del INTA pasa por evaluar la carga animal, en función de la oferta forrajera disponible para enfrentar eventos extremos.

En esta zona, uno de los principales problemas es que la producción de forrajes puede fluctuar hasta un 30 % entre años de precipitaciones normales y de precipitaciones escasas.

“Esto provoca que los sistemas ganaderos extensivos sean altamente sensibles a los eventos de sequía”, advirtió Nicolas Varlamoff, investigador del INTA Salta.

En el caso de las regiones semiáridas, señaló que una de sus principales características es que cuenta con un régimen de lluvias variable en su distribución espacial y temporal.

De ese modo, se perfila como el principal condicionante de la producción de los recursos forrajeros. “El 83 % de la variación en el crecimiento del forraje se explica solo con la precipitación mensual”, señaló. 

EL EFECTO “CASCADA” DE LA SECA

En este marco, cuando la sequía se instala en el esquema ganadero, se produce un derrame que termina de impactar en todo el circuito. En primer término, cae la producción primaria de las pasturas y se reduce la biomasa disponible y luego disminuye el consumo de alimento por la baja oferta.

A partir de ese momento, el tránsito es cuesta abajo. Por la mala calidad del forraje se pierde condición corporal y esto se refleja en una baja performance reproductiva de los vientres, que a su vez impactará en el número de terneros producidos.

Está claro que la carga animal influye de manera directa en la rentabilidad de la empresa, más allá de su ubicación. De este modo, un primer paso -y un gran desafío- es definir cual es una carga adecuada para enfrentar años complicados, pero que genere ganancias cuando las condiciones son mas apropiadas.

“Una de las estrategias a la que pueden recurrir los ganaderos es la utilización de una carga animal conservadora, o baja, que proporcionará mayores ingresos con menos riesgos”, sostuvo Varlamoff.

Y agregó: “En regiones propensas a sequías, los especialistas recomiendan que el rodeo de reproductores represente entre el 50 % y el 70 % de la capacidad total de carga del establecimiento, en base de años con precipitaciones normales”.

Si los productores no fuerzan hasta el límite la carga con el rodeo de vacas, en años secos podrán mantener el número de vientres y sobre todo, no descapitalizarse ni perder la inversión en genética.

Otra estrategia consiste en manejar una carga flexible, conforme a la oferta forrajera existente. “Esta propuesta consiste en mantener una proporción mayor a lo habitual de animales de recría para que actúen como amortiguadores en años secos y generen una carga baja, conservadora y estable de vientres”, señaló. 

Por último, aconsejó que “es recomendable orientar las estrategias de mitigación hacia el uso eficiente del recurso forrajero, adecuando la carga y evitando la compra de alimentos extraprediales o la venta forzada de hacienda”.

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