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En solo tres campañas transformó su campo con fertilización y nanotecnología

Junior Arribas es productor mixto en la localidad bonaerense de Coronel Dorrego. El potencial de su establecimiento dio un giro de 180 grados: recuperó suelos bajos y mejoró sitios aplicando enmiendas y fertilizantes con nanotecnología.

06.07.2021
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La siempre tiene buenas historias productivas para contar. Muchas de ellas sobresalen en las zonas agrícolas marginales, debido a los cambios profundos que pueden significar estratégicas decisiones de manejo. Junior Arribas es español, nacido en Alicante, pero de padres argentinos. Hace doce años llegó a la Argentina. Estudió licenciatura en administración de empresas en Bahía Blanca (Buenos Aires), mientras seguía de cerca el derrotero del establecimiento familiar ganadero de Coronel Dorrego (entre Monte Hermoso y Pehuen Có), al sur de la provincia de Buenos Aires. Sin embargo, en un momento, la coyuntura del campo lo terminó interpelando y llamándolo a decidir.

“Hace cinco años tomé completamente la administración. Dejamos los arrendamientos y nos centramos en las 500 hectáreas propias donde hacíamos ganadería de ciclo completo”, recuerda del planteo que, así como estaba, duró poco ya que Arribas rápidamente se decidió por la transformación.

convirtió su campo a base de fertilización estratégica y nanotecnología

“La baja rentabilidad de un ciclo completo ganadero incidió para que rearmáramos todo el esquema productivo. Empecé por llevar la ganadería hacia las zonas más bajas del campo y practicar agricultura en los mejores ambientes que podía identificar”, cuenta.

Trabajar sobre estos lotes tan heterogéneos del sur bonaerense no fue nada fácil para el productor porque el campo tenía una gran variedad de sitios específicos: suelos con tosca a los 40-50 centímetros de profundidad, napa freática cerca, suelos francos arenosos y limosos, y bajos inundables (salinos y dulces).

La transformación en lo que él realmente quería, es decir un campo agrícola que produjera granos y silaje para sostener una recría y una terminación de animales hecha en feedlot, necesitaba de tecnología de procesos y decisiones estratégicas. Todo parecía lejano, pero llegó más rápido de lo esperado.

Por otra parte, el productor había entendido y decidido avanzar evitando la agricultura apoyada en los insumos tradicionales y en la directa. En otra cuestión también tenía seguridad: quería controlar todo tipo de proceso erosivo.  Luego de enviar las vacas de cría a los ambientes más marginales, empezó haciendo labranza vertical con cinceles, luego reemplazó el cincel por un subsolador y un rolo desterronador.

Se inició, entonces, en el manejo de los cultivos agrícolas sembrando y maíz, buscando siempre resolver los problemas de drenaje que tenía el campo. Sin embargo, en Coronel Dorrego el clima es inclemente debido al corto período libre de heladas y las bajas precipitaciones anuales, por ello estos cultivos no encajan en las rotaciones.

Incorporación de

Su plan de labranza vertical seguía, pero necesitaba de algo más. Tres años después de haber tomado la administración del campo, mientras seguía en el proceso de transformar, conoció los productos de Kioshi Stone, gracias a la recomendación del distribuidor de la zona. “Ya había escuchado de la nanotecnología en el desarrollo de fertilizantes y para nosotros fue una gran solución para manejar volúmenes en baja escala y respetando mis intenciones sustentables de no usar productos de síntesis química”, reconoce.

Con la línea Mist, de Kioshi Stone, comenzó a trabajar químicamente en todos los suelos del campo, en los ambientes heterogéneos, en los inundables que dejaba la ganadería, así como también en los ambientes hacia donde iba la hacienda. Lo primero que se aplicó en todo el campo fue Mist S/Ca-S (sulfato de calcio) a razón de dos litros por hectárea. Hasta ahora, lo viene haciendo antes de la siembra de cada cultivo. “Es contundente el resultado que se observa ya que se borraron por completo los micrositios con sales en superficie de tres a cuatro hectáreas. En esos lugares, ahora, se desarrollan normalmente los cultivos y se puede practicar una rotación”, explica. Esa rotación a la que refiere, ahora se apoya en el doble cultivo y el (granífero y silero) y en las primeras experiencias con leguminosas invernales de cobertura.

Asimismo, teoriza que la combinación de prácticas como la labranza vertical y el encalado, mejoraron el drenaje ya que se fue equilibrando la estructura de los suelos. Por otra parte, esgrime que la estructuración también ayudó al desarrollo y la exploración radicular, al nacimiento parejo de los cultivos, también a la liberación de los nutrientes retenidos, debido a que se reguló el pH por los fertilizantes de Kioshi, la planta está mejor nutrida.

Además de la aplicación estratégica de los correctores en presiembra, Arribas decidió hacer fertilizaciones de base con Mist P y Mist K/Cl, a razón de un litro por hectárea en cebada, y Mist N (dos litros por hectárea) al macollaje. También reconoce que al aplicar Mist VG (vivificante para semillas que porta múltiples nutrientes) hay un mejor nacimiento y establecimiento del stand de plantas de este cereal. Con sorgo también está avanzado en una estrategia integral similar, aplicando una fertilización de base multinutrientes, vivificantes y una nutrición foliar con Mist N.

Transformación radical

Por la integración de decisiones cambió su esquema de campo de cría a manejar lotes agrícolas: 270 hectáreas de cebada (luego vendrá el sorgo); 10 hectáreas de , 60 hectárea de ; 70 hectáreas de bajos que se recuperaron este ciclo y se sembrarán con sorgo y 50 hectáreas que, por ahora, son improductivas.

Asimismo, también cambió el perfil de los rendimientos de este campo. En la cebada, los pisos de rinde son de 25 quintales por hectárea y picos de hasta 52 quintales, en los mejores años de lluvias.  Por su parte, con sorgo consiguen 30 quintales por hectáreas en los graníferos y 29.000 kilos de materia verde en los sileros.

“Los rendimientos van copiando la mejora de los suelos”, afirma Arribas, y el manejo, por su parte, va en la dirección deseada porque logró un campo agrícola mientras construye un feedlot de recría y terminación para 1.000 cabezas, sin vacas de cría. A tiempo, el productor gestó un giro de 180 grados del campo familiar. Una transición que es posible hasta en los ambientes más restrictivos. Arribas lo está consiguiendo y los productos de Kioshi Stone son la principal herramienta aliada.

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