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En Uruguay consideran que es un suicidio comer un lomo que puede exportarse a 30 u$s/kg

Así lo indicó Fernando Pérez Abella, vicepresidente del Instituto Nacional de Carnes del vecino país. "Los clientes un día se pueden enojar y buscar otro abastecedor", advirtió en referencia a las trabas para exportar aplicadas por el gobierno local.

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25.09.2008
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‘Se paga 30.000 dólares la tonelada de lomo. Comerlo sería un suicidio’. Así lo indicó Fernando Pérez Abella, vicepresidente del Instituto Nacional de Carnes de Uruguay (Inac), durante una entrevista publicada hoy en El Federal.

La opinión de Pérez Abella, uno de hacedores de la política ganadera en el vecino país, difiere de manera sustancial de la de sus pares argentinos, quienes consideran que el gobierno debe aplicar desincentivos a la exportación de todos los productos cárnicos bovinos para asegurar el consumo interno.

“Somos un país muy chico y de la pequeñez hicimos una virtud”, indicó Pérez Abella a El Federal. “Está claro que no tenemos mucho volumen, no asustamos a nadie… Pero fuimos los primeros en obtener la certificación USDA en Estados Unidos y el Eurailgap en Europa. Esos atributos fueron consiguiendo la diferenciación. como así también el sistema de cajas negras, que posibilita al productor saber qué está pasando con su faena a todo momento. Son toques de transparencia.

– Eso les permitió ir sumando mercados, como el de Asia…

– Hace ya cuatro años llegamos a China, y por supuesto es un nicho importante. Hay 300 millones de personas que, con mayor poder adquisitivo, empiezan a consumir carnes rojas. Es un mercado tremendo. Nuestra meta ahora ahora es entrar a Japón y Corea, país al que el INAC va a acompañar una misión presidencial de Tabaré Vázquez, con el objetivo de solicitar un análisis de riesgo sanitario y empezar los negocios. Aparte de todo esto, procuramos ya no apuntar sólo al broker, porque después el producto pierde su nombre en el consumo. Un avance para fomentar nuestra marca es el excelente restaurant temático en la Expo Zaragoza, en el que el Gobierno invirtió dinero, y que trabaja con 1.100 cubiertos diarios y media hora de cola espera. Pero, bueno, no descubrimos nada, la Argentina también lo hizo.

– Con esa y otras certezas, ¿qué reflexiones le vienen a la cabeza por lo que ocurre del otro lado de la orilla?

– A veces me acuerdo de Onda, la empresa de ómnibus era una marca registrada de Uruguay. Empezó a entrar tanto en huelga hasta que la gente empezó a elegir otras empresas y al final se terminó fundiendo. Pienso en Argentine Beef y se me paran los pelos, no hay con qué darle. Pero es una pena que no estén vendiendo como deben y temo que se dé una situación parecida a la que mencioné, porque los clientes un día se pueden enojar y buscar otro abastecedor.

– A partir de su experiencia, ¿dónde encuentra el desfasaje entre el sector y el Gobierno argentino?

– En principio veo que el problema tiene que ver con el consumo: hay un 80 por ciento en el mercado interno y el resto de exportación. Con un trabajo desde 1977, hoy nosotros estamos exactamente al revés. Pero ocurre que a Uruguay en la carne se nos va la vida, como a ustedes con los cereales. A Dios se le fue la mano cuando hizo la Argentina, le dio las tierras más fértiles. Entonces a veces no me cierra la política que llevan adelante. La carne argentina es un Mercedes Benz. No existen mejores razas que las continentales que manejan, como Angus, Hereford, Limousin. Nosotros nos abrimos paso con Hereford y cruzas con Angus, pero por ejemplo Brasil no puede, salvo en Rio Grande do Sul, conseguir animales de tanta calidad. Por eso digo que cuando la Argentina supere los problemas, no va a tener inconvenientes en volver.

– ¿Siguió el conflicto desde Uruguay?

– Lo seguí por televisión. Tienen una gran vicepresidente (se ríe)… No nos corresponde hacer juicio de valor de las medidas de cada país, pero puedo decir que primó la cordura.

– Entonces estará al tanto de las declaraciones de Alfredo de Angeli, sobre “llevar el lomo a 80 pesos, como en Uruguay”…

– Es que se paga 30.000 dólares la tonelada de lomo. Comerlo sería un suicidio… Tenemos un acuerdo con los empresarios por tres cortes muy bueno, como la aguja, la rueda y la paleta, que oscilan entre los 73 (11,56) y los 108 pesos uruguayos (17,11 pesos argentinos). Al mismo tiempo, la media res al carnicero, la mayoría se la vendemos sin lomo ni cuadril, lo que abarata mucho más. A eso lo acompañan acciones que buscan la sustitución de la carne bovina por el pollo y el cerdo, que van mostrando buenos resultados. El país entero está jugado al Uruguay productivo. Una muestra de ello es que acaba de salir una reglamentación de impuestos para los productores, que por cada tonelada de gastos el Gobierno devuelve una y media. La idea es mejorar en cuanto a eficiencia, tanto en suelos como en parición.

– En este contexto, ¿se podría decir que el conflicto argentino los beneficia?

– Como competidor, tengo que decir que sí. Pero ya lo dijo Pepe Mujica (el ex ministro de Agricultura uruguayo): “No somos hermanos, somos de la misma placenta”. Te terminás identificando… Con Arturo Llavallol (ex presidente del IPCVA) somos grandes amigos e incluso antes del Mercosur, cuando estaba la Junta Nacional de Carnes con Alfredo Bigatti como presidente, hablamos de vender carne en conjunto. Pero, bueno, también cada lechón su su teta y con su modo de mamar, juntos pero no revueltos.

– Los movimientos de integración sí se dieron con inversiones brasileñas y argentinas en el agro uruguayo. ¿En qué ritmo están en este momento?

– Las brasileñas se pararon un poco, pero productores argentinos se vienen muchos. Así como está por ocurrir con unos tamberos de última generación de Nueva Zelanda, los que cruzan la orilla vienen con una mentalidad que acá no veíamos: pueden plantar hasta al lado de las piedras. El problema es que no tenemos escala. De todos modos, a unos amigos que tengo cerca de mi campo, en la zona de Flores, siempre los embromo. “Toda esta bonanza depende de un decreto. Todo el capital es cobarde: si ve mejores números en otro lado, se va”.

(entrevista publicada en la edición de hoy de El Federal)

'Se paga 30.000 dólares la tonelada de lomo. Comerlo sería un suicidio'. Así lo indicó Fernando Pérez Abella, vicepresidente del Instituto Nacional de Carnes de Uruguay (Inac), durante una entrevista publicada hoy en El Federal.

La opinión de Pérez Abella, uno de hacedores de la política ganadera en el vecino país, difiere de manera sustancial de la de sus pares argentinos, quienes consideran que el gobierno debe aplicar desincentivos a la exportación de todos los productos cárnicos bovinos para asegurar el consumo interno.

"Somos un país muy chico y de la pequeñez hicimos una virtud", indicó Pérez Abella a El Federal. "Está claro que no tenemos mucho volumen, no asustamos a nadie... Pero fuimos los primeros en obtener la certificación USDA en Estados Unidos y el Eurailgap en Europa. Esos atributos fueron consiguiendo la diferenciación. como así también el sistema de cajas negras, que posibilita al productor saber qué está pasando con su faena a todo momento. Son toques de transparencia.

- Eso les permitió ir sumando mercados, como el de Asia...

- Hace ya cuatro años llegamos a China, y por supuesto es un nicho importante. Hay 300 millones de personas que, con mayor poder adquisitivo, empiezan a consumir carnes rojas. Es un mercado tremendo. Nuestra meta ahora ahora es entrar a Japón y Corea, país al que el INAC va a acompañar una misión presidencial de Tabaré Vázquez, con el objetivo de solicitar un análisis de riesgo sanitario y empezar los negocios. Aparte de todo esto, procuramos ya no apuntar sólo al broker, porque después el producto pierde su nombre en el consumo. Un avance para fomentar nuestra marca es el excelente restaurant temático en la Expo Zaragoza, en el que el Gobierno invirtió dinero, y que trabaja con 1.100 cubiertos diarios y media hora de cola espera. Pero, bueno, no descubrimos nada, la Argentina también lo hizo.

- Con esa y otras certezas, ¿qué reflexiones le vienen a la cabeza por lo que ocurre del otro lado de la orilla?

- A veces me acuerdo de Onda, la empresa de ómnibus era una marca registrada de Uruguay. Empezó a entrar tanto en huelga hasta que la gente empezó a elegir otras empresas y al final se terminó fundiendo. Pienso en Argentine Beef y se me paran los pelos, no hay con qué darle. Pero es una pena que no estén vendiendo como deben y temo que se dé una situación parecida a la que mencioné, porque los clientes un día se pueden enojar y buscar otro abastecedor.

- A partir de su experiencia, ¿dónde encuentra el desfasaje entre el sector y el Gobierno argentino?

- En principio veo que el problema tiene que ver con el consumo: hay un 80 por ciento en el mercado interno y el resto de exportación. Con un trabajo desde 1977, hoy nosotros estamos exactamente al revés. Pero ocurre que a Uruguay en la carne se nos va la vida, como a ustedes con los cereales. A Dios se le fue la mano cuando hizo la Argentina, le dio las tierras más fértiles. Entonces a veces no me cierra la política que llevan adelante. La carne argentina es un Mercedes Benz. No existen mejores razas que las continentales que manejan, como Angus, Hereford, Limousin. Nosotros nos abrimos paso con Hereford y cruzas con Angus, pero por ejemplo Brasil no puede, salvo en Rio Grande do Sul, conseguir animales de tanta calidad. Por eso digo que cuando la Argentina supere los problemas, no va a tener inconvenientes en volver.

- ¿Siguió el conflicto desde Uruguay?

- Lo seguí por televisión. Tienen una gran vicepresidente (se ríe)... No nos corresponde hacer juicio de valor de las medidas de cada país, pero puedo decir que primó la cordura.

- Entonces estará al tanto de las declaraciones de Alfredo de Angeli, sobre "llevar el lomo a 80 pesos, como en Uruguay"...

- Es que se paga 30.000 dólares la tonelada de lomo. Comerlo sería un suicidio... Tenemos un acuerdo con los empresarios por tres cortes muy bueno, como la aguja, la rueda y la paleta, que oscilan entre los 73 (11,56) y los 108 pesos uruguayos (17,11 pesos argentinos). Al mismo tiempo, la media res al carnicero, la mayoría se la vendemos sin lomo ni cuadril, lo que abarata mucho más. A eso lo acompañan acciones que buscan la sustitución de la carne bovina por el pollo y el cerdo, que van mostrando buenos resultados. El país entero está jugado al Uruguay productivo. Una muestra de ello es que acaba de salir una reglamentación de impuestos para los productores, que por cada tonelada de gastos el Gobierno devuelve una y media. La idea es mejorar en cuanto a eficiencia, tanto en suelos como en parición.

- En este contexto, ¿se podría decir que el conflicto argentino los beneficia?

- Como competidor, tengo que decir que sí. Pero ya lo dijo Pepe Mujica (el ex ministro de Agricultura uruguayo): "No somos hermanos, somos de la misma placenta". Te terminás identificando... Con Arturo Llavallol (ex presidente del IPCVA) somos grandes amigos e incluso antes del Mercosur, cuando estaba la Junta Nacional de Carnes con Alfredo Bigatti como presidente, hablamos de vender carne en conjunto. Pero, bueno, también cada lechón su su teta y con su modo de mamar, juntos pero no revueltos.

- Los movimientos de integración sí se dieron con inversiones brasileñas y argentinas en el agro uruguayo. ¿En qué ritmo están en este momento?

- Las brasileñas se pararon un poco, pero productores argentinos se vienen muchos. Así como está por ocurrir con unos tamberos de última generación de Nueva Zelanda, los que cruzan la orilla vienen con una mentalidad que acá no veíamos: pueden plantar hasta al lado de las piedras. El problema es que no tenemos escala. De todos modos, a unos amigos que tengo cerca de mi campo, en la zona de Flores, siempre los embromo. "Toda esta bonanza depende de un decreto. Todo el capital es cobarde: si ve mejores números en otro lado, se va".

(entrevista publicada en la edición de hoy de El Federal)

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