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La historia de Pato Calandra: de veterinario en Tandil a tambero en Nueva Zelanda

En un mundo globalizado las distancias no existen, y la vida de Patricio es un claro ejemplo de que cumplir los sueños es posible. Una historia de vida imperdible que revela las enormes diferencias de los tambos argentinos con los de Nueva Zelanda.

26.10.2016
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Patricio Calandra es oriundo de Balcarce, provincia de Buenos Aires, y cuando terminó el secundario se fue a estudiar veterinaria a Tandil. “De chico fui aprendiendo la profesión con mis abuelos y mi viejo en el campo. Así que a la hora de pensar en la universidad ya sabía a qué me iba a dedicar”, resumió Pato.

Ya recibido decidió volver a su tierra natal para poder hacer un posgrado en salud animal en las instalaciones del Inta, y mientras tanto se postulaba en Nueva Zelanda para obtener una Visa laboral.

“Durante ese tiempo intente aplicar una Visa para poder viajar a Nueva Zelanda y trabajar en un tambo. Si bien no había trabajado en tambos, me interesaba mucho. La pedí dos veces y como no me salió me fui de vuelta a Tandil a trabajar en un feedlot de casi 20.000 animales. Ahí me quedé casi un año y medio”, explicó Patricio.

Pero como dice el dicho, “la tercera es la vencida”, y así fue que el veterinario consiguió la Visa. “No bajé los brazos. Intenté una vez más y por suerte la conseguí”, detalló. Y creer o reventar, no solo consiguió el cometido, sino que además, el conocido de un conocido le dio trabajo en tierras neozelandesas antes de que sacara el pasaje.

Nueva Zelanda y un tambo en Hamilton

Luego de adquirir conocimientos en dos tambos del sur, Pato viajó al distrito de Waikato, más precisamente a Hamilton (norte de Nueva Zelanda).

“Todo está muy bien armado para los que vienen de mochileros, con trabajos temporales en los campos y hospedajes accesibles. Pero como me interesaba mucho el tema de manejo de tambos, dejé atrás la vida de turista y me dedique solamente a eso”, señaló Calandra.

Mil diferencias para una misma actividad

“Los tambos neozelandeses son totalmente contrapuestos a los de Argentina. Ellos tienen servicios estacionados cada tres meses. En nuestro país todos los días tenes algo distinto para hacer y al mismo tiempo. Pasas de ordeñar a atender una vaca que está por parir, o a una que está para servir. Es como tener tres personas pegándote. Quizás, si lo hacen de a uno podes llegar a defenderte. Pero cuando vienen los tres al mismo tiempo es imposible”, ejemplifica divertidamente Pato.

He aquí la primera gran diferencia con nuestro país. “Durante tres meses todo el personal se ocupa solamente de la parición y de ordeñar, y después pasan a tres meses de servicio y así sucesivamente. Todo está controlado y organizado, sin dejar nada librado al azar”, indicó.

Por otro lado, “el 90% de los tambos se manejan con un sistema pastoril y todos priorizan el pasto, no las vacas. Por poner un ejemplo, cuando llueve, todas las vacas se encierran en el corral de espera para ordeñar y así cuidan que no se pisotee el pasto”.

“A la mañana comen en un potrero de doce hectáreas aproximadamente y a la tarde en otro. Y después de que salen del primer lote, se fertiliza. En primavera están fertilizando cada 15 días, y a medida que van intensificando el pastoreo, se va fertilizando más aún”, subrayó Pato lo que sería la segunda diferencia abismal con la Argentina donde las aplicaciones nitrogenadas en verdeos son esporádicas, o en algunos casos, nulas.

Vivir y estudiar mejor que en la ciudad

“Las condiciones de vivienda son excelentes y de primer nivel. Casas totalmente nuevas, con internet y todo el confort que se pueda imaginar. Pero además de ello, la calidad de una escuela rural tiene el mismo nivel que la de la ciudad, o en algunos casos, es mejor.  El colectivo pasa a buscar a cada alumno por la casa donde viva, y cuando finalizan las clases, los llevan de vuelta”, comentó.

Según Patricio, todos estos detalles hacen que las personas que trabajan en los tambos estén super calificadas y puedan vivir en el campo sin ningún problema. Demás está decir que el arraigo, bajo estas condiciones, es un hecho.

“Además el dueño es uno más casi no hay diferencias jerárquicas. Todos trabajan como a codo con el patrón y la familia de él”, resaltó.

Una estructura que hace posible todo

“Por un lado los caballos no existen, todo se hace en cuatriciclo o motos, porque casi todos los tambos están asfaltados, y que no lo tiene, dispone de caminos rurales muy consolidadas que llueva lo que llueva podes entrar con un auto, camión, o lo que quieras. De hecho, Fonterra le exige a los tambos que tengan caminos de asfalto y limpios”, aseguró el Balcarceño.

Por otro lado, “las instalaciones son excelentes a nivel de maquinarias y equipamiento. La mayoría tienen un sistema Rotary (calesita), donde hay una persona ordeñando a 350 vacas, mientras otra va trayendo el próximo rodeo y se ocupa de ordeñarlas. Con dos personas ordeñando está todo perfecto”, marcó la diferencia Pato.

“El sistema está todo automatizado y disponen de un software nacional (MINDRA) en el que cargas todos los datos en tiempo real. Esa información le llega al Gobierno en el mismo momento que ingresas la información. Con eso, Nueva Zelanda puede saber en el cualquier momento cuál es la producción de leche exacta”, explicó el veterinario.

Vacas para pasto y un chip para las vacas

“Todas las vacas tienen chip que sirve, por ejemplo, para que las recién paridas sean automáticamente identificadas y separadas por la puerta de control, sin necesidad de que una persona lo haga. Además permite saber exactamente dónde están ubicadas en el campo, y demás detalles”, informó Patricio.

Otra de las diferencias con la lechería argentina son las razas de las vacas, que según nos contó Pato, “acá no producen tanta cantidad de leche, pero sí de sólidos. Son vacas más livianas que requieren menor mantenimiento. La mayoría son cruza entre Holstein y Jersey, o sea, la raza que se llama Kiwi Cross y están muy bien adaptadas para un sistema pastoril”.

Tambero, Industria y Gobierno bajo el mismo objetivo

En cuanto al Gobierno, recalcó que “apoya en todos los procesos, la industria lo mismo, y los tambos aportan gente híper cualificada. Todo es más accesible en relación precio de leche – insumos. Hasta los sueldos que se manejan acá no tienen comparación con lo de la Argentina. Son altísimos, sin necesidad de hacer un cambio de moneda”.

“Todo está estandarizado y la mayoría de los tamberos hacen todos el mismo trabajo. Vos podes trabajar en un determinado establecimiento, que cuando pasas a otro podes hacer las tareas casi con los ojos cerrados”, finalizó Calandra.

Por Facundo Mesquida / @JFMesquida

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