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Mariel, la productora que logró vencer el exceso de sodio con un bioactivador de suelos

En un campo de Rufino, llevó adelante una serie de ensayos en los que pudo mitigar el efecto de las sales sobre las raíces y generar una mayor disponibilidad de nutrientes para los cultivos

Franco Herranz (UPL) y la productora Mariel Chemini
infocampo

En los planteos agrícolas del sudoeste santafesino, uno de los problemas que suelen enfrentar los productores es la alta presencia de sodio en el suelo.

Es el caso de Mariel Chemini, que en su establecimiento “San Antonio”, en Rufino, maneja un esquema de rotación de cultivos con planteos de trigo/soja/maíz.

Se trata de una zona con problemas de profundidad y suelos con alta presencia de sodio, un combo que hace difícil la implantación. A partir de las características ambientales, la productora siempre apostó primero a las gramíneas, para asegurar un buen nivel de rindes.

Pero en la última década, reconoció que si bien hacen gramíneas con regularidad, hay sectores del lote con problemas de implantación, que impactan en el nivel de productividad

USO DEL BIOACTIVADOR

La solución para este problema llegó de la mano de un bioactivador de suelos de origen natural, desarrollado por la firma UPL. El producto está constituido por ácidos húmicos al 50%, derivados de la leonardita, un fertilizante orgánico. 

“Se trata de una herramienta de manejo agronómico que no va sola, sino de la mano con otras prácticas”, remarcó Franco Herranz, desarrollador de mercado de UPL para el sur de Santa Fe.

En el caso de lotes con estas características, agregó que la dosis se ubica entre 30 y 60 kilos por hectárea, cifra que varía de acuerdo al diagnóstico del asesor y los resultados de los análisis de suelo. 

En San Antonio, el bioactivador permitió mitigar el efecto de las sales sobre las raíces y generar una mayor disponibilidad de nutrientes, para mejorar la implantación y el establecimiento de los cultivos.

“Buscamos un mayor desarrollo de raíces y de biomasa aérea del cultivo para mejorar año a año la productividad del lote”, explicó Herranz.

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RESULTADOS DE LOS ENSAYOS

Para sistematizar la experiencia y comparar los resultados, se llevó a cabo un ensayo con tres muestras. En la primera, se aplicó una dosis de 40 kilos del producto con con 20 kilos de fosfato monoamónico (MAP). En la segunda muestra, sólo usaron MAP y en la tercera, 40 kilos del bioactivador y  40 kilos de MAP.

“Los resultados fueron óptimos en la zona más complicada del lote”, resumió Chemini. Y agregó: “El óptimo desarrollo de las plantas en las zonas difíciles está a la vista; no se ven diferencias con los ambientes de mayor potencial del lote”.

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