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Cecilia, la mujer que hizo historia en Palermo y se le animó a Halloween con más tradición

En la última Expo Rural se transformó en la primera mujer en ser subcomisaria de pista. Amante de los caballos, nació y vive en Santa Cruz, donde produce ovinos junto a su marido. Su historia de vida, en una nueva entrega de ELLAS.

“¡El sur también existe!”, pareció gritar a los cuatro vientos Cecilia Fernández Gotti, santacruceña, productora ovina y amante de los caballos, cuando recibió la propuesta para ser la primera mujer (junto a Agustina Díaz Velez) subcomisaria de pista, en la última Exposición Rural de Palermo (en la foto, con un handy en la mano) 

Vivió de chica el amor por el campo como legado que pasó de sus abuelos a sus padres y luego a ella. Hoy tiene cuatro hijos (Martina de 24, Josefina 23, Lola 14 y Ceferino 13) junto a su marido Adrián, y comparte con la mesa chica de su familia su pasión campera. Se dedican a la producción ovina, un poquito de bovinos y a criar caballos criollos. 

Asimismo, Cecilia también desandó un camino por la actividad gremial, primero en la Sociedad Rural de Río Gallegos donde llegó a ser vicepresidenta, y actualmente, en la Sociedad Rural Argentina, donde fue directora y actualmente es vocal suplente. 

En esta nueva entrega de la serie de podcasts ELLAS, Cecilia cuenta su historia. Y justo en el fin de semana en que se celebra Halloween, relata su pasión por el campo y su amor por la tradición argentina.  

– ¿Cómo fue tu niñez en el campo?
– Esta pregunta me lleva a la casa de mi nona. Mi infancia estuvo vinculada a la ruralidad desde chica. Mis bisabuelos son pioneros con el ovino en Santa Cruz. Yo crecí en la casa de mis abuelos, en la Estancia San Lorenzo. Mi papá desde chico dejó de estudiar en sexto grado y se fue a vivir al campo. Se casó con una mujer que también le gustaba el campo y si bien no era de campo se fue haciendo. Yo era la primera, cuando terminaba el colegio, tengo dos hermanos más, y esperar a que mi papá me lleve al campo, me quedaba con mis abuelos, y lo acompañaba a absolutamente todos lados y tareas habidas y por haber. 

– ¿Qué tareas por ejemplo?
– Había que salir a rodear y yo quería ir. Mi nona decía “no, es temprano” y a mí no me importaba nada. Por supuesto andar a caballo. Lo que sea. Yo buscaba la forma de estar haciendo cosas en el campo. No sólo de chica, también de adolescente. Siempre me gustó el campo. Todo. La cocina, la quinta también. Y los olores… Mi abuela y mi nono, además de dedicarse a la quinta tenían unos parques gigantes de lupinos de muchos colores y ella se dedicaba a eso, y ese olor, que yo hoy tengo en el campo que estoy me lleva a mi infancia que ha sido muy linda. También el ruibarbo, que lo sigo cocinando, me hace acordar a ellos. 


– Llegó el momento de estudiar… ¿Qué estudiaste? ¿Tenías un plan B?
– Hice toda mi primaria y secundaria en el colegio María Auxiliadora, y quería estudiar genética. Y fue un tema intenso. Cuando lo planteé, se puso seria la cosa. Lo que impidió que la haga es que era en Bariloche, y de acá a allá en 1992, que fue cuando me egresé, era muy a trasmano. Todo complicado. Más todo el peso que pusieron las monjas, lo cual a mí no me importaba, pero no se dio. 

– ¿Y entonces?
– Me fui a estudiar a Buenos Aires kinesiología, fisioterapia. Que nada que ver, pero me encanta. Pero la cosa es que tampoco estudié. Hice el curso de ingreso. Estaba de novia con mi actual marido, Adrián, con quien hace 30 años que estamos juntos, y me volví. Empecé a trabajar en un consultorio con unas primas que son kinesiólogas. Me quería dedicar a chicos con discapacidad yo. Después trabajé en un banco. Además de seguir yendo al campo. Después quedé embarazada de Martina, que es nuestra primera hija que tiene hoy 24 años y a partir de ahí nos fuimos a vivir al campo con Adrián, a El Relincho, que es de su familia. Después quedé embarazada de Josefina a los 5 meses de Martina (se ríe) y vivimos en el campo hasta que ellas tuvieron que empezar el jardín obligatorio y no teníamos opción allá, así que nos fuimos a Río Gallegos. Íbamos y veníamos. Estamos a 230 kilómetros al oeste entre Río Turbio y El Calafate. 

– ¿Qué hacen hoy en ese campo familiar?
– Es dedicado casi 100 por ciento al ovino, hay algo de bovino pero es poco. El fuerte es la oveja. Como hobbie con Adrián empezamos una cabaña de caballos criollos. 

– ¿Y qué es lo que más te gusta de lo que hacés hoy?
– Con Adrián hacemos de todo y nos gusta todo. Hay épocas de esquila, que es ahora, después viene la señalada, y algunos otros trabajos en el medio. Y siempre estamos haciendo algo. Ayudando en la clasificación, en la cocina si te toca, acompañando. El trabajo en el campo es multifacético, tenemos mucho para hacer. Y cuando estoy en Río Gallegos, dedicada a la ruralidad, que lo hago desde la comisión juvenil. 

SU ACTIVIDAD GREMIAL EMPRESARIA

– Hablemos de tu participación en el gremialismo: ¿Tiene que ver con mostrar qué se hace en el campo y acercar el vínculo a la ciudad?
– Uno trata de defender lo que uno hace, porque el trabajo de campo es un montón de gente que trabaja con uno y eso es lo que me motiva. No solamente mis hijos, sino que uno apuesta a llevar familias al campo, yo trabajo mucho en poder potenciar y valorizar eso. Acá en el sur, por empezar, encima, estamos lejos del resto del país. Creo que ahora empezamos a movernos más en este tema los productores y darnos cuenta que tenemos que trabajar más en ese aspecto. Y con los ciudadanos, siempre te ponen en la misma bolsa por uno o dos que… en realidad me molesta mucho la palabra oligarca, no me gusta ni decirla, pero por alguno que pueda ser o parecer de una manera caen todos. Y te puedo asegurar que no le cabe a mucha gente. ¿Qué distintos somos los del campo que los de la ciudad? Por ahí estamos lejos, y eso influye. Son pocos los que ven lo que hacemos y cómo trabajamos. Por eso, de alguna manera me parece que hay que traer a la ciudad a los que no pueden ir a ver qué hacemos y cómo vivimos. 

¿Pudieron hacer algo al respecto desde la Sociedad Rural?
– Sí, durante siete años hicimos la fiesta de la tradición. Acá se había empezado a festejar Halloween, que no tengo nada contra esa celebración, pero me parecía que teníamos también que mostrar nuestras tradiciones, revalorizarlas. Fue una herramienta para mostrar qué éramos. Hacíamos jueves y viernes sólo dirigidos a chicos de los colegios, que nos iban a visitar, con estands interactivos, muestras de esquila, hilados, el contacto con toda la cadena del ovino y nuestras tradiciones. Y al abrir las puertas de la rural, y estar nosotros, que nos veían como algo feo, pudimos empezar a mostrar una parte más real y sensible, de trabajo, y venían los chicos de las escuelas rurales. 

– ¿Qué creés que aprendiste vos de esa experiencia?
– Nos empezamos a mirar de otra manera entre todos. Por otro lado, creo que es tener en cuenta a todos los que participan, por ejemplo, de una actividad como la esquila. Porque esa persona está trabajando su capital, pero también lo que él va a cobrar después y si ellos no hacen bien su trabajo a nosotros también nos va a ir mal, y no vamos a poder devolverles a ellos lo que corresponde. Yo hago hincapié en eso, y creo que se ha ido contagiando en las distintas zonas. 

– ¿Es cierto que hay problemas para conseguir gente para trabajar en el campo?
– Eso está difícil. Antes venían de Chile. Hoy por distintas situaciones, la económica y del tipo de cambio, es raro que vengan. Pero de Santa Cruz casi no hay gente de trabajo rural. Vienen de Corrientes, las cuadrillas de esquila son de ahí. El personal también viene de Salta, Catamarca, Santiago del Estero. Recién este año surgió la posibilidad de empezar a capacitar mujeres que trabajan en la época de zafra en el frigorífico y algunas fueron a hacer una prueba en una estancia, se capacitaron y esperemos que eso contagie a otras, para que haya más gente que se anime. 

Pero, ¿cuál es el problema? ¿Por qué no hay más gente que quiera trabajar en el campo?
– Hay muchos que quieren, pero no tienen cómo aprender para poder ir. En cambio los del norte ya es gente que nació en el campo y se crió haciendo eso. 

EL ROL FEMENINO Y LOS CABALLOS

– ¿Cómo te ha ido en tu rol de mujer trabajando en el campo?
– La verdad que nunca tuve problemas para nada. Nunca tuve que exigir que me dejen estar o hacer. Creo que no sé si es porque acá somos pocos y las mujeres siempre vienen bien para ayudar en lo que sea. La mujer siempre estuvo en el trabajo del campo. Nosotros tenemos una chica que está haciendo trabajo por día en la esquila y ella hace los trabajos de corrales y rodeos como cualquier hombre, sin ningún impedimento ni rechazo de nadie. El respeto es lo que importa y después no importa si es mujer u hombre el que hace el trabajo. Antes la que iba a la cocina la mayoría de las veces era la mujer, hoy eso no es tan así. Quizás algunos tendrán algún recelo por algunas cuestiones como la convivencia, las instalaciones, pero creo que hoy tenemos que trabajar para que eso sea bueno para el hombre y la mujer, y que tengan un lugar adaptado para trabajar cómodos. 

– ¿Cómo es tu vínculo con los caballos?
– De toda la vida. En pandemia hice un curso de terapia asistida con caballos en la Asociación Argentina de Equinoterapia. A mí me gusta el caballo desde chiquitita. Hoy tengo la suerte de poderlo compartir con quien me acompaña en la vida que es mi marido. Es magnífico y que a mis cuatro hijos les guste, también es fantástico. 

– ¿Qué te gusta del caballo?
– El caballo acá a nosotros nos ayudó un montón. En 2012 empezamos a usar el caballo como excusa para juntarnos, porque puede también que ayude a las familias que habían dejado de ir al campo a volver. Hay que fomentarlo esto. Empezamos a hacer apartes camperos, eso nos acercó con las familias y la gente de la ciudad que hoy tiene un caballo y participa es increíble. El caballo tiene muchas sensibilidades que uno no se da cuenta. Martina, que es mi hija, que tiene diabetes y epilepsia, el caballo a ella le ayuda mucho. 

FUERA DEL SURCO

– ¿Hay alguna canción que te guste, que te motive?
– Elijo una que usaron mis hijos cuando celebré un cumpleaños. En un video usaron “Brindis” de Soledad (Pastorutti) que en la letra dice muchas cosas, que la vida hay que celebrarla, aunque nos hayan pasado cosas tristes. 

– ¿Hay alguna actividad por fuera del trabajo y del campo en la que busques inspiración o “resetearte”?
– Me gusta leer. Antes lo hacía más que ahora. Pero el aire libre, salir, los caballos son una de las cosas que más me resetea. También voy al gimnasio, tres veces a la semana con una entrenadora personal y ella me ayuda a oxigenarme, desconectarme para luego conectarme de nuevo de otra manera con todas las cosas que hago. 

– ¿Qué significa la familia para vos?
– Para mí, la familia es mi casa, mi hogar. Son lazos que no se rompen. 

– ¿Cuál es tu sueño?
– Mi sueño es que uno pueda darse cuenta que, con lo que tiene, puede ser feliz y que mis hijos eso lo entiendan y puedan darse cuenta de eso. Que no necesitan mucho para poder ser felices. Simplemente que con ellos mismos lo pueden ser. 

– ¿Alguna mujer que te haya marcado?
– No podría poner una sola. En muchas situaciones que he tenido que pasar hay mujeres que están y me ayudan o me marcan. Mis nonas, las dos, tremendas mujeres, de riendas tomar. Mi mamá, desde luego. Hasta mis hijas, que me ayudan a ser lo que soy. Y en lo profesional hay muchas, pero no tengo alguien específico. 

– ¿Tenés alguna frase de cabecera, algo que digas siempre y quieras compartir?
– Hay algo que siempre digo que es “todo cae por su propio peso”. Y hay una frase que busqué y dice: “Aprende que todo en la vida vuelve, que no hay mal que por bien no venga. Aprende que con voluntad y esfuerzo todo resulta más fácil, que lo más valioso de la vida es la familia y los verdaderos amigos. Que no se llora a quien no te valora. Aprende que por más tropezón, caída, obstáculo o barrera que se interponga en tu camino el objetivo es levantar la cabeza y seguir adelante. Siempre adelante”. Esto último, sobre todo es lo que siempre le digo a mis hijos. Nosotros pasamos por una situación complicada en la vida, pero eso no puede ser una excusa para no seguir adelante. En la vida siempre se va para adelante.

MUJERES EN CAMPAÑA

“ELLAS” es una serie de podcasts realizados por Infocampo con mujeres de campo que inspiran por su historia emprendedora, y que cuenta con el acompañamiento de “Mujeres en Campaña”, una iniciativa de New Holland Agriculture que ya tiene un camino recorrido y embajadoras de distintos lugares del país.

La Iniciativa Mujeres en Campaña (MEC) surgió cuando comenzamos a notar que existen muchas mujeres involucradas en el campo con grandes capacidades y que todas teníamos algo en común: la necesidad de compartir experiencias vinculadas al campo y al trabajo rural, nuestro principal objetivo es visibilizar el rol de la mujer rural en cualquiera de sus tareas sea como cliente o como una referente para el sector”, señaló Roxana López, referente de Marketing New Holland Argentina.

Desde “Mujeres en Campaña” desarrollaron el concepto de “embajadoras” que permite conocer un poco más de cada una en su rubro y, a su vez, difundir cómo trabajan y cómo se sienten.

El objetivo de este maridaje entre ELLAS y Mujeres en Campaña es llegar a mujeres de distintas edades y distintas zonas geográficas. “Nos enorgullece cuando un padre nos comenta que le recomendó a su hija inscribirse en nuestra plataforma para capacitarse y realizar algún curso de los que ofrecemos”, agregó López.

Desde la plataforma de MEC, se puede acceder a capacitaciones, foros, talleres, entrevistas y contenido de interés, además, cuenta con una Feria de Emprendedoras para dar a conocer los proyectos que lideran las seguidoras.

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