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De la primera feria “a la que no vino nadie” a superar las 200.000 personas: la historia de Agroactiva, contada por su fundador

Luis Nardi recuerda que los inicios de Agroactiva fueron duros, pero que luego crecieron a pasos agigantados. “Lo que siente el productor que viene a nuestra exposición es que está en su casa”, remarca.

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Se acerca Agroactiva 2024, que tendrá lugar del 5 al 8 de junio en Armstrong (Santa Fe), y es una buena oportunidad para recordar también cómo fue el camino recorrido durante tantos años por la mega muestra del campo más federal y con mayor trayectoria del país.

Con ese fin, los organizadores de Agroactiva difundieron una entrevista a Luis Nardi, el creador de la feria, quien recordó anécdotas desde que comenzaron con esta pequeña idea que se transformó en algo gigante.

Por ejemplo, que a la primera edición que organizó, en Marcos Juárez, en el primer día no fue absolutamente nadie. El año pasado, en la número 29, el número de asistentes informado por Agroactiva fue de 215.000 personas.

En este marco, Nardi también relató su emoción cada vez que se inicia una nueva edición, su amor por pararse en el pórtico de ingreso para saludar a los asistentes y cómo pretende que siga la feria en los próximos años.

-¿Qué lo motivó a decir: “Hay que ir por esto”? ¿”Cómo tuvo esa visión hace tantos años”?
-AgroActiva en realidad fue una creación de dos instituciones de Armstrong, del Centro Comercial y el Club Defensores: ellos le pusieron el nombre. Hicieron creo que dos muestras y no podían continuar, porque no les daba la capacidad económica. Fue así que, a través de un amigo de Pergamino, me enteré de que se vendía y me interesó comprarla. Coincidía llamativamente con el lugar donde nacimos con mi hermana. Me reuní y cerramos el negocio. A partir de ese momento, comenzamos a trabajar en esa especie de utopía, una aventura… Algo que quedaba bajo el techo de Expo Chacra que cubría todo el espectro del mercado de las muestras a campo. Mis hijos Rosana y Luis, Mariano Restelli, Darío Schiavoni y Omar Saldaño fueron los que estuvieron desde el primer día.

-¿Qué era AgroActiva antes de ser lo que es hoy?
-Alquilamos un departamento en Armstrong. Arranqué con un portafolio. Digamos que Agroactiva era un nombre y un portafolio. Darío me cubría lo más cercano, y yo empecé a trabajar de manera personal en Buenos Aires, Córdoba, entre otros lugares.

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-¿Cómo fueron los primeros encuentros? ¿Hubo buena recepción o costó?
-La recepción no era ni buena ni mala, era una cosa desconocida, de manera que costó. Tenía una agenda. Ponía los presuntos expositores, a los cuales visitaba. Era un semáforo; rojo, amarillo y verde. Dibujaba los tres círculos y cuando salía de la reunión anotaba, ponía una X en cualquiera de los colores. Y también mi impresión personal.

En esa presentación, ante esto que desconocido y arrancando esta aventura: ¿Cómo transmitía qué iba a ser, por qué tenían que estar y ser parte de la muestra?
-Yo soy un hombre muy ambicioso. Mis sueños no son chiquitos, son grandes. Creía siempre que podíamos llegar a ser una muestra grande, importante. Pero no te voy a negar que las primeras entrevistas eran bastante desmoralizadoras. En fin, la primera exposición que se hizo en Marcos Juárez, el primer día no vino nadie de público, nadie. El viernes, tengo grabado en la mente los tres primeros productores que entraron a la exposición. Era un padre con sus dos hijos.

-¿Qué pensó ese día cuando no fue nadie?
-¿Qué pensé? Ver cómo podíamos hacer para atraer el público. Trayendo al público íbamos a atraer a los expositores, porque los expositores eran unos 40 y eran todos concesionarios. No eran las fábricas con sus terminales. Esto de ahora no existía, eran chicos. Ponían unos mástiles, en fin, un poco de producción. Ya para la segunda, que se hizo en Carcarañá, se me ocurrió idear un sistema de invitaciones especiales para los productores. Ahí tuvimos una buena cantidad de público, nada más que buena. Después, el primer quiebre que tuvo AgroActiva fue en Bell  Ville. Teníamos una exposición bastante chica, pero tuvimos público. Después ya en Río Cuarto vinieron los primeros fabricantes directos, ya estábamos creciendo al 40%. Tuvimos una cena, y unos amigos me preguntaron cuándo podíamos llegar a alcanzar a Expo Chacra. La contestación de ese momento hubiera sido nunca, pero yo le puse un plazo de cinco años. Lo alcanzamos en mucho menos, en dos. Se produjo una especie de acción por reflejo del resto de algunos otros expositores, todas fábricas de primerísimo nivel. Y la muestra de Oncativo fue algo monumental. El primer trabajo que se hace en el campo es poner una estaca en cada uno de los lugares, cuatro estacas por cada stand. Nos paramos con Rosana en el medio de la exposición y no veíamos las estacas del fin de la muestra, del fin del campo. Córdoba nos trató muy bien. Yo trencé una relación personal con el gobernador José Manuel de La Sota, a quien quise muchísimo, un amigo extraordinario que apoyó mucho la muestra.

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-¿Qué siente ahora en la 30° edición?
-Siento la misma pasión, las mismas sensaciones, el mismo orgullo personal porque Rosana respondió muy bien cuando yo resolví retirarme, extraordinariamente bien.

-¿Qué sensación lo invade cuando llega a la muestra, cuando atraviesa el pórtico?
-Me emociono. Ver la cantidad de público que viene, la producción de los stands, la prolijidad, la belleza que tiene la muestra, la armonía entre todos los participantes; los productores, el público, la mano de obra temporal. Para mí es muy emocionante todo eso.

¿Cómo ve a Rosy en el rol de Directora General?
-La veo excelente como timonel de todo esto. Pero no me puedo desprender del profundo amor que siento por mi hija, por supuesto que ella me lo corresponde.

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-Este espacio, esta ciudad que se erige en el medio del campo argentino durante cuatro días, ¿qué representa para el productor agropecuario?
-Yo creo que lo que siente el productor que viene a nuestra exposición es que está en su casa. Que está en un lugar que lo quiere, que lo cobija, que lo abraza. Y que le ofrece satisfacción para que se entremezcle con todas las cosas que a él lo apasionan. Vienen a buscar herramientas para trabajar, esta frase no es mía, es de mi amigo Landriscina.

– ¿Qué opina del acompañamiento, en este caso, del gobierno de Santa Fe?
-El gobierno de Santa Fe acompaña mucho. Compra una cantidad importante de espacios donde coloca a las pymes y a los microemprendedores. Cuando nos radicamos en Santa Fe, el  gobernador era un caballero que se llamaba Hermes Binner, generamos una muy linda relación. Después vino Bonfatti, luego estuvo Lifschitz y Perotti. Tuvimos siempre un apoyo muy fuerte de gobernadores, del ministerio de Agricultura, de Economía.

-Agroactiva es como una ciudad de los agronegocios, pero también una tierra de oportunidades, no solo para grandes empresas, sino también para microemprendedores y pymes que tienen la chance de llegar, de mostrarse…
-Recuerdo, por ejemplo, un hombre de Córdoba que vende chorizos. Que empezó con un puestito y ahora tiene cinco. En otra oportunidad con mi señora fuimos a recorrer la Patagonia, llegamos a Los Antiguo justo en la época de la recolección de las cerezas. Fuimos a un comercio chiquito que vendía cerezas. Entramos y veo que había un diploma que expedíamos nosotros, que habían participado de la exposición. Eso me tocó, estuvimos conversando un largo rato.

-En varias oportunidades, se lo ha escuchado decir la palabra “chacarerear”. ¿Cómo surgió ese término?
-Hay varias palabras de esas. Es una cosa que a mí me surge porque me gusta. Yo soy de campo, de pueblo chico. La picardía, los sobrenombres y las costumbres son totalmente diferentes a los de la gran ciudad. Me imagino que habrá sido en algún momento donde apareció la palabra chacarero. El chacarero es chacarero y no se ofende porque alguien le diga que es chacarero. Tiene su chacra. Cuando se juntan con otro, que es igual que él, en realidad están chacarereando. Están hablando de sus explotaciones, de sus sentimientos, de cómo ven la muestra. Se me ocurrió la expresión y la sigo usando; es un clásico.

-¿El pórtico es el lugar donde más le gustaba estar?
-Cuando yo me paraba en el pórtico, que era el lugar donde más me gustaba estar, el pórtico del lado de adentro. Recibía a las personas para ver de dónde venían, muchos desde muy lejos, y para agradecerles que hayan llegado hasta aquí. Lo hacía para gratificarme con el contacto, el vínculo con la gente era muy importante. Pero no lo hacía por una cuestión comercial sino porque me interesaba, me sentía orgulloso de que ellos vinieran a un evento de estas características.

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-¿AgroActiva tiene techo?
-En una oportunidad me preguntaron si AgroActiva tenía techo. Y yo dije que sí, que tenía techo pero que era corredizo. En fin, intercambio de bromas pero siempre con un profundo sentido de la responsabilidad y del respeto.

-¿Qué es lo que más disfruta del campo?
Acá vivimos en paz. Estamos tranquilos, en contacto con la naturaleza. Tenemos amigos que son de este pueblito, gente simple como nosotros y acá podemos disfrutarlos. Los animales, la belleza del campo, los pájaros cuando uno sale a recorrer el campo. Todas esas son cosas que a mí me atraen profundamente. Y tengo el gusto de que mi compañera también disfrute de eso. Ella está con sus plantas, yo tengo las mías. Tengo las plantas frutales, ella tiene las plantas ornamentales. Yo hago trabajos en madera. Ella hace pintura. Acá recibimos a nuestros hijos. Eso es lo que me atrae.

-¿Le quedan sueños por cumplir?
-Leí hace poco que los sueños son expresiones del alma. Que son sentimientos que generalmente no se cumplen. Son exagerados. Que uno en vez de decir sueño debería decir deseo. El deseo es más creíble. Más real. Si uno realmente desea algo, es posible que se concrete. Porque va en esa dirección y se encuentra un día con que eso se concretó. Yo lo que deseo es continuar con esta vida los años que me quedan. Pasarlo lo mejor posible. Alcanzar la felicidad la mayor cantidad de horas que pueda por día. No tengo deseos de nuevos emprendimientos. Quiero vivir en paz y tener salud. Pasar la mayor cantidad de tiempo con la gente que uno quiere. Y nada más, son muy chiquitos mis deseos.

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