Miguel Miérez vive en el Lote 45 de Bajo Hondo Chico, Departamento Comandante Fernández. “La última vez que cayó un chaparrón fue en mayo, pero 20 milímetros, nada más”, recuerda, y cuenta que la falta de agua le pone en peligro las pocas vacas que tiene. “Los chivos se salvan porque picotean el verdecito todo el día”, añade.
El pequeño productor tiene un predio de no más de 70 hectáreas, y perdió todo el sorgo por la sequía. “Y encima, se me helaron las verduras, o sea, estamos mal, y yo no fui a ningún corte de ruta así que no he de estar en ninguna lista ni de la señora Vukich ni de Federación Agraria, así que ese subsidio para nosotros los pobres no llega”, se anima a decir.
Según publicó Diario Norte, el frío de ayer desalentaba las lluvias, y aunque el pronóstico para hoy es que algunos chaparrones puedan caer, “acá si no llueve 150 o 200 milímetros, no hacemos nada porque las napas están muy bajas y nosotros no tenemos ni plata para comprar rollos ni alimento balanceado, mucho menos para comprar agua”. El Lote 45 está ubicado a unos 25 kilómetros al sureste de Sáenz Peña.
Por otra partem en la Colonia Lalelay, que está ubicada a unos 40 kilómetros al norte de Sáenz Peña, Roberto Iñiguez cuida un lote de 50 hectáreas. “Las vacas están débiles por falta de pastos y porque se cansan de caminar en caravana, todos los días, para tomar agua en una aguada que está de aquí a una legua más o menos”, dice apuntando hacia el oeste. Alli, a 5 kilómetros está una laguna que hasta enero del año de este año, estaba llena de agua.
Acá no se puede más, yo le dije al Roberto que vayamos pa’ el pueblo, si ni agua no hay, encima el frio seco todos los chicos están enfermos de tos”, acota Daniela, la mujer del campesino.
El último registro de lluvia en la zona data de diciembre de 2012, “cuando cayó un buen chaparrón de unos 50 milímetros”, dice.
Por último, en El Tacuruzal, sobre la ruta provincial 9, es una población en su mayoría indígena, pero con fuerte presencia de criollos que arrendaron campos en la zona para cría de ganado, con muy poca actividad agrícola.
Darío Mendoza, un puestero de la zona, señaló que “estamos muy castigados por la sequía” y que falta forraje además de agua. “Ni maíz tenemos para las gallinas”, sentenció.
En toda la franja norte aledaña a El Tacuruzal, ubicada al norte de El Palmar, la falta de lluvias genera serios trastornos, dado que el agua para consumo humano comienza a traer inconvenientes en las familias que viven en los diferentes lotes.

