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¿Qué futuro tiene el algodón?

Tras superar el millón de toneladas en los '90 y caer a 190.000 en 2001, la producción resurge con el trabajo de familias y la tecnología de las empresas. El sistema de surcos estrechos revolucionó el manejo. La cosecha se recupera lentamente, luego de la crisis. Sin embargo, existen realidades distintas según se trate de los pequeños productores, casi de subsistencia, o de las grandes empresas.

Tras superar el millón de toneladas en los '90 y caer a 190.000 en 2001, la producción resurge con el trabajo de familias y la tecnología de las empresas. El sistema de surcos estrechos revolucionó el manejo. La cosecha se recupera lentamente, luego de la crisis. Sin embargo, existen realidades distintas según se trate de los pequeños productores, casi de subsistencia, o de las grandes empresas.
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Cuando a mediados de los 90 la fibra de algodón repuntaba su cotización en el mercado mundial, muchos productores (algodoneros y no) apostaron a un cultivo que, por entonces, daba buenos réditos. No obstante, la primavera duró poco, y cuando aún no se habían terminado de pagar los créditos de las maquinarias compradas, cayó la demanda, los precios se derrumbaron y el negocio se esfumó. Encima, por entonces, la soja, el girasol y el maíz, con un importante paquete tecnológico, empezaron a ser competidores fuertes para el algodón en el NEA, la zona núcleo aldogonera. Hoy, con precios de la fibra que vuelven a ser seductores, el algodón local muestra un incipiente repunte.

En este marco, se presentan dos realidades bien diferenciadas. Por un lado, la de los pequeños productores tradicionales, que siguen trabajando con métodos convencionales (siembra a 70 cm o 1 m, roturación y cosecha manual) que, con poca competitividad por los altos costos, la irregularidad de los precios que paga la industria por el algodón bruto y el endeudamiento, siguen luchando para mantener unas pocas hectáreas. La supervivencia sería quimérica si no contaran con beneficios que reciben en semilla, combustible y asesoramiento por parte de los gobiernos provinciales. Para este sector, el algodón, constituye un cultivo social, que genera trabajo y sustento a miles de familias en el norte del país. A los gobiernos de Chaco, Santiago del Estero y Formosa (nuclean el 93% del total de la superficie nacional) les interesa conservar a los pequeños productores, pero para lograrlo deben ayudar a que se incorpore tecnología. El ministro de la Producción de Chaco, Hugo Morand, destacó que esperan poder “llevar el nuevo modelo tecnológico a diversidad de productores”. En la misma línea está el gobierno de Santiago del Estero. Paralelamente a la producción tradicional está la situación de algunos jugadores importantes de la producción primaria, que invirtieron en maquinaria en los 90, no abandonaron definitivamente el negocio y ahora empezaron a buscar la manera de hacer rentable el cultivo con un mejor manejo agronómico, biotecnología y maquinaria.

Un caso es el de Unitec Agro, que en los 90 llegó a sembrar 9.000 hectáreas y con la crisis mantuvo apenas una superficie de 500 ha. La situación hizo que cambiaran a otros cultivos, mayormente, soja.

“Un cultivo altamente demandante de insumos caros, sin financiamiento después de 2001, y con precios internacionales bajos tuvo que competir con la aparición fulgurante de la soja RR, de bajo costo, sencillez productiva y precios en alza”, destaca Daniel Tardito, CEO de Unitec Agro, que produce con riego suplementario.

“Nuestra expectativa es recuperar superficie y creemos que de alguna manera el sector algodonero seguirá la misma tendencia ayudado por la estabilización de los precios internacionales y la mejor tecnología disponible”, opina Tardito. La presente campaña aumentarán la superficie a 1.100 ha, y las proyecciones son de 3.000 y 6.000 para campañas sucesivas.

Otro grande es el Grupo Sogico que, con 15.000 ha, produce 55.000 t de algodón procesado y proyecta un incremento de 20 a 30%. “Con tecnología, logramos buena rentabilidad y estabilidad en el rendimiento de fibra por hectárea”, destaca el gerente general de Sogico, Joaquín Fortuny.

Los megaproductores han ido cambiando radicalmente la forma de manejar el algodón. En este contexto, surge la estrategia de surcos estrechos, en la cual el sistema clásico de plantación en hileras espaciadas a 70 cm hasta 1m se cambia reduciendo la separación a sólo 52, 30 y hasta 25 centímetros. De esta manera se obtiene mayor número de plantas por hectárea (entre 200.000-250.000 en vez de 80.000-100.000), se usan variedades precoces y de ciclo más definido (lo que permite unificar la cosecha mecánica). Además, se logra una cobertura de la superficie de suelo más temprana que con surcos más anchos, con lo cual se compite mejor con las malezas por los efectos de cobertura y sombreado, y se capta mayor cantidad de energía solar, lo que redunda en más capacidad de fotosíntesis por unidad de superficie de suelo (esto es, más eficiencia en el uso de recursos). Otro manejo diferenciado se da con la utilización de reguladores de crecimiento para manejar la altura de las plantas y lograr una apertura de capullos concentrada para una cosecha temprana y única.

En lo que respecta a la utilización de biotecnología, ya se trabaja con algodón Bt y RR, y se evalúan ambos apilados, lo que permite un mejor manejo de plagas y malezas.

La recolección de los capullos en surcos estrechos puede hacerse con una cosechadora stripper que reduce los costos de recolección respecto de la cosecha manual. Según datos de la Asociación para la Promoción de la Producción Algodonera, la última campaña el costo de recolección a mano fue de entre 400 y 600 $/t, la cosecha mecanizada con sistema pickers (utilizado para cosecha a distancia convencional) alrededor de 250 $/t y con stripper, entre 100 y 200 $/t.

De las 270.000 ha que se hicieron en Chaco la última campaña, 30.000 fueron en surcos estrechos. En el oeste provincial para 2007/08 se duplicaría el área con este sistema.

âHoy el que se decide por el algodón tiene que hacer un cambio tecnológico importante, porque, si no es eficiente, pierde claramente la competencia con los otros commodities. Actualmente, en la provincia conviven dos sistemas: el que aplican las grandes empresas con más de 300 ha, siembra directa, biotecnología y más rindes por hectárea, y el tradicional, que hacen los productores pequeños con baja tecnología, labranza convencional, baja rentabilidad y que, a precios de hoy, se les hace difícil sostenerseâ, desta- có el subsecretario de Agricultura del Chaco, Walter Reichert.

Vale destacar que la Argentina no produce algodón de primera calidad ni es un jugador importante en el mercado mundial que lideran, EE.UU. como exportador y China como comprador. No obstante, en un mercado en el que EE.UU. la presente campaña perdió 28% de área respecto de 2006/07, las perspectivas no son desalentadoras para la Argentina. No obstante, aquellos que no cambien la forma de hacer algodón seguramente serán arrasados por la rentabilidad de la soja, el girasol o el maíz.El sistema de surcos estrechos revolucionó el manejo.

Juan I. Martínez Dodda / jdodda@infocampo.com.ar

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