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La década de los biológicos: a 10 años del primer biocontrolador que nació en Argentina

En 2014, la empresa Rizobacter lanzó Rizoderma, lo que le permitió hacer punta con los productos biológicos, a través de un biogunficida a base de un hongo. Lo celebró con una fiesta en Mar del Plata, en la previa de A Todo Trigo.

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Por Infocampo

“Rizoderma fue algo totalmente distinto y disruptivo porque tenía ventajas muy sobresalientes a lo que veníamos trabajando”, señaló Gabriel Mina, gerente de Porfolio de Productos de Rizobacter, al recordar los inicios de este terápico de semilla de vanguardia.

Corría el año 2014 cuando para la firma se llegó a un verdadero hito: tras años de investigación y desarrollo, y formulado en base al hongo Trichoderma afroharzianum registrado en la Argentina, el programa Rizoderma comenzaba a ser una realidad.

El giro a la bioprotección que emprendió Rizobacter es una tendencia que hoy se extiende a otros mercados del mundo”, se entusiasman desde la firma con más de 45 años en el mercado.

Hoy los biocontroladores se utilizan para proteger a los cultivos de la incidencia de plagas y enfermedades. Además, tienen múltiples mecanismos de acción que retrasan la aparición de resistencias en comparación con las alternativas químicas.

Además, a las excelentes características agronómicas, se suma el hecho de que los biocontroladores se alinean con las demandas crecientes de la sociedad en cuanto a una agricultura más sustentable y con una menor carga ecotoxicológica por hectárea.

EL BOOM DE LOS BIOLÓGICOS, DE LA MANO DE RIZODERMA

Hoy, para Mina, Rizoderma es “un emblema” de la empresa y del mercado en general, con más de un millón de hectáreas en las que se aplica este tipo de tecnología que, asegura, tiene “una eficiencia similar o inculso superior a cualquiera de los fungicidas que veníamos trabajando antes de síntesis química”.

Al respecto, el ejecutivo de Rizobacter recordó en diálogo con Infocampo que, cuando lanzaron este producto, “fue un cambio de paradigma total”, porque la firma ya era líder en tratamiento de semillas, pero en su mayoría con productos químicos.

Hoy, asegura que es un producto único por su formulación no solo en el mercado argentino, sino también a nivel mundial, y que por eso lo están llevando a Europa.

“No solo es una tecnología única, sino también distinta y a su vez eficiente y potente como cualquier fungicida de síntesis química. Es rentable para el productor, ambientalmente sustentable y agronómicamente muy adaptable a la nueva agricultura”, insistió Mina.

En tanto, para Agustín Biagioni, director Global de Marketing de Rizobacter, “los productos biológicos van a seguir creciendo a una tasa que va a duplicar la de los productos convencionales por muchos años”.

“Siempre que la performance no se vea afectada, el productor va a elegir una alternativa biológica, por las características positivas que tiene de cara al ambiente y por preferencia de la sociedad”.

No obstante, aclaró que “las soluciones biológicas van a seguir coexistiendo con las químicas”.

“Rizobacter tiene un componente esencial que es la confianza para explicar y acompañar los procesos de cambio que atraviesa el agro, concientizar sobre la importancia de las tecnologías biológicas y demostrar que son tan o más competitivos que las soluciones químicas, dado que son complementarias”, expuso Biagioni.

UNA ALIANZA “PROFARM”

En ese camino llegó la alianza con Marrone Bio Innovations, actualmente unidad de negocios llamada ProFarm.

La misma suma un portafolio de biocontrol y una gran cantidad de desarrollos para los próximos años, fruto de una colección de 18.000 microorganismos que se fueron evaluando como biofungicidas, bioinsecticidas y bioherbicidas, gestionados por un equipo científico de primer nivel.

“La experiencia que sumamos en los más de 40 años de trayectoria cerca del productor y el porfolio que tenemos de tecnologías, nos consolida como líderes en los segmentos donde estamos, y nos da una ´Fórmula 1´ para iniciar en nuevos segmentos como la bioprotección foliar”, afirmó el vocero de la compañía.

Por otra parte, el ejecutivo de Rizobacter reveló que la empresa pretende “acelerar más la penetración de biológicos a partir del desarrollo de soluciones que reemplacen algunos ingredientes de base química y dejando aquellos donde hoy en día los biológicos aún no tienen el mismo control. De esta manera, se reduce la carga química sin resignar rendimiento”.

“Existen tres beneficios principales que distinguen a Rizoderma de un terápico tradicional: en primer lugar, la baja o nula toxicidad para el ambiente; en segundo lugar, la mayor persistencia de control sobre patógenos; y, en tercer lugar, la performance en cuanto a rendimiento”, expresaron desde la empresa.

Además sumaron que “si bien los terápicos no se relacionan directamente con el resultado final de un cultivo, nosotros tenemos medido, a través de más de 10 años de ensayo, que Rizoderma supera en un 3% el incremento de rendimiento respecto al testigo de síntesis química de alta performance de la competencia”, afirmó Mina.

“Probablemente, esté directamente vinculado con su demostrado efecto PGPR (promotor de crecimiento) que venimos visualizando en las últimas tres campañas”, puntualizó el especialista de Rizobacter”, expuso.

TECNOLOGÍA DE EXPORTACIÓN

En 10 años de existencia Rizoderma logró cruzar varias fronteras: está registrado en toda Latinoamérica, contemplando los países de cultivos extensivos como Brasil, Paraguay, Uruguay, Bolivia y Colombia, y se encuentra en trámite de registro para la Unión Europea, Estados Unidos, Canadá y México.

“Europa está prohibiendo ingredientes activos de cara al 2030 y, como consecuencia, tanto productores como empresas buscan a Rizoderma como alternativa. Probablemente, sea uno de los fungicidas estrella de Europa en los próximos años”, confió el vocero de la organización.

Desde 2014 hasta la actualidad, Rizoderma llegó a cubrir aproximadamente 1.100.000 hectáreas en Argentina, de las cuales el 40% es soja, el otro 40% es trigo o cereales de invierno y el 20% restante está repartido en todo lo que es maíz y arroz. El crecimiento promedio, en términos de aplicación en superficies, en los últimos 10 años fue del 70%.

Gabriel Mina destacó que “en Argentina el uso de tecnologías de bioprotección viene incrementándose a una tasa promedio de entre el 16 y 17% anual”, mientras que la de las tecnologías químicas permanece en un 2%.

En ese sentido, la expansión de Rizoderma hacia otros cultivos en el tratamiento de semillas ya se hizo realidad. Hace 10 años estaba destinado solo para trigo y hoy está registrado para más de 10 cultivos, entre los que se destacan maíz, cebada, vicia, soja y todas las legumbres de invierno.

El proyecto que Rizobacter tiene con Rizoderma es ambicioso a tal punto que se busca adaptar su formulación para aplicaciones foliares.

“En Argentina ya está registrado para cultivos intensivos, con lo cual lo vamos a estar presentando a fin de este año o a principios del próximo”, adelantó el gerente de Porfolio de Productos de la compañía con sede en Pergamino.