Los hechos comenzaron cuando una formación en la estación Rosas sufrió desperfectos mecánicos y debió ser reemplazada por otra que estuviera en condiciones. La demora alteró los ánimos de los pasajeros, que creyeron que se trataba de un conflicto gremial y agredieron a guardas y maquinistas, según publicó Infobae.
Metrovias dio su primera versión en un comunicado firmado por la gerente de Relaciones Institucionales, Lucía Ginzo. Explicó que el convoy “se quedó sin tracción” y defendió la reacción de los pasajeros. “No se justifica pero es entendible que manifiesten su enojo contra los metrodelegados”, sostuvo.
Más tarde, en otro comunicado, la empresa dio un paso más y denunció un supuesto sabotaje que habría ocurrido durante la noche y habría sido descubierto “a las 5.30 horas”. A modo de prueba, argumentó: “Personal técnico de la empresa encontró un cable de retorno de tracción cortado que da continuidad eléctrica a los rieles, esencial para el desplazamiento de los trenes. Asimismo, las puertas de ingreso al sector técnico, donde se encuentra el sistema de señalamiento, estaban forzadas”.
Y divulgó dos fotos para probarlo.
“La falla ocurrida no permitió la puesta en servicio de las 19 formaciones que se encontraban disponibles a primera hora de la mañana. La empresa realizó las denuncias pertinentes y se encuentra investigando”, indicó el comunicado, que no identificó a los responsables, aunque indirectamente está claro que apuntó a los metrodelegados.

