Luego de la aprobación por parte del gobierno argentino de su soja Intacta RR2 Pro, Jesús Madrazo, uno de los ejecutivos más importantes de Monsanto, agradeció ese gesto oficial. Pero advirtió que falta “una última parte” para que la empresa pueda lanzar la nueva soja. Se refirió al sistema que debe permitir el control del pago de regalías por parte del productor y la captura de valor.
“Es una señal muy clara del Gobierno, que dice esto es importante; vamos para adelante”, señaló Madrazo, sobre la aprobación de su tecnología.
La nueva soja llega después de 16 años sin el lanzamiento de productos de alto impacto en este cultivo. De hecho, en 1996 se aprobó la primera versión de la soja transgénica solamente resistente al herbicida glifosato. Con esa aprobación, la soja saltó de 6 millones de hectáreas a los 18,3 millones de hectáreas implantados en la última campaña.
Monsanto no patentó esa primera tecnología y cuando pretendió cobrar regalías a los productores argentinos por ella se encontró con la resistencia de entidades gremiales del sector y del gobierno del ex presidente Néstor Kirchner. En medio de una fuerte disputa, en 2005 y 2006 inició varios juicios a los importadores de la soja argentina a Europa y logró frenar embarques. Sin embargo, la empresa después desistió de esa ofensiva y abrió una etapa de búsqueda de consensos.
Para la nueva soja, la compañía logró patentarla. Y fue un paso más allá. Impulsó, junto al resto de la industria semillera, la firma de cartas acuerdo en las que los productores, por su propia voluntad, expresaban el compromiso a pagar regalías si llegaba la nueva soja. Así, la empresa consiguió la firma de cartas de agricultores que siembran el 90% de la superficie del norte del país y el 68% del resto del territorio.
“Hemos recibido una retroalimentación fenomenal de parte de los productores (por la tecnología); los productores la están pidiendo”, señaló el ejecutivo de la multinacional.
Según publicó la nación, advirtió que falta terminar de cerrar el sistema de lo que va a ser la captura de valor o cobro de regalías.
“Nos falta la última parte, que es cerrar el sistema con exportadores y elevadores (por acopiadores). Una vez que esté eso comenzará el lanzamiento de la nueva tecnología”, precisó Madrazo.
En la cadena de granos hay negociaciones para que se pueda establecer un mecanismo de control de pago para la nueva tecnología. La idea es que, si el productor no pagó regalías al momento de comprar la semilla, lo haga si usó esta tecnología en el momento de la venta de grano. Para ello se está analizando que incluso las bolsas de cereales participen en el sistema para que en los contratos de venta de soja se establezca una cláusula para determinar si el productor usó la tecnología y pago regalías.
Pero para esto es importante la presencia de acopiadores y exportadores en el sistema, ya que es a quienes les entrega su mercadería el productor. Se estima que si paga la regalías al comprar la bolsa el productor abonará menos que si espera hasta el momento de la venta del grano producido.
Hasta el momento, la firma cerró convenios de licencias con varios semilleros argentinos (entre ellas, las líderes en ventas en esta oleaginosa Nidera y Don Mario) para que su nueva tecnología resistente a glifosato e insectos esté presente en las variedades de soja de esas empresas. Pero la firma no descarta también tener su propia semilla. “Estamos evaluando lanzar la marca propia”, indicó Pablo Vaquero, vicepresidente de Monsanto Argentina.

