El comienzo del año en los campos de la zona centro y noreste de La Pampa estuvo marcado por el desarrollo de la campaña gruesa, principalmente de girasol, pero también por una inquietud que va ganando espacio en el debate entre productores: el estado de los suelos.
Con esta premisa, en la zona ya se trabaja en un modelo productivo a campo cuya premisa es la de cuidar esos suelos y recuperar los que muestran síntomas de agotamiento y falta de nutrientes.
De ese modo las empresas Pelayo Agronomía, con sede en General Pico; Gente de La Pampa, de Catriló; la multinacional de origen estadounidense PepsiCo y el grupo multidisciplinario AGSUS de La Universidad Nacional de La Pampa se unieron para dar testimonio de una problemática pero a la vez mostrar una respuesta y solución organizada.

Profesional de AGSUS muestra el estado de uno de los suelos
SUELOS EN LA PAMPA: LA PROBLEMÁTICA
“Empezamos a ver que los rendimientos se nos estancaban. Hay campos en los que se fue perdiendo superficie gradualmente, y en algunos casos graves se registraron pérdidas del 20%. Eso nos impulsó a revisar el sistema de producción”, aseguró Lucas Minetti, responsable de Sustentabilidad de Pelayo Agronomía, que produce 250.000 toneladas de granos y comercializa unas 400.000 toneladas. A la vez procesa y vende anualmente 400.000 bolsas de semillas de soja y trigo fiscalizadas.
Ante esa realidad, la firma pampeana decidió acudir a AGSUS con la idea de diagnosticar los suelos sobre los que producen y poner en marcha prácticas que permitan regenerarlos.
En ese camino, la duración de los contratos de alquiler, que generalmente se acuerdan por lapsos de un año, se volvía una de las principales barreras para expandir este modelo.
De esa manera, hace dos años comenzaron a certificar en algunos campos cuyos dueños compartían la inquietud por el futuro del principal recurso para la producción agrícola y accedieron a contratos de alquiler más largos.
Se trataba de un verdadero “punto de dolor” en la gestión de los campos. Hoy la firma certifica el 20% de la superficie total de más de 70.000 hectáreas sobre las que produce.

Lote de girasol en La Reserva
A la vez la firma de Catriló denominada “Gente de La Pampa”, que tiene una trayectoria de 50 años y procesa más de 250.000 toneladas de cereales y oleaginosas anuales, para lo que se abastece de girasol y soja producidos en un radio de 80 kilómetros, mantiene un vínculo comercial de más de 30 años con Pelayo.
Gente de La Pampa ya contaba con diferentes normas certificadas para abastecer a todas las empresas alimenticias argentinas de primer nivel, pero los requerimientos que llegaban desde la multinacional estadounidense PepsiCo, bajo la cual ya estaban enmarcados en un proceso de trabajo regulado por la normativa internacional ISCC Plus, fortaleció el vínculo con Pelayo y abrió paso a empalmar esa sustentabilidad del proceso industrial con lo que sucede en el terreno de la originación.

El aceite que produce Gente de La Pampa abastece a comercios pero también a otras industrias, como PepsiCo
EL PAPEL DE LOS ACADÉMICOS
En ese marco entró en juego la Universidad Nacional de La Pampa, a través de su grupo multidisciplinario AGSUS. Dirigido por la doctora Elke Noellemeyer, responsable del programa que mide el estado de los suelos y asesora a productores agropecuarios de la región, afirmó: “Llevamos más de 50.000 hectáreas evaluadas y certificadas y puedo decir que, en promedio, todos los suelos están degradados”.
Ese panorama productivo llevó a combinar la certificación de calidad generada por AGSUS y respaldada por profesionales de la casa de estudios, con la ISCC Plus. Y todo con el visto bueno de PepsiCo, una de las principales compradoras de todo lo que genera esta cadena comercial.

Elke Noellemeyer
Por eso Santiago Desmery, gerente regional de aceites LATAM de PepsiCo, opinó que “si se quiere transformar hay que hacer una alianza estratégica con gente que tenga la misma convicción que vos de que esa transformación es posible. Y si bien el precio todavía termina mandando en la góndola, ya hay muchos consumidores que son holísticos en su manera de comprar y definen eso en función de quién produce y cómo”.
En muchos casos, explicó Noellemeyer, algunos campos “vienen de agriculturas muy agresivas, pero también hay suelos con buenos perfiles, que responden rápidamente. Ahí es que en dos años aproximadamente se ven los resultados, hay formas de recuperar los suelos más allá de que en algunos sea más fácil u otros en los que hay que ‘resetearlos’ con alguna pastura”.
Entre otras herramientas de análisis, AGSUS trabaja en la zona con Evaluaciones Visuales del Suelo (EVS) y establece una metodología validada por la FAO. A través de la misma mide aspectos como textura, estructura, porosidad, color, moteados, lombrices y macrofauna, profundidad de raíces, compactación, encharcamiento, costras y cobertura, erosión, y salinidad y alcalinidad.

Una de las tres calicatas con las que se mostró el estado de los suelos
“UN VIAJE DE IDA”
Ante la situación, y la propuesta, el conjunto de productores, empresarios y profesionales de la academia organizaron un evento a campo que se dio esta semana en la Estancia La Reserva, de Catriló. El evento se denominó “Un viaje de ida”.
Algunos testimonios dieron cuenta del momento que atraviesan los suelos y la inquietud entre quienes viven el día a día de la producción. Uno de los más sentidos fue el de Fernando Herzel, gerente de producción de Pelayo.
“Los ingenieros agrónomos que nos desarrollamos en la era de la soja RR nos dedicamos por años a subir dosis de glifosato, pero ahora la agricultura requiere de otros cambios. Estamos matando a la vaca lechera y la nueva camada de agrónomos es la oportunidad para mejorar a tiempo”, manifestó.
Y lanzó: “Un integrante joven de mi equipo me dijo hace poco que no quiere ser de la generación de profesionales que haya contribuido a la degradación de los suelos, es hora de darles la razón y acompañarlos en ese proceso”.

Herzel pidió “disculpas” en el evento
Por eso, algunas de las palabras que más se escucharon durante la jornada en la cual participó Infocampo fue “sinceramiento” y “mea culpa”. Las mismas fueron acompañadas por la inquietud de los dueños de los campos por garantizar el suelo que legarán a sus hijos.
“Esto no es una prueba piloto, ni una moda: es algo real que está pasando y en lo cual venimos trabajando hace dos años. Vino para quedarse y por eso el lema de la jornada fue ‘Un viaje de ida’. Lo que proponemos es organizarnos como cadena de valor para hacer un cambio de paradigma de la manera en la cual hacemos agricultura en la Argentina, por haberla practicado en muchos casos como una industria extractiva”, definió Tomás Lorda, gerente general de Gente de La Pampa.

La mayonesa que produce y comercializa Gente de La Pampa abastece comercios de la región
Por su parte, Germán Guastella, gerente general de Pelayo Agronomía, insistió en la necesidad de hacer más y mejor agronomía de la mano de los profesionales pampeanos que encuentran en iniciativas como esta la posibilidad de desarrollarse y crecer en su lugar de origen.
“Los números son cada vez más finos y nos toca invertir en cuidar el principal recurso, aún siendo un activo ajeno, para que el negocio siga existiendo. Tenemos todo para hacerlo, ahora el camino a recorrer será tocar la puerta de cada dueño de campo y repensar juntos el modelo que nos permita lograrlo”, concluyó el titular de Pelayo.

Tomás Lorda

