Gran parte de los agrónomos y de los veterinarios eligen la carrera por dos motivos: legado, continuar esa pasión que de pequeños vieron en sus padres y abuelos; y, en segundo término, por el contacto con la naturaleza, bajo la frase: “no me imaginaba adentro de una oficina todo el día”.
Sin embargo, la letra chica de ese “contrato profesional” también impone que muchas veces hay que estar lejos de las familias, metiendo muchos kilómetros y horas de ruta, poniendo el cuerpo al sol y al frío, con imprevistos de la propia naturaleza y las máquinas, y otros propios de una industria a cielo abierto.
Como cada año, el pasado jueves 6 de agosto se conmemoró el Día del Ingeniero Agrónomo, del Médico Veterinario y de la Enseñanza Agropecuaria en general, una fecha que conmemora el inicio den 1883 de los estudios superiores de agronomía y veterinaria, en el Instituto Agronómico y Veterinario de Santa Catalina, en Llavallol, Buenos Aires.
Día del Ingeniero Agrónomo: el desafío de la formación en la era de la IA y las habilidades blandas
Por eso, desde Infocampo, para enfatizar la relevancia de esta profesión, decidomos contar seis historias que reflejan el sentimiento de miles de profesionales que forman parte esencial en la producción de alimentos argentina.
AGRÓNOMOS Y VETERINARIOS
Quienes contaron su historia fueron los veterinarios Fernando “Patacón” Grippaldi, Javier Rojas Panelo y Valentina Martínez Fleming; y los agrónomos Mauricio Davidovich, Inés “Mané” Amuchástegui y Laura Mihaljevic.
¿Por qué eligieron la profesión?
“En mi caso no fue por legado, porque en casa la única tierra era la de las macetas (diría mi papá), asi que elegí por la pasión que me generó el campo y su gente”, cuenta Grippaldi.
Quien sí tuvo legado fue Rojas Panelo, hijo de veterinario, siempre acompañando al ‘viejo’ a trabajar: “Estaba destinado, de chico me gustaron los animales, el campo y las vacas”.

Javier Rojas Panelo
Algo parecido le pasó a Valentina, que hoy está en Tres Arroyos trabajando en una veterinaria de pequeños animales, “aprendiendo mucho”, aunque no deja de soñar con lo que más le gustaría, los grandes animales.
“Nunca sentí que hubiera elegido, desde que tengo memoria quise ser veterinaria y jamás me imaginé haciendo otra cosa, fue vocación pura”, repasa.
También, entre los agrónomos, Davidovich dice “dudé entre veterinaria o agronomía, pero siempre supe que quería hacer algo en el campo”.
Lo de Amuchástegui viene de familia, su padre y su tío crearon en Córdoba la firma Tecnocampo, y ella recuerda de chica con su padre arriba de la cosechadora y la mamá poniendo plantas.

“Mané” Amuchástegui
“Nunca me imagine en otro ambiente ni en otro rubro, no creo que exista otra carrera tan holística que contenga clima, biología, química, economía, investigación, administración, sociología, industria, sustentabilidad, tecnología, etc”, dice “Mané”.
También Mihaljevic abrazó el legado familiar, al ser una productora de cuarta generación en un establecimiento fundamentalmente frutícola de la Patagonia: “De chica me gustaba caminar entre las plantas, sentía mucha pasión por la fruticultura y quería estar en la naturaleza, elegí agronomía pero también podría haber sido veterinaria porque tenemos animales”, cuenta Laura que hoy es también docente en una escuela agrotécnica y asesora privada.
¿Qué es lo que más les gusta de sus trabajos?
Casi todos ponderan, entre las cosas que más les gusta, estar al aire libre y trabajar con personas. “Además del campo y los animales, me gusta mucho viajar, conocer rutas, pueblos y distintos lugares”, dice Rojas Panelo.
“En un entorno sano”, agrega “Patacón” desde la otra punta. “Sin dudas, -acota Valentina-, lo más lindo es trabajar con animales”. Y suma: “También la versatilidad que tiene la profesión, no hay dos días iguales y existen muchísimas áreas en las que desarrollarse, siempre con nuevos desafíos, todo eso hace que sea una profesión apasionante”.
En una misma línea, “Mané” coincide en lo bueno de la “no rutina” y “los nuevos desafíos en un ambiente sano”. “Es una profesión que invita a pensar en los propósitos inmediatos y directos, pero también los de mediano plazo en cada decisión, producto aplicado, toro elegido o variedad sembrada”, completa.
“El campo nos representa como país, Argentina es campo y agroindustria, y poder llevar del campo a la mesa productos con valor agregado es algo que me resulta increíble”, se entusiasma Amuchástegui.

Laura Mihaljevic
Algo en lo que coincide Mihaljevic cuando dice que lo que más le gusta de producir alimentos “es saber que estoy haciendo historia detrás de cada fruta que nos compran y que es con mucho sacrificio, todo el tiempo siento que estoy haciendo patria, que lo estoy haciendo por el mundo”.
Davidovich, en tanto, disfruta del aire libre y de haber conocido distintas zonas y modelos productivos y que “es un placer que todos los días mi oficina sea un paisaje distinto y aprender de la naturaleza y de los equipos de trabajo”.
¿Qué es lo más sacrificado?
Viajar y eso de tener “la oficina en medio de la naturaleza”, es una moneda de dos caras. Se disfruta, pero también se sufre. Está en el podio de lo más sacrificado para agrónomos y veterinarios.
Lo ponen sobre la mesa Davidovich y Rojas Panelo. “Estar lejos de casa implica perderte muchas cosas”, dispara Davidovich. “Es una profesión cansadora, terminás liquidado después de muchas horas en la manga y tenés que subirte al auto o camioneta para volver a casa, en invierno salimos y volvemos de noche”, agrega Rojas Panelo.
“El apostar tanto en algo que no depende netamente de lo bien que lo hagas”, remarca “Mané”. Y acota: “Hay demasiadas variables que influyen en el resultado y están fuera de tu alcance: lluvias, granizo, política interna, política externos, mercados, guerras, etc”.
“Sí, hay que aprender a llevar adelante esa frustración”, coincide Mihaljevic, quien también se refiere a las dificultades con el manejo de personal: “Tenemos un equipo fantástico, pero el recambio, los últimos años, en la fruticultura ha sido muy complicado”. También “se sufre con el clima, una supervivencia difícil”.

Mauricio Davidovich
Desde otro ángulo de la profesión de veterinaria, hoy trabajando con animales pequeños, Valentina habla de sobrellevar “la carga emocional” de “no siempre poder salvar a los pacientes, y tener que acompañar a las familias”. Además “es una profesión con horarios impredecibles”.
Como cierre, para Grippaldi, lo más complicado es “intentar entender por qué algunos se niegan al cambio para crecer”.
¿Qué tecnología te ha sorprendido o te ha facilitado y mejorado tu trabajo?
Como en todas las profesiones, las nuevas tecnologías están revolucionando también al campo y todo lo que allí se hace.
“A veces un excel o las aplicaciones para tomar, evaluar y procesar datos te dan de comer más que un lazo”, dice, con sapiencia y aggiornado a los tiempos que corren, el “Patacón” Grippaldi.
“Sin duda los teléfonos inteligentes, algo tan simple como el whatsapp te permite conectarte con cualquiera y hoy starlink nos permite hacer de todo conectados en campos donde antes quedábamos incomunicados”, opina Rojas Panelo.
También Davidovich se apunta en la mejora de las comunicaciones: “Me ayudó mucho en la eficiencia en el uso del tiempo, por la conectividad durante los viajes”.
También se refiere a la IA: “Nos va a seguir rompiendo la cabeza”. Y, aunque no es una tecnología, pondera lo que más le ayudó a mejorar como profesional y como persona: “El Movimiento CREA”.
“Creo que la tecnología ha cambiado y va a seguir cambiando nuestra profesión”, ratifica Valentina. Y explica: “Me sorprendió mucho cómo la tecnología mejoró las herramientas de diagnóstico, la radiografía digital, la ecografía y los análisis de laboratorio permiten obtener información en muy poco tiempo y tomar decisiones más rápidas y precisas, y en animales grandes también destaco la ecografía reproductiva, los equipos portátiles y las herramientas de diagnóstico a campo permiten trabajar con mucha más precisión sin necesidad de trasladar al animal”.

Fernando “Patacón” Grippaldi
También por el lado de las aplicaciones está Amuchástegui: “Registrar con fotos, grabar inmediato, evitar doble traspaso de data. Me ahorro tiempo, errores de tipeo y hacen indicadores, gráficos y estadísticas propias y en el instante”.
Mihaljevic destaca, finalmente, que “todo lo que tiene que ver con la tecnología electrónica”, también “los drones, que son una maravilla en algunas aplicaciones”, y “la comunicación, estar comunicados con cualquier parte del mundo es admirable, nos permite anticiparnos a lo que viene”.
¿Qué le dirías a un joven que está arrancando con la profesión?
¿Hay futuro? ¿Cuál? ¿Cómo será? Estas deben ser algunas de las preguntas que se hacen los agrónomos y veterinarios del futuro. ¿Qué le podrían recomendar los profesionales de hoy?
“Que busque algún veterinario que lo pueda llevar al campo, que forme un equipo y que no deje de estudiar nunca”, recomienda Rojas Panelo. Y como por lo bajo, lanza al aire una gran recomendación: “Que hagan ejercicio, no como yo que arranque hace poco…”.

Valentina Martínez Fleming
Con ciertos puntos de coincidencia, Grippaldi esgrime: “Que arranque despacio, que todo llega y que sepa cuidar su herramienta de trabajo: su cuerpo; que no estamos obligados a tener siempre una respuesta y sepa que un número calla mil palabras”.
“Disfrutá el camino, preguntá mucho y nunca dejes de aprender”, aporta Martínez Fleming. Y comparte: “Que le meta garra y más garra todavía, que es cierto que es una carrera (veterinaria) que exige muchísimo y tiene noches eternas de estudio, pero cuando realmente te apasiona, todo ese esfuerzo vale la pena”.
“Le diría que es una profesión lindísima, que la naturaleza nunca deja de sorprenderte, que el producir cuidando al medio ambiente debe ser un objetivo común, que el dato siempre es un aliado a la hora de tomar decisiones y que trabajar en equipo es el medio para llegar a buenos resultados”, resume Davidovich.
“Les diría que lo hagan con confianza, que todo lo que emprendan sea a pie firme, que no pierdan tiempo, es muy valioso el tiempo en nuestra profesión, que se enfoquen, pongan un punto en el horizonte de objetivos y le metan para adelante”, completa.
“Siempre nos hicieron creer que para progresar y tener buena vida había que huir a la ciudad, capacitarse y buscar buen trabajo allá. Hoy no se trata de irse al campo para aislarse del mundo, sino para transformarlo. Se trata de liderar la sostenibilidad, de devolverle la vida a los suelos, de impulsar economías regionales y de demostrar que se puede construir un proyecto profesional y familiar sin sacrificar la buena vida y conexión tranqueras afuera”, cierra Mané Amuchástegui, con el entusiasmo de aquellos que han recorrido, pero sienten que aún les queda mucho por recorrer y aprender.

