Durante la cumbre del cambio climático (COP20), las naciones de América latina se fijaron como meta recuperar en total 20 millones de hectáreas con el fin de aumentar la producción tanto ganadera como agrícola de forma tal de mitigar el cambio climático en la región.
El mundo cambió. Ya no es más aquel en donde se sabía casi con exactitud lo que pasaba con el clima.
Hoy es difícil predecirlo. Hace dos años, exactamente, la pampa argentina era beneficiada con lluvias por arriba de los 300 milímetros.
Según publicó Diario Bae, el tema es que nunca se habían dado en pleno invierno. Como consecuencia, 11 millones de hectáreas estaban bajo el agua. Doce meses después 20 millones de hectáreas necesitan de agua para el inicio de la siembra de maíz y soja.
Esta variabilidad climática tiene que ver con lluvias muy intensas y muy concentradas que antes no se las veía o con calores intensos. Y esto también esta contribuyendo a la erosión de los suelos, pero el hombre puede hacer algo para mitigarlo y es precisamente con fertilizantes y rotaciones de cultivos, todas herramientas que sirven a su menor impacto. Dependerá entonces del hombre para empezar a revertir la situación del suelo. La naturaleza no puede hacer todo, necesita de una mano para seguir proveyendo recursos a la humanidad.
En ese sentido, el desafío para Argentina pasa por compatibilizar tierras degradadas con la necesidad de aumentar la producción y de disminuir el efecto invernadero. Para el secretario de Agricultura, Gabriel Delgado, quien participó del encuentro; “el objetivo es minimizar la incorporación de nuevas tierras para la ampliación de frontera agropecuaria”.
Esto significa producir pero no, a cualquier costo, ni ambiental, ni social.
La agriculturización y la sojización, acompañado de la no fertilización, viene provocando la erosión de los suelos, dejándolos expuestos a todo tipo variabilidades climáticas que van quebrando y desnudando las diversas capas que la contienen de la acción de lluvias y vientos.
Hoy es necesario revocar eso. Y para eso faltan leyes que permitan cumplir con mínimos de sustentabilidad de la seguridad alimentaria, y en ese sentido es hacia donde va la Argentina. La promulgación de una ley de suelos que permita devolverle su rol como recurso estratégico para un país, es un paso. La necesidad de otros áreas será clave para cumplir con los objetivos.

