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Técnicas, experiencias y modelos en la nueva edición de RIA

La siembra directa y su impacto en el suelo, un nuevo modelo estadístico bautizado como “Cobayo INTA”, experiencias sobre denominaciones de origen y una perspectiva de las ciencias desde la sociología rural son algunos de los temas de este nuevo número.

infocampo

La Revista de Investigaciones Agropecuarias (RIA) editó su segundo número del año y en sus primeras páginas se presenta a la siembra directa como una decisión agronómica que combina rotación de cultivos, fertilizantes y agricultura de precisión para aumentar la producción y preservar los recursos naturales.

La siembra directa (SD) es una técnica basada en el cultivo de la tierra sin arado previo que fue adaptada en más del 70 por ciento de la agricultura argentina y, según definió la especialista en suelos del INTA Paraná, Carolina Sasal, “apareció como respuesta técnica al problema de degradación de los suelos laboreados y erosionados de la región pampeana y su amplia difusión respondió, fundamentalmente, a razones económicas como la reducción en el uso de combustibles fósiles y a su simplicidad operativa”.

Debido a que en las últimas décadas hubo un marcado desbalance en la selección de cultivos, en el que predominó la soja, los especialistas aseguran que la siembra directa es una buena opción si se practica con rotación de cultivos para garantizar un balance de los nutrientes y la materia orgánica en los suelos, el aprovechamiento del agua y un efecto inhibitorio sobre diversos patógenos (plagas, malezas y enfermedades).

Según estimó el director del Instituto de Suelos del INTA, Miguel Taboada, “en la próxima década debemos producir alimentos en 10 millones de hectáreas adicionales para poder abastecer a la población creciente. Si se tiene en cuenta que las tierras fértiles están todas cultivadas y se tiene que avanzar sobre áreas con mayores riesgos de degradación, la fertilización y la siembra directa son herramientas aptas para atenuar los crecientes problemas de contaminación y deterioro de suelos, aguas y atmósfera”.

Por otra parte, en esta nueva edición se presentará un modelo estadístico desarrollado por el INTA y validado por Senasa para estudiar la calidad de las vacunas bovinas: el Cobayo INTA.

“Este control es inédito. Por ahora se aplica obligatoriamente a dos virus, el que genera la Rinotraqueítis Infecciosa Bovina (IBR) y Rotavirus Bovino grupo A (RVA), y durante este año se empleará para el virus de Parainfluenza bovina tipo 3 (PI-3). De acá en adelante agregaremos más antígenos hasta llegar a controlar los seis agentes incluidos en las vacunas (Coronavirus, virus de la Diarrea viral bovina y Respiratorio sincicial)”, destacó a la Revista RIA la responsable del Laboratorio de Virus Diarreicos del INTA Castelar, Viviana Parreño.

Los estudios se basan en un modelo matemático de dosis-respuesta que se encuentra relacionado con la concentración de antígeno viral presente en la vacuna y el nivel de anticuerpos inducido en los animales vacunados y lo especial de este modelo es que utiliza un animal de laboratorio en lugar de la especie de destino para evaluar la potencia de las vacunas.

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