Es que es justamente en el “corn belt”, el cinturón maicero estadounidense, donde se juegan por estos días las chances de una muy buena cosecha, lo que seguramente se concretará si no media alguna contingencia climática extrema que pueda afectar al cultivo que se encuentra en plena floración.
Hasta ahora, los reportes del país del norte destacan que más del 65 por ciento del cultivo está en estado “bueno/excelente”. En ese caso, habrá recuperación de stocks y los precios internacionales del grano tenderán a la baja, lo que ya fue adelantado por el propio Departamento de Agricultura (USDA) hace más de 2 meses y se está viendo más claramente en las cotizaciones a futuro (marzo-abril 14) del cereal, justo en el momento en que se realiza la cosecha argentina. Para entonces, el precio Chicago apenas roza los u$s 160 por tonelada, sensiblemente menor que los niveles del año pasado para esta misma época.
Este dato, fruto de la expectativa de que Estados Unidos logre 50-60 millones más de su ya voluminosa cosecha, más el hecho de que la recolección sólo por el cultivo de segunda en Brasil alcanzaría el récord de 42 millones de toneladas y, por sobre todo, el relativo “enfriamiento” de la economía mundial (con su consecuente caída de demanda) que ya hace prever que el extraordinario ciclo mundial de los commodities, que duró casi 10 años, estaría finalizando, afectan especialmente al maíz.
Este cóctel, de por sí bastante desalentador, se agudiza sensiblemente al incorporarlo al plano local.
Es que mientras se visualiza esta tendencia mundial a la baja, localmente los costos de producción interna se dispararon, y se suma un sensible incremento en el costo de los fletes que directamente “saca” de mercado a las producciones que se encuentran a más de 500 kilómetros de distancia a puerto.
Así las cosas, la campaña 13-14 que se preveía de cierta recuperación para el cultivo, volvería a mantenerlo estancado en alrededor de 4-5 millones de hectáreas de siembra, lo que haría repetir (si el clima lo permite) una cosecha de 24-25 millones de toneladas, similar a la actual, como coinciden la mayoría de los analistas.
Naturalmente, la situación sería bastante mejor si no se le aplicaran las retenciones de 23 por ciento, sobre un dólar oficial de alrededor del $ 5,40, que implica una quita de magnitud en el resultado final.
Y, si todos los factores anteriores se computan con el aumento, en dólares, en el último año de insumos clave como la semilla (+4 por ciento), herbicida 2-4 D (+8,5 por ciento), o Glifosato (+16 por ciento), entre otros, el resultado es francamente desalentador para la mayoría.
La caída se refleja en datos como los precios relativos del maíz que destaca la publicación especializada Márgenes Agropecuarios, donde se ve un sensible incremento en la cantidad de quintales promedio del cereal que se requieren para la compra de los principales insumos, incluyendo maquinarias y pick ups, y que hoy se ubican entre los más altos de la década.
Los productores, que ya aprendieron a “afinar la punta del lápiz” señalan, además, que a los aumentos de insumos y combustibles, hay que agregarle el de los fletes, más el IVA por este servicio que, como el campo tiene crédito “estructural” por este gravamen, no le sirve de nada pues directamente no lo puede descargar.
De tal forma, de no mediar una alteración climática que afecte la cosecha estadounidense, caso en que, al ser muy escasos los stocks mundiales, los precios del maíz nuevamente se podrían afirmar, lo más probable es que la Argentina repita en la campaña 13/14 la regular performance del último ciclo. Se va a disminuir, además, la cantidad de insumos a utilizar (fertilizantes, agroquímicos, etc.), lo que también afectaría negativamente en los rindes, y los campos más alejados de puerto, que igual se larguen a hacer el cultivo (con mucha menor inversión), lo destinarán al “uso propio” (para ganadería, tambo o utilización local), ya que no logran, con los pronósticos de hoy absorber el costo de los fletes.
Así, nuevamente, se vería postergado el despegue de un cultivo cuyo potencial es innegable, y que cuenta con un valor estratégico insustituible, especialmente, por el lado de la sustentabilidad ambiental, debido a su rol en las imprescindibles rotaciones a la hora de cortar los ciclos biológicos de una serie de plagas, y de mantener la estructura y la fertilidad del suelo.

