La campaña de trigo 2024/25 dejó señales claras de recuperación en todo el país, pero principalmente en el sudeste bonaerense, donde en algunos campos los resultados fueron un paso más allá.
Un ejemplo concreto es la estancia Santa Marta, ubicada en el partido de Balcarce y perteneciente a la Compañía de Tierras Sud Argentino, del Grupo Benetton. Allí el cereal promedió 5.882 kg/ha, con picos que superaron los 7.500 kg/ha.
No fue un récord absoluto, pero sí el segundo mejor rinde de los últimos 10 años del establecimiento, un dato que invita a revisar qué hubo detrás de esos números que deja mucho optimismo en los productores de la zona.
“Más allá del clima favorable, fueron decisiones sostenidas en el tiempo”, coinciden Juan Pimentel y Gonzalo Varela, integrantes del equipo agrícola del campo.
En un planteo de gran escala, con más de 16.000 hectáreas totales y ambientes muy contrastantes, la clave estuvo en no improvisar: rotaciones definidas, manejo por ambientes y una genética conocida, probada y estable.
EL TRIGO EN UN AMBIENTE EXIGENTE
Vale recordar que el sudeste bonaerense combina potencial con riesgo. En Santa Marta conviven suelos someros, con tosca cercana a la superficie, y otros profundos, de más de un metro, con clara aptitud agrícola.
“Hay incluso lotes en zonas altas de la sierra donde directamente no se puede sembrar”, describe Varela. Esa heterogeneidad obliga a ajustar cada decisión, desde la fecha de siembra hasta la nutrición.
La rotación es una de las bases del sistema. En cultivos de invierno, la superficie se reparte en partes iguales entre trigo y cebada, mientras que en verano el esquema se completa con girasol, maíz y soja.
A esto se suma una fuerte integración ganadera, con cría, ciclo completo, feedlot y aprovechamiento de rastrojos, que aporta estabilidad al planteo general.
TRIGO: GENÉTICA CONOCIDA Y MANEJO AFINADO
De las 1.600 hectáreas sembradas con trigo, casi mil se implantaron con Baguette 802, una variedad de ciclo largo ampliamente difundida en la zona.
“En superficies grandes necesitamos materiales confiables. El 802 es un caballito de batalla que nunca falla”, resume Pimentel. La siembra arrancó el 25 de mayo y finalizó el 10 de junio, una ventana que permitió capitalizar el potencial del material.
El manejo nutricional fue otro punto central. Se aplicó una base uniforme de 100 kg/ha de urea y luego se ajustó el nitrógeno según ambientes, con correcciones líquidas y asesoramiento externo especializado.
“La ambientación en fina la usamos principalmente para nitrógeno; ahí está buena parte de la eficiencia”, explica el técnico.
La campaña no estuvo exenta de problemas. Hubo heladas, algunos daños por granizo y pérdidas puntuales por encharcamiento. Sin embargo, la combinación de genética y manejo amortiguó los impactos. “Aun con esas dificultades, el cultivo respondió muy bien”, señala Varela.
TRIGO: NÚMEROS QUE EXPLICAN EL BUEN AÑO
El promedio final de 5.882 kg/ha ubicó a la campaña entre las mejores del historial del establecimiento, solo superada por la 2021/22.
En los mejores ambientes, el potencial se expresó con rindes de más de 7.500 kg/ha, confirmando que el techo productivo sigue estando alto cuando las variables se alinean.
El acompañamiento técnico también tuvo peso. La relación con Nidera es de larga data y se complementó con el trabajo del RED.IN El Clavijero.
“Las densidades de siembra fueron recomendación directa del equipo técnico, con seguimiento a campo, vuelos con dron y diálogo permanente”, destaca Varela.
El caso de Balcarce muestra que el buen año del trigo no fue solo consecuencia de un clima benigno. Fue el resultado de un sistema ordenado, con rotaciones claras, manejo por ambientes y decisiones coherentes en el tiempo.
En un contexto donde el cultivo vuelve a ganar protagonismo en las rotaciones, los números dejan una enseñanza concreta: cuando el trigo se maneja con precisión, responde, incluso en ambientes desafiantes del sudeste bonaerense.

