Durante años, el orégano producido en San Carlos recorrió un camino repetido: salía de Mendoza a granel, era fraccionado en otras provincias y, en muchos casos, perdía toda referencia sobre su origen.
En otras palabras, para el consumidor era simplemente orégano, sin distinguir de dónde provenía ni qué características lo hacían diferente.
Ese modelo comenzó a cambiar con la Indicación Geográfica (IG) “Orégano de San Carlos”, una certificación única a nivel mundial que busca convertir a este cultivo tradicional del Valle de Uco en un producto con identidad propia y mayor valor agregado.
En el Valle de Uco celebran por el primer orégano del mundo con indicación geográfica
UN PASO ADELANTE PARA EL ORÉGANO DE SAN CARLOS
Aunque este sello de calidad fue otorgado hace más de un año, recién en los últimos meses comenzó a aparecer en los envases mediante una etiqueta de seguridad administrada por la Sociedad Rural del Valle de Uco.
“El proceso de certificación llevó más de tres años y después pasó casi un año más hasta que pudimos tener la etiqueta impresa. Recién hace unos seis meses empezamos a utilizarla”, explicó Gonzalo Appiolaza, uno de los propietarios de Mardegan, una de las empresas referentes del sector.
La expectativa es que ese sello permita capturar un diferencial económico similar al que otras Indicaciones Geográficas han conseguido en distintos alimentos del mundo: asociar el origen con calidad para vender mejor.
En la última semana, senadores mendocinos reconocieron el trabajo que están desarrollando en la provincia cuyana con el orégano.
✅ Senadores mendocinos reconocieron a la Sociedad Rural del Valle de Uco por pregonar la Identificación Geográfica del Orégano de San Carlos
Trabajo realizado por la Sociedad Rural del Valle de Uco
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¿CÓMO Y DÓNDE SE PRODUCE EL ORÉGANO DE SAN CARLOS?
Actualmente, San Carlos concentra unas 1.100 o 1.200 hectáreas cultivadas con orégano -una precisión difícil de dar tras la eliminación del Instituto de Desarrollo Rural mendocino, organismo que contabilizaba el indicador- y más de un centenar de productores, la mayoría de pequeña escala.
Sin embargo, históricamente gran parte de esa producción salió de Mendoza sin identificación de origen.

“La mayor parte del orégano se comercializaba a granel y terminaba siendo fraccionado fuera de la provincia. Ahí perdía su identidad e incluso muchas veces era mezclado con partidas de otros orígenes o importaciones de menor calidad”, explicó Lucila Portela, referente de la Sociedad Rural del Valle de Uco.
Para la entidad, la IG cambia esa lógica porque permite construir una marca territorial respaldada por controles técnicos, trazabilidad y parámetros objetivos de calidad. Actualmente son cinco las empresas certificadas, aunque el objetivo es ampliar progresivamente la cantidad de productores que se incorporen al sistema.
¿QUÉ HACE DIFERENTE AL ORÉGANO DE SAN CARLOS?
El diferencial comienza en el propio territorio. Como se ha escuchado en otras industrias, como la vitivinicultura o la fruticultura, la amplitud térmica del Valle de Uco, los suelos, el manejo del agua y décadas de experiencia de los productores también se hacen presentes en las aromáticas y generan condiciones que favorecen una elevada concentración de aceites esenciales, responsables del aroma intenso que caracteriza al producto.
“Tenemos una amplitud térmica muy marcada, suelos que se adaptan muy bien al cultivo y más de 80 años de experiencia produciendo orégano. Todo eso termina haciendo un producto distinto”, resumió Appiolaza.
A ello se suma un trabajo de mejoramiento varietal desarrollado durante años junto al INTA. La Indicación Geográfica exige que el producto certificado se elabore con un blend en el que al menos el 30% corresponda al denominado orégano compacto, una variedad que aporta mayor intensidad aromática.

El protocolo también fija parámetros muy estrictos: hojas enteras, color verde brillante, prácticamente sin polvo ni palo y un perfil sensorial evaluado por un panel integrado por especialistas del INTA, el INTI, la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Cuyo, la Sociedad Rural y las empresas certificadas.
UN PROTOCOLO PARA PRESERVAR LA CALIDAD DEL ORÉGANO
Asimismo, el diferencial no depende únicamente del clima. La certificación exige que todas las etapas del proceso -desde el cultivo hasta el fraccionamiento- se realicen dentro del área geográfica delimitada.
La producción comienza con la implantación mediante esquejes obtenidos de plantas madre. Luego llegan las tareas de mantenimiento del cultivo hasta diciembre, cuando se realiza la cosecha mecánica.

Una de las claves aparece inmediatamente después: el secado al sol. Las condiciones naturales de San Carlos -alta radiación solar, baja humedad y vientos constantes- permiten secar el producto sin utilizar combustión, preservando mejor los aceites esenciales responsables del aroma.
Posteriormente, el orégano atraviesa procesos mecánicos de trillado y zarandeo que separan las hojas de los tallos y eliminan polvo e impurezas antes del fraccionamiento.
“Hoy tenemos máquinas que dejan un producto impecable. Eso también forma parte de cuidar la calidad”, destacó Appiolaza.

EL ENEMIGO SILENCIOSO DEL ORÉGANO
Por otro lado, además de posicionar comercialmente al producto, la Indicación Geográfica intenta resolver uno de los problemas históricos del sector: la adulteración mediante mezclas con otros materiales vegetales generó durante años una competencia desleal para quienes producen bajo estándares de calidad.
“Cuando hay un 20%, un 30% o hasta un 50% de adulteración, aparecen muchos miles de kilos que se venden como orégano y terminan perjudicando a todo el sector”, sostuvo Appiolaza.
La certificación incorpora auditorías de campo, controles de trazabilidad y análisis físico-químicos que garantizan que el producto corresponda efectivamente al origen declarado.
Según Portela, el objetivo es proteger simultáneamente al productor y al consumidor mediante un sistema integral de aseguramiento de la calidad.

LA PRÓXIMA APUESTA DEL ORÉGANO: VENDER IDENTIDAD
Para los productores, la certificación representa mucho más que un sello en el envase. Hasta ahora las exportaciones se concentran principalmente en ventas a granel hacia mercados como Brasil, Paraguay y Uruguay.
La expectativa es comenzar a comercializar producto fraccionado con identidad de origen, generando mayor valor agregado dentro de Mendoza.
“La certificación es el inicio de un desarrollo económico mucho más importante. Nos permite pensar en nuevos mercados, en turismo vinculado a la producción y en exportar con valor agregado”, afirmó Appiolaza.
Desde la Sociedad Rural agregaron que la experiencia del orégano forma parte de un proyecto territorial más amplio denominado Camino de Indias, que apunta a extender el modelo de diferenciación hacia otras aromáticas y plantas medicinales producidas en el Valle de Uco.

La apuesta de fondo es que el consumidor ya no compre solamente una especia, sino un alimento cuya calidad está asociada al lugar donde fue producido, incluyendo, incluso, otras experiencias relacionadas con el turismo.

