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Cómo prepararse ante El Niño extremo: en la zona núcleo estiman lluvias hasta 90% por encima de lo normal

Un modelo de la Bolsa de Rosario anticipa lluvias en la primavera, por El Niño, que estarán muy por encima del promedio. Frente a este escenario, productores y asesores ya ajustan fechas de siembra, genética, densidades y manejo sanitario, para transformar el agua en potencial productivo.

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“El Niño” ya está instalado y su mayor intensidad se espera para los últimos tres meses del año.

En la zona núcleo, el fenómeno podría modificar de manera significativa el escenario climático de la campaña gruesa: un algoritmo desarrollado por GEA/BCR proyecta lluvias alrededor de un 30% superiores a lo normal en octubre, 70% mayores en noviembre y hasta 90% en diciembre.

Así, el dato cambia el eje de la planificación: después de varias campañas marcadas por la escasez hídrica, el desafío ya no pasa solamente por conseguir agua, sino por tener capacidad para aprovecharla y trabajar a tiempo cuando llegue.

La recurrencia de las precipitaciones podría reducir las ventanas disponibles para sembrar, cosechar y realizar labores.

LA PREVENCIÓN ANTE EL NIÑO

“Hay que entender que, por la particular dinámica que se prevé para este ‘Niño’, la recurrencia de las precipitaciones puede ser muy alta”, advirtió Alfredo Elorriaga, consultor de GEA/BCR.

Y agregó que el sector deberá “estar muy atento, anticiparse y ser muy eficiente” para evitar que el trabajo se acumule hacia diciembre.

El Niño: “Los modelos muestran una señal inusualmente fuerte para un evento de intensidad excepcional”

La estimación surge de un algoritmo que fue desarrollado originalmente en 2023 y reprogramado para esta campaña a partir de los registros de las 36 estaciones de la red GEA/BCR y la información actualizada de diez modelos climáticos.

El sistema analiza el comportamiento de las lluvias durante los últimos 50 años y su relación con las temperaturas del Pacífico.

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Elorriaga explicó que el escenario actual muestra un Niño fuerte, aunque todavía atravesado por incertidumbre respecto de su intensidad final.

“Nuestros valores proyectados están mostrando un pico inferior a 2,5. Pero con el nivel de incertidumbre actual, estamos teniendo en cuenta un rango de 2 a 3”, señaló. Por eso, el especialista considera que el fenómeno presenta características más cercanas al Niño 2015/16 que a un evento excepcionalmente extremo.

El punto central, de todos modos, no está solamente en cuánto llueva, sino en cuándo. El pico de precipitaciones coincidiría con momentos decisivos para la agricultura: la implantación de soja y maíz, la cosecha de trigo y, más adelante, la siembra de soja de segunda y maíz tardío.

“Cada semana que avancemos a diciembre, se va a poner más difícil. Si se puede sembrar, habrá que hacerlo sin postergar nada, porque será clave evitar cuellos de botella”, planteó Elorriaga.

La situación tiene, además, una particularidad favorable: la región llega a este escenario con menos agua almacenada en los perfiles que un año atrás. Según GEA/BCR, las reservas son actualmente regulares a escasas en el 80% de la región núcleo, mientras que en agosto de 2025 se encontraban entre las mejores de los últimos cinco años. A esto se suma que los modelos prevén una anomalía fría del Atlántico entre septiembre y diciembre, por lo que ese océano no aportaría humedad adicional.

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El análisis completo de Elorriaga se puede leer en: https://www.bcr.com.ar/es/mercados/gea/sobre-gea/noticias/cuanto-puede-llover-en-los-meses-pico-del-nino-en-la-region-nucleo

ESTRATEGIAS ANTE EL NIÑO: “CAMBIAR EL “CHIP”

Con este panorama, los productores y asesores comenzaron a modificar sus planteos. “Hay que actuar y prepararse. Ahora es el momento”, sintetizan técnicos de la región, en un diagnóstico que refleja un cambio de escenario después de varias campañas condicionadas por la sequía.

La primera estrategia que aparece entre los asesores es adelantar las fechas de siembra. En maíz temprano se evalúa anticipar la implantación entre una y dos semanas para adelantar también el período crítico hacia diciembre y aprovechar las lluvias previstas. En soja de primera, en tanto, algunos técnicos ya analizan comenzar entre el 10 y el 15 de octubre, cuando habitualmente las labores arrancan alrededor del 20.

“En soja de segunda hay que tratar de sembrar lo antes posible porque en un año Niño todos los días que puedas ganar en fecha de siembra los ganás en kilos”, explican desde Marcos Juárez.

El objetivo es similar en maíz: aprovechar la disponibilidad hídrica, pero también escapar de las posibles olas de calor de enero. Elorriaga consideró que, bajo estas condiciones, una siembra muy temprana “a fines de agosto o principios de septiembre” puede ser una alternativa válida, especialmente porque el riesgo de lluvias con grandes acumulados aumenta con el avance de la primavera.

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No obstante, la estrategia no será igual para todos los ambientes. En lotes con problemas de anegamiento o napas elevadas, algunos asesores recomiendan demorar la implantación y recurrir al maíz tardío. En el oeste bonaerense, por ejemplo, advierten que en los sectores históricamente inundables “conviene demorar un poco la siembra y pasar a maíces tardíos”. En algunas zonas, las napas se encuentran actualmente entre 90 centímetros y 1,40 metros.

EL NIÑO: MÁS POTENCIAL, PERO CON RECAUDOS

El cambio de escenario hídrico también modifica las decisiones sobre genética y manejo. Los asesores consultados por GEA/BCR mencionan un mayor uso de grupos de madurez cortos en soja, especialmente grupos IV cortos, para capitalizar los buenos ambientes que podría ofrecer la campaña.

En maíz, en tanto, aparece otra apuesta: aumentar la densidad. Técnicos de Corral de Bustos y Monte Buey proyectan sumar unas 5.000 plantas por hectárea y, en algunos híbridos puntuales, llegar hasta 10.000 plantas adicionales, acompañando ese planteo con mayores dosis de nitrógeno.

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La fertilización y la elección de genética forman parte de una misma lógica: si el agua deja de ser el principal factor limitante, aumenta la posibilidad de capturar rendimiento.

“Después de varias campañas de Niña en las que el tardío ganó terreno como estrategia para reducir riesgos, el escenario hídrico vuelve a empujar la balanza hacia el temprano”, resumen técnicos del norte bonaerense.

Pero más agua también significa mayor presión sanitaria. Por eso, el monitoreo de enfermedades ocupa un lugar central en la planificación.

En trigo ya comenzaron a observarse los primeros indicios de mancha amarilla en Pergamino y Venado Tuerto, aunque por el momento no se definieron aplicaciones. En otras zonas, los técnicos siguen de cerca la evolución de las enfermedades foliares ante la combinación de humedad y aumento de las temperaturas.

EL DESAFÍO DE EL NIÑO: CONVERTIR AGUA EN KILOS

El trigo parte de una condición muy favorable: el 95% de los lotes de la región núcleo se encuentra entre excelentes y muy buenos estados, mientras que el 70% atraviesa el macollaje y otro 30% ya ingresó en encañazón. El punto de partida se parece al de la campaña pasada, que terminó con rindes excepcionales, aunque todavía queda buena parte del ciclo por recorrer.

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El riesgo está en que el exceso de humedad complique la cosecha cuando llegue el momento de levantarlo. La misma ventana climática que puede favorecer a los cultivos de verano puede generar problemas de piso y demoras para sacar el trigo de los lotes.

La situación ya se observa en el maíz tardío y de segunda: la cosecha apenas avanzó cuatro puntos porcentuales durante la última semana y llegó al 77% del área, con unas 65.000 hectáreas todavía pendientes. Las lluvias mantienen elevada la humedad de los granos y obligan a esperar condiciones más favorables.

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Así, el desafío de la campaña 2026/27 será administrar un recurso que durante años fue escaso. El escenario que plantea GEA/BCR abre una oportunidad productiva importante, pero obliga a modificar la estrategia: sembrar a tiempo, elegir el ambiente y la genética adecuados, aumentar el potencial donde las condiciones lo permitan y monitorear de cerca los cultivos para que el exceso de agua no termine jugando en contra.

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