La nueva campaña de maíz comenzó a tomar forma bajo proyecciones climáticas asociadas al fenómeno de El Niño, y por ese motivo, en distintas zonas productivas se observó un adelantamiento de las fechas de siembra.
Este escenario vuelve a poner bajo la lupa uno de los momentos más determinantes para el cultivo: la implantación y las condiciones que debe enfrentar la planta desde sus primeros días.
Con una mayor atención sobre el ambiente y la necesidad de aprovechar de manera eficiente los recursos disponibles, los productores también comenzaron a mirar con mayor interés aquellas herramientas que permitan darle mayor estabilidad al cultivo desde la semilla. En ese proceso, los insumos biológicos empiezan a dejar de ser una alternativa experimental para convertirse en una tecnología que busca integrarse a las decisiones habituales de manejo.
Para el ingeniero agrónomo Miguel Utrera, responsable técnico comercial de AgriCheck para la zona centro-núcleo, que comprende el centro-sur de Santa Fe y el centro-sur de Córdoba, esta tendencia responde a una demanda concreta del productor: encontrar respuestas productivas que puedan incorporarse al manejo cotidiano y que, al mismo tiempo, tengan una traducción visible en el lote.
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“Hoy los insumos biológicos están siendo descubiertos por una gran parte de los usuarios, que se acercan a estas tecnologías buscando respuestas productivas concretas. Permiten sumar kilos e incorporar beneficios agronómicos que antes parecían impensados, poniendo al alcance del productor una herramienta accesible”, plantea Utrera en diálogo con Infocampo.
En ese escenario aparece T-Gro Easy Flow, una tecnología que propone llevar la biología directamente a la semilla mediante una formulación seca.
El producto utiliza Trichoderma asperellum, cepa KD, un microorganismo específicamente seleccionado por su desempeño agronómico, y plantea una forma de aplicación que busca resolver uno de los principales desafíos para la adopción de este tipo de herramientas: que sean efectivas, pero también sencillas de incorporar a la rutina de siembra.
UNA FORMA DIFERENTE DE LLEGAR A LA SEMILLA
Uno de los puntos centrales de la tecnología está en el microorganismo utilizado. No se trata simplemente de incorporar Trichoderma a la semilla, sino de trabajar con una cepa específicamente seleccionada por sus características agronómicas.
“No trabajamos con cualquier Trichoderma, sino con una cepa específicamente seleccionada por su desempeño agronómico. La innovación está en el microorganismo, pero también en la manera en que logramos llevarlo hasta la semilla”, admitió el ingeniero agrónomo.
El diferencial se completa con la formulación. T-Gro Easy Flow utiliza una base seca de talco y grafito, que permite aplicar el producto directamente sobre la semilla durante la carga de la sembradora, sin necesidad de agregar agua ni recurrir a tratamientos líquidos adicionales.
La formulación también cumple una función operativa. El talco y el grafito facilitan la distribución del producto sobre la semilla y acompañan la fluidez dentro del sistema de distribución de la sembradora, tanto en equipos neumáticos como en máquinas mecánicas a placas.
“La tecnología Easy Flow busca llevar la biología a la semilla de la forma más simple posible. Se incorpora directamente en la tolva o en el cajón de la sembradora, sin agua y sin tratamientos líquidos adicionales”, indicó Utrera y continuó: “Eso permite que una herramienta biológica pueda integrarse a la rutina de siembra sin agregarle complejidad al productor”.
La dosis también contribuye a esa practicidad: el producto se utiliza a razón de 2 gramos por kilo de semilla, lo que permite tratar un volumen importante de simiente con una pequeña cantidad de producto.

Miguel Utrera, responsable técnico comercial de AgriCheck para la zona centro-núcleo.
MÁS DE 15 AÑOS DETRÁS DE UNA INNOVACIÓN
Aunque su incorporación al mercado argentino hace una campaña representa una novedad, desde AgriCheck remarcan que no se trata de una tecnología experimental. El producto acumula más de 15 años de uso y cuenta con antecedentes de evaluación a campo que respaldan su desempeño.
Los primeros ensayos se iniciaron en 2016 y posteriormente se desarrollaron tres años de evaluaciones precomerciales junto con especialistas del INTA, en estaciones experimentales como Pergamino, Chacra Barrow y Obispo Colombres.
En esas evaluaciones se observaron rendimientos superiores respecto del testigo no tratado, con una brecha productiva ponderada en torno al 10%.
“Es innovación para Argentina, pero no experimentación. El producto tiene más de 15 años de uso y fue sometido a distintos procesos de evaluación. Después de los primeros lotes evaluados desde 2016 y de tres años de ensayos precomerciales junto al INTA, los resultados mostraron un rendimiento superior al testigo no tratado, con una brecha que ponderamos en torno al 10%”, contó el asesor.
Para Utrera, esa experiencia también explica parte de la respuesta que encontraron en los productores que comenzaron a incorporar la tecnología. La posibilidad de observar resultados a campo fue acompañando una mayor superficie tratada y una repetición de uso.
“Los resultados a campo generaron una alta fidelización. Cuando el productor observa que la tecnología funciona dentro de su propio esquema productivo, vuelve a utilizarla y, en muchos casos, incrementa la superficie tratada”, expresó.
UNA INVERSIÓN QUE BUSCA DEMOSTRAR SU RETORNO
El posicionamiento agronómico de T-Gro Easy Flow se vincula con aspectos como la implantación, el desarrollo de raíces, el aprovechamiento de los recursos y la resiliencia del cultivo frente a diferentes situaciones de estrés. A eso se suma su acción preventiva sobre determinados patógenos del suelo, entre ellos Fusarium y otros hongos asociados a problemas de emergencia.
Pero para que una tecnología biológica pueda consolidarse, Utrera considera que el resultado agronómico debe ir acompañado de una ecuación económica clara. En definitiva, la incorporación de un bioinsumo no puede depender únicamente de su novedad, sino de la capacidad de demostrar qué valor agrega al sistema.
“Una práctica simple puede transformarse en una inversión de alto retorno, pero para eso necesitamos resultados y una ecuación económica transparente. El productor tiene que poder medir qué obtiene a cambio de incorporar la tecnología y cómo ese resultado impacta sobre su negocio”, manifestó convencido.
En esa lógica, la facilidad de aplicación adquiere un peso particular. Al evitar el uso de agua y tratamientos líquidos, esta alternativa busca reducir pasos operativos y facilitar su incorporación en una labor que ya concentra múltiples decisiones y tareas.
MAÍZ Y UNA NUEVA GENERACIÓN DE BIOINSUMOS
La evolución de la propuesta no se limita al maíz. AgriCheck confirmó un acuerdo con el Grupo Andermatt para comenzar a formular localmente la tecnología Easy Flow en Argentina a partir de la próxima campaña. Hasta ahora, el producto llegaba listo para utilizar desde Sudáfrica.
El desarrollo local contempla además la incorporación de una cepa de Bacillus velezensis, con el objetivo de avanzar hacia una formulación más completa y consistente. Paralelamente, la empresa trabaja en una versión de Easy Flow adaptada específicamente para semilla de soja.
“Tenemos cerrado el convenio con nuestra casa matriz, el grupo suizo Andermatt Group, para comenzar a formular esta tecnología de manera local a partir de la próxima campaña. Hasta ahora, el producto venía listo para usar desde Sudáfrica; con el desarrollo local no solo mantendremos la calidad, sino que incorporaremos la cepa FZB42 de Bacillus velezensis, que no es más ni menos que la cepa más respaldada a nivel mundial. De esta forma será un producto aún más robusto y consistente. También estamos avanzando en una versión Easy Flow específica para semilla de soja”, informó como novedad el entrevistado.
Para Utrera, el futuro de los bioinsumos estará marcado por una combinación entre desempeño, validación y facilidad de adopción. La expectativa es que estas tecnologías se integren cada vez más al manejo agrícola, no como reemplazo automático de las herramientas de síntesis química, sino como parte de estrategias complementarias.
“La próxima generación de bioinsumos no solo deberá funcionar: también deberá ser fácil de adoptar y demostrar su valor a campo. No buscamos reemplazar los productos de síntesis química, sino sumar herramientas alternativas para lograr una agricultura más amigable y sustentable”, comentó el especialista.
En esa perspectiva, la biología del suelo aparece como uno de los ejes sobre los que podría avanzar la agricultura durante los próximos años. La incorporación de microorganismos, el cuidado de la biota y el desarrollo de cultivos más sanos forman parte de una visión que también contempla nuevos desafíos productivos, especialmente en zonas periurbanas donde la actividad agrícola debe convivir cada vez más estrechamente con las comunidades.
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“A medida que incorporamos microorganismos y sanamos la biota del suelo, podemos lograr cultivos más sanos y rentables. También nos brinda soluciones estratégicas para operar en zonas periurbanas o cercanas a escuelas, donde la producción tiene que convivir en armonía con la comunidad”, concluyó.
Para el especialista, el desafío de los próximos años será que la innovación biológica deje de medirse solamente por el potencial de un microorganismo y pueda demostrar, además, que es capaz de integrarse de manera sencilla a las decisiones cotidianas del productor. En ese camino, llevar la biología directamente a la semilla puede convertirse en una de las formas más concretas de acercar esa innovación al lote.
