La Cordillera de los Andes es uno de los símbolos del oeste argentino, provincias como Mendoza y San Juan han logrado construir a sus pies una marca de identidad global relacionada con grandes vinos.
Pero el macizo y todas sus riquezas interiores, ahora presentan un gran desafío para los productores cuyanos. Los oasis productivos que durante mucho tiempo fueron el gran motor económico de estas zonas, deberán convivir con el boom minero que atraviesa el país, donde Cuyo es el gran protagonista.
Con Mendoza todavía relegada, la luces hoy alumbran a San Juan, donde proyectos de cobre se suman a los que ya hace años se habían instalado alrededor del oro y le dan otra escala a la discusión que pone sobre la mesa un planteo central: la pregunta ya no pasa si son compatibles la industria minera y el agro, con la vitivinicultura a la cabeza, sino cómo será el plan para estructurar el desarrollo de ambas actividades durante las próximas décadas y cómo se pueden potenciar mutuamente.
DE LOS VINOS DE ALTURA A LOS GRANDES PROYECTOS
Con más de 30 proyectos mineros que aparecen en el mapa sanjuanino, una de las zonas donde aparece esta dicotomía es el departamento de Calingasta.
Si hablamos de lo agrícola, se trata de uno de los valles que en los últimos años ganó mayor notoriedad por sus viñedos de altura, la recuperación de plantaciones centenarias, las variedades criollas y el desarrollo del enoturismo.
Y si miramos la pata minera, es una de las zonas de concentración de varios proyectos de renombre dentro del mapa cuprífero, como El Pachón, Altar y Los Azules como los más destacados en etapa de factibilidad y prefactibilidad, es decir, el paso previo a la construcción de las minas.
Para Francisco “Pancho” Bugallo, productor de la zona y referente de la bodega Carasur, la discusión no debería plantearse en términos de una actividad contra la otra, sino de la convivencia de ambas con reglas equitativas.
“Hoy no veo que provincias como San Juan se puedan desarrollar sin una matriz compleja”, sostuvo. “La actividad agrícola en estos lugares, incluída Mendoza, no tiene la capacidad para sostener la economía provincial”, agregó.
Desde su punto de vista, la principal diferencia pasa por la escala de inversión que tiene una y otra actividad, pero también su extensión en la vida de los pueblos en los que se desarrollan.
“La minería es algo de mediano plazo, pero la agricultura mira el largo plazo. El vino trasciende por el componente cultural que otras actividades no tienen”, destacó. “Los beneficios que plantea también el Estado son diferentes, son diferenciales. Y eso nos deja en una desventaja gigante”, señaló.
En su caso, el rescate de viñas centenarias abandonadas en su Barreal natal le permitió darle una nueva oportunidad a fincas y productores totalmente relegados. “Estas matrices son complejas y hay que trabajarla de esa manera”, sostuvo, y planteó que el Estado debe intervenir para generar determinados equilibrios entre las actividades.
UN CAMBIO DE ESCALA PRODUCTIVA
Para Gustavo Fernández, ministro de Producción de San Juan, la experiencia internacional muestra que minería y agroindustria pueden desarrollarse en un mismo territorio.
“Hay experiencias exitosas en el mundo de perfecta, sana y armoniosa convivencia, por lo tanto la primera definición es que no hay contradicción, sino que perfectamente hay convivencia y en la mirada que nosotros tenemos creemos también que hay complementariedad”, afirmó.
El funcionario incluso planteó que la minería puede convertirse en una fuente de infraestructura para otras actividades productivas.
“La minería puede funcionar como una gran llave de oportunidades para la agroindustria en general, pero en particular para la vitivinicultura”, afirmó.
Uno de los puntos centrales es la infraestructura. “Hoy uno de los grandes problemas que tenés en todas las actividades económicas tiene que ver con la deficiente infraestructura que hay, que eso incrementa fundamentalmente los costos logísticos”, explicó Fernández. Y agregó: “Esto te lo puede mover la minería, lo hace porque lo necesita, pero una vez que la minería te lo abre, queda disponible para todo el mundo”.
En ese sentido, Fernández hizo foco en dos vías claves, como la Ruta 40 y la Ruta 153. Desde la interpretación gubernamental, la mejora que se va a dar en estos caminos tendrá un impacto directo en zonas productivas del sur sanjuanino y su conexión con Mendoza, con una mejor salida hacia Uspallata y la conexión con el Pacífico y los puertos chilenos.
Justamente, estas obras pueden tener un impacto directo en otro de los valles más destacados de San Juan: Pedernal. Se trata de una de las zonas más cualitativas de la provincia que encuentra en la logística uno de los mayores obstáculos para su desarrollo como polo enoturístico.
“Pedernal es una novedad, pero tiene deficiencia en la infraestructura para llegar. La minería te podría habilitar esa infraestructura”, insistió el Ministro de Producción sanjuanino.
UN ANCLA PARA LA INTERNACIONALIZACIÓN
En tanto, Fernández también puso el foco en la necesidad de diversificar la matriz vitivinícola sanjuanina y buscar mercados con mayor rentabilidad.
“Nuestra visión es de diversificación, mosto, uva pasa”, señaló. En esa estrategia también incluyó la posibilidad de avanzar sobre nuevos nichos y productos, con una mirada que buscó ampliar las alternativas comerciales de una actividad que en 2025 volvió a posicionarse como el segundo complejo exportador de la provincia.
En ese esquema, el funcionario mencionó a la minería como un ancla para abrir conexiones internacionales. En tal sentido, aseguró que la seguridad jurídica que han encontrado las inversiones mineras es un aspecto clave para fomentar las relaciones comerciales con mercados exigentes como el canadiense.
“Estamos trabajando con la empresas mineras, con la Embajada de Canadá y la Embajada Argentina en Canadá para abrir el mercado para nuestros vinos, las pasas, uvas en fresco, mosto, aceite de oliva, pistacho y otros productos”, anticipó Gustavo Fernández.
“Hay que buscarle a la agricultura mercados y negocios más rentables”, planteó el ministro.
UN PROBLEMA DE LARGA DATA
Por otro lado, vale remarcar que la convivencia de ambas actividades no se limita a caminos, inversiones o infraestructura. También aparece un desafío laboral y la discusión sobre la mano de obra. Fernández sostuvo que los perfiles que demanda la minería tienen características diferentes a los de otras actividades.
“El nivel del recurso humano que trabaja en la minería en términos de formación no es el mismo que el que demanda la actividad agrícola”, señaló.
Bugallo, coincidió con la lectura del funcionario y señaló que el problema puede estar en los puestos más tecnificados, lo que obligará al sector a reinventarse.
Sin embargo, para el productor, la cuestión excede a una discusión sobre empleo. “Si nosotros nos ahogamos, se va a caer otra cosa. Se caen las economías regionales”, advirtió.
LA DISCUSIÓN POR EL AGUA
En paralelo, el agua constituye otro de los puntos centrales del debate. Pero más allá de las demandas del recurso que necesita una y otra industria, la infraestructura aparece otra vez como los puntos deficitarios. Para Bugallo, la agricultura necesita un desarrollo que excede la capacidad individual de los productores.
“Yo no tengo la capacidad económica, ni el tiempo, ni los conocimientos”, dijo el productor, para resolver por sí solo la infraestructura hídrica del valle. En ese sentido, Fernández aseguró que la red de canales presenta un importante nivel de deterioro y que las empresas mineras están trabajando en una propuesta para contribuir a su mejora.
El otro eje es la energía. La agroindustria necesita electricidad para tecnificar el riego y desarrollar procesos productivos más eficientes. Fernández también vinculó la expansión minera con la posibilidad de ampliar las líneas de transporte eléctrico que permitirían incorporar nueva generación solar.
El Gobierno provincial destacó que San Juan concentra una parte importante de la generación solar argentina y sostiene que la ampliación de la infraestructura de transporte eléctrico permitiría aprovechar una mayor capacidad instalada.
EJEMPLOS MUNDIALES PARA OBSERVAR
Por último, es preciso reiterar que el escenario que atraviesa San Juan no es exclusivo. En Australia, uno de los grandes países mineros del mundo, el estado de South Australia combina una fuerte actividad cuprífera con una industria vitivinícola de escala internacional.
Por ejemplo, los datos oficiales muestran que South Australia produjo 747.688 toneladas de uva para vino durante 2024-25, el 47,8% del total nacional. Ese mismo estado produjo 328.323 toneladas de cobre durante 2025, con un valor de producción de 5.030 millones de dólares australianos.
Del mismo modo, Chile ofrece otro ejemplo dentro de la región. El país mantiene una importante actividad minera y, al mismo tiempo, una industria vitivinícola de gran escala.
Según el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), la producción de vino a granel alcanzó en 2026 los 949,5 millones de litros, un 13,2% más que el año anterior. Las regiones de Maule, O’Higgins, Coquimbo y Metropolitana concentraron el 96,9% de esa producción.
