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Alicia Tomaszuk: la vida de la “apicultora casual” que se transformó en referente

Este jueves 15 se celebra el Día de la Mujer Rural, y en la sección Pan de Campo te contamos la vida de Alicia Tomaszuk, un pequeña productora apícola que ya es tenida en cuenta por exportadores.

15.10.2020
Facundo Mesquida
Facundo
Mesquida

Periodista

Hace tiempo atrás metimos en el horno de nuestro medio de comunicación una masa a cocinar. Fuego lento y unos mates de espera, sacamos una nueva sección llamada “”, dedicada a las personas que trabajan desde hace años y día a día, las tierras de nuestro hermoso país.

Recorrimos producciones regionales, provincias y localidades que nos dejaron los ojos cristalinos de emoción y nos inflaron el pecho de orgullo. Familias enteras que dedican su tiempo a hacer alimentos, que poco a poco van invirtiendo y enfrentando cualquier tempestad.

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Hoy además se celebra a nivel nacional el Día de la , así que es el momento perfecto para conocer la historia de la chaqueña , la “apicultora casual” que se enamoró de la actividad, logrando con el tiempo multiplicar su producción, y convirtiéndose sin querer, en una referente del sector.

Así que sin más vueltas ni preámbulos, nos metemos de lleno en la vida de Alicia.

Alicia Tomaszuk, la “apicultora casual”

Alicia Tomaszuk es hija y nieta de productores. Durante mucho tiempo se dedicó a la agricultura, en la empresa familiar, en la provincia de Chaco. Hizo los cultivos regionales, algodón, para su sustento y para colaborar con la actividad familiar. Su campo está ubicado en Colonia Domingo Matheu, Departamento O’Higgins, San Bernardo. Lo heredó y a la fecha produce sola en las 76 hectáreas, algo de agricultura de huevos, apicultura y turismo rural.

Acerca de los inicios en la actividad, un día de 2006, su hijo, que era emprendedor de apicultura, debió dejar la casa familiar para estudiar en la universidad, y le pidió que le cuidara las cámaras. “Yo de no sabía nada. En ese momento me puse a trabajar con el tema de la Agricultura Familiar y me olvidé de los cajones de mi hijo. Así que se me fueron las . Empecé desesperadamente a conectarme con gente que hacía apicultura, porque sentía que no podía fallarle a él”, cuenta sobre sus inicios y resume: “Llegué a través del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y de un apicultor, a interiorizarme en el tema, así que empezamos a poder reactivarlos, él me explicaba las cosas y cómo era el tema, cuando se cosechaba, cuándo se curaba y todo. Entonces empecé a ver cómo era la apicultura, hice cursos de iniciación y vi videos en Youtube. Necesitaba reactivar el material que tenía y no fallarle a mi hijo en la producción. Resulta que después me enamoré de la actividad y del oficio. Hoy, él está recibido y yo continué como apicultora”.

Así, casi por error, comenzó una actividad de la que hoy es referente. Pasó de tener 40 colmenas a más de 180. No fue un camino fácil, pero el asociativismo le permitió crecer. En el año 2009, hubo en la zona donde Alicia trabaja una gran sequía, que hizo que de las 40 cámaras de cría que tenía pasara a 20, por las condiciones climáticas. En ese momento, volvió a acercarse al INTA, donde le propusieron armar un grupo, para trabajar en conjunto. En 2010, junto a otros 11 productores hicieron un grupo. Entonces, sólo tenían en común la localización geográfica (todos eran de la zona del sur o el norte de Villa Ángela), pero no se conocían entre sí.

Luego, a nivel nacional se lanzó el programa Cambio Rural, que tenía como objetivo “a través de la asistencia técnica, promover y facilitar la intensificación y reconversión productiva, como un medio para mejorar la situación productiva y socioeconómica de los pequeños y medianos productores rurales y propender al desarrollo agroindustrial en todo el territorio nacional, impulsando el aprendizaje grupal”. Entonces se anotaron como grupo de Cambio Rural. “Éramos todos pequeños productores apícolas que teníamos entre 20 a 30 cámaras de cría cada uno. Y con la metodología de Cambio Rural (CR) empezamos a ver las fortalezas y debilidades que teníamos cada uno. Con la asistencia de la técnica que nos ponía el programa, elaboramos nuestro cuadro FODA. Esto nos permitió consolidar al grupo. Conocer nuestras fortalezas y debilidades nos hizo crecer. Y como nuestro objetivo era asociarnos a una cooperativa o avanzar en la formalización, vimos que podía ser a la Cooperativa Apícola de Santa Sylvina. Si bien nos quedaba un poco lejos, la cooperativa nos brindaba más posibilidades de atención. Tenían un técnico que nos permitía hacer jornadas técnicas en cada uno de los apiarios, a través de un programa del Ministerio de la Producción de la provincia del Chaco, en la zona deprimida. Esos encuentros a campo eran mucho más comprensibles y didácticos. Aprendimos mucho”, reseña Alicia. Y ese aprendizaje no sólo se vinculaba con el cuidado de las colmenas o el trabajo en grupo, sino que también les permitió conocer las características de la apicultura. En la zona no hay proveeduría, por lo que los productores deben participar de eventos en los que adquieren los insumos que necesitan para la actividad. Esto lo aprendieron gracias a CR y al INTA, que les acercaron el cronograma de eventos y exposiciones. “Así llegamos a participar de la Federación Internacional Latinoamericana de Apicultura – FILAPI, en varias oportunidades. De ese modo aprendimos de genética, de técnicas de trabajo, nos enteramos de todo”, recuerda.

El trabajo en conjunto los hizo crecer. Tanto que en un momento les informaron que, como tal, estaban habilitados para acceder a los fondos rotatorios que se entregaban a través del Proyecto de Inclusión Socio Económica en Áreas Rurales (PISEAR 1), que era “una iniciativa del Gobierno de la República Argentina financiada parcialmente con fondos provenientes del Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), a través del Convenio de Préstamo 8093-AR. El Proyecto es ejecutado por el Ministerio de Agroindustria de la Nación, a través de la Unidad para el Cambio Rural (UCAR) y las Unidades Ejecutoras Provinciales. (…) Su objetivo es promover la inclusión social y económica de las familias rurales a través del fortalecimiento de su capacidad de organización, la mejora en la producción y en sus condiciones de vida y el desarrollo de alianzas productivas para el acceso sostenible a los mercados. (…) Consiste en actividades de capacitación y asistencia técnica que contribuyan al desarrollo de capacidades de organización y el fortalecimiento de los mecanismos de participación, de y entre las organizaciones de la agricultura familiar. Asimismo, se promueven instancias de planificación del desarrollo de los territorios y participación para la gestión de políticas públicas”.

Un escalón más

A través de ese fondo rotatorio, que les permitía acceder a la compra de materiales para la producción, se fortalecieron como productores apícolas. Pudieron acceder a cámaras de cría (madera para cuadros, alambres, ojalillos, clavos), mejorar la sanidad (a través de la cura de todas las colmenas, para asegurar que todos tuvieran colmenas sanas) y tambores. También compraron bienes destinados a la alimentación, tanto tortas proteicas como azúcar. Así lograron reponer y/o acrecentar los apiarios. “Ya teníamos técnica, contábamos con un montón de herramientas que nos dio el pertenecer al grupo, a la cooperativa, así que al recibir los materiales que necesitábamos y poderlos devolver con kilos de miel, entregando una parte de nuestra producción, nos facilitó mucho. Es decir, estar juntos y asociados nos permitió facilitar y optimizar recursos, estar atentos a las capacitaciones, asistir a exposiciones y aprender mucho para crecer. Hemos progresado y hoy somos apicultores que tenemos una gran cantidad de colmenas y estamos produciendo un número importante tanto de kilos de miel como de tambores, así que hoy nos tienen en cuenta hasta los exportadores”, asegura la apicultora.

Hasta ese momento la extracción era un problema. En principio, cada productor se las arreglaba del modo que podía; los productores tenían extractores en sus casas, y lo hacían de modo manual. Luego, un productor donó un terreno y montaron un galpón. Allí, con financiamiento del gobierno provincial, a través de la cooperativa lograron acceder a montar una sala de extracción móvil eléctrica, que tenía luz y aire acondicionado y les permitió mejorar la sanidad y la higiene, con menos esfuerzo. Así, en grupo, la fueron pagando con kilos de miel. Sintetiza Alicia: “Primero hicimos el galpón para tener un lugar donde reunirnos y luego poner la sala móvil. El terreno lo donó un apicultor. Con colaboración de todos se hizo el galpón. El municipio y el ministerio les dieron a algunos productores algunos subsidios individuales. Gracias a eso y a la solidaridad de todos, terminamos el tinglado y ahí pusimos la sala de extracción móvil”.

Más tarde, a través de una nueva edición del programa, accedieron a los fondos de PISEAR 2, gracias a lo que lograron transformaciones. “Parte con ese dinero, y parte con los aportes que hicimos cada uno de nosotros, hemos logrado montar la sala de extracción, aprobada por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (). Este fue un paso muy importante para el grupo. Pasar de trabajar precariamente a tener nuestra sala nos llenó de orgullo. Todo esto fue posible por nuestro trabajo y por las instituciones con las que nos fuimos involucrando y que fueron colaborando para que esto salga”, asevera Alicia.

Estos cambios impactaron en la comercialización. En principio, los productores extraían y vendían fraccionado, porque no contaban con aprobaciones sanitarias. Con la sala móvil, tenían inspecciones de la municipalidad, por lo que pudieron comercializar en tambores de 300 kilos, (para lo que se necesitan 20 colmenas) logrando un incremento de la cantidad de cámaras de cría. Finalmente, con la sala aprobada por SENASA han logrado exportar. Todos comercializan a través de la Cooperativa, que es la que se encarga de hablar con los exportadores, que son los que ponen las condiciones y los precios. La cooperativa consulta entre socios o el consejo y el que está dispuesto, pone a la venta. Así, cada productor le factura a la cooperativa, y ésta hace lo propio con el exportador. Esto lo pudieron hacer gracias al volumen de producción que alcanzaron.

A la fecha, de los doce productores que integraron el grupo Cambio Rural, ocho siguen trabajando con la cooperativa. “Los que quedamos es porque consideramos a la apicultura como nuestra actividad principal. Les ponemos pilas y estamos en producción permanente. Creo que la deficiencia es que somos todos mayores, así que nuestro próximo desafío debe ser trabajar para incentivar a los jóvenes a que tengan sus colmenas. Porque el trabajo pesa y hay que pensar quién seguirá con nuestro trabajo, hay que capacitar a los jóvenes para el oficio del apicultor”, señala Alicia.

“Todo este recorrido nos permitió crecer a todos entre 4 o 5 veces más de lo que teníamos de producción al inicio de esta iniciativa. En mi caso, si cuento que comencé con 40 colmenas, hoy tengo entre 180 y 200. Hicimos los deberes, nos capacitamos, nos esforzamos mucho e hicimos de la apicultura nuestra actividad principal. Esto nos dio rentabilidad”, concluyó orgullosa.

Fundación Mujeres Apícolas

A través de su experiencia como apicultora, Alicia participó en FILAPI en varias oportunidades. Durante el encuentro realizado en Iguazú, se produjo un contacto con otras mujeres que se dedicaban a la actividad. Quedaron en contacto y conformaron una red. Buscaron la manera de avanzar con un formato legal, y a través de un contador y asesoradas por el INTA, conformaron una fundación. “Somos seis mujeres de Margarita Belén, Colonia Benítez, Resistencia, Barranqueras y de Villa Ángela. Las más ‘ancestrales’ somos Mirta Estévez (que es una eminencia en el tema apícola) y yo. Nos reunimos para ver cómo hacíamos para concientizar en el consumo de miel, que era lo que nos interesaba. Queríamos ver cómo hacer que la gente comprara miel. Porque en Argentina casi no se consume, quizá algunos tienen el frasquito, pero no lo comen. Hay países en los que la gente consume 3 a 5 kilos de miel, pero acá solo 200 gr por persona, así que todo lo que producimos lo mandamos a otro lado porque no tenemos mercado”, recuerda.

Y así comenzó la idea del “Consuma miel”, un programa que se instaló a partir de esa idea, desde el gobierno nacional, por el que en la semana previa al día de la abeja (que es el 20 de mayo) se trabaja en la instalación del consumo de miel. En el actual contexto de pandemia de Covid-19, la actividad se realizó de otro modo, para sostener la idea de concientización, pero con otra metodología.

Continúa Alicia: “Ya como Fundación Mujeres Apícolas, pero sin tener la entidad, empezamos a participar de actividades en Chivilcoy y en La Rioja, donde hicimos un encuentro de mujeres apícolas, a pulmón, donde lanzamos el ‘Consuma miel’. Logramos que el gobierno de esa provincia entregara a mujeres cámaras de cría para ser apícolas, incentivándolas a que hagan la actividad”.

Finalmente, formalizaron la fundación que tiene como objetivo consolidar el consumo de miel (participan en todas las exposiciones que pueden, para presentar el programa) y también avanzaron con la concientización sobre el cuidado de las abejas. “Sabemos que son los agentes polinizadores más importantes sobre la tierra. Hay una campaña a nivel mundial para que todos sepan de la importancia de las abejas en la elaboración de los alimentos como productos primarios a través de la polinización. Y esa es nuestra tarea”, dice, orgullosa.

Avanzaron con un convenio con INTA y otro con el ministerio de la Producción del Chaco, para avanzar en las capacitaciones. Hicieron un apiario demostrativo y avanzan con un programa de rescate en las ciudades, donde buscan educar a Defensa Civil sobre cómo se rescatan y manipulan los enjambres. “En esto estamos ahora, las seis. Haciendo convenios con las municipalidades para poder hacer las capacitaciones, para vestir adecuadamente a la gente de Defensa Civil y que puedan rescatar abejas en las ciudades, para que no las maten ni les tengan miedo”, asegura.

Junto a

“Yo me sumé a FAA porque en mi familia siempre se habló de la entidad. Mi abuelo y mi papá eran cooperativistas y FAA era una herramienta para los productores, tanto a través del seguro como del gremialismo. Alrededor del año 2000, estaba naciendo Mujeres Federadas, y vino Eduardo Buzzi (ex presidente de la entidad) a Villa Ángela, por el problema de la falta de precio del algodón. Entonces, Pablo Orsolini (ex vicepresidente de FAA y referente chaqueño) me invitó a una reunión. Así, me incorporé a distintas actividades, entre las cuales puedo destacar un encuentro de Mujeres Federadas Argentinas (MFA) que se hizo en Embalse”, sintetiza Alicia sobre los inicios de su militancia en la entidad. Cabe señalar que llegó a ser presidente de la filial, cargo que mantiene hasta la fecha.

Consultada sobre su experiencia en FAA señala: “Me hizo conocer las producciones de todo el país, formar parte de lo que fue el inicio de la definición de la Agricultura Familiar (AF) y las cuestiones de las mujeres productoras. Porque en el caso de las mujeres que estamos solas en el campo, llevamos adelante una producción que tal vez se la ve como para el género masculino, pero trabajamos a la par de ellos. Tomamos decisiones. Pero también hay hijas, esposas, hermanas de los productores que a veces se invisibilizan. Pareciera sólo deben criar la gallina o los chanchos para que el otro comercialice. En eso fue fundamental MFA, para reunirnos y ver cómo nosotros figuramos en la producción, al igual que en la agricultura familiar”. Y continúa: “FAA me hizo conocer y me dio lugares muy importantes. Coordiné el distrito durante 13 años y me permitió acceder a distintos espacios e idiosincrasias. Representé a la entidad en el INTA, donde fui Consejera Regional, estuve cuando delineamos y redactamos los lineamientos para la AF, estuve en la COPROFAM y ahora también estoy en el Consejo Nacional Apícola, en representación de la entidad. Por eso agradezco la confianza que han puesto siempre en mí como alguien que puede llevar la voz de FAA”.

Estas historias de “Pan de Campo” llegan a gracias al aporte invaluable de la Confederación de Organizaciones de Productores Familiares del Mercosur Ampliado (COPROFAM), la permanencia e historia de la Federación Agraria Argentina (FAA), y la pluma de Vanina Fujiwara, corresponsal de la Confederación en la Argentina.

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