El precio de la soja y la buena cosecha parecían ser el salvavidas al cual se podía acudir en búsqueda de divisas. Sin embargo, a partir de junio el precio internacional de nuestro principal producto de exportación nacional cayó más de 18%.
Para ir por parte, a fines de 2013 las perspectivas con respecto al precio de la soja no eran alentadoras, en diciembre el precio caía hasta llegar a los US$ 470 por tonelada, muy lejos del récord alcanzado en agosto de 2012 (US$ 640).
Además, el precio futuro de la soja para mayo de 2014 estaba en US$ 300 la tonelada, lo que despertaba dudas sobre la capacidad del país de generar las divisas necesarias para el correcto funcionamiento de su economía.
Sin embargo, la evolución del precio internacional de la soja resultó mucho mejor al esperado. En los primeros meses del corriente año la cotización del poroto superó los US$ 500 por tonelada.
Lamentablemente, a mitad de año la situación cambió. En junio el precio de la soja se redujo 6,2%, y al 22 de julio la caída acumula un 15,5% llevando el precio de la tonelada a los actuales US$ 435. Esta fuerte retracción estuvo determinada por factores de oferta, cosechas récord tanto en Estados Unidos como en el hemisferio Sur llevaron la producción mundial a valores superiores a los esperados.
Según un informe de Eco Latina, nuevamente, el futuro no es promisorio. Si bien los bajos precios dinamizarán la demanda, para la campaña 2014-15 se espera un récord de producción lo cual llevaría la oferta mundial a más de 360 millones de toneladas, cantidades superiores a una demanda que se especula será cercana a 280 millones (según Estimaciones del Departamento de Agricultura de Estados Unidos). La expectativa de sobreoferta se traslada a los precios futuros, comprar hoy una tonelada de soja a entregar en mayo de 2015 cuesta no más de US$ 270.
Pero ¿cómo impacta esto en la frágil situación económica actual? El informe indica que el primer foco de atención son las exportaciones. En un contexto en el cual la restricción externa se agudiza, la cosecha y los altos precios internacionales parecían ser el bálsamo al cual el Ejecutivo recurriría para transcurrir 2014 con una pérdida acotada en las reservas.
Si bien buena parte de la cosecha ya fue vendida o su compra pactada a precios superiores a los actuales (en lo que va del año la liquidación de divisas trepó 4,3% respecto del mismo período del año pasado), aún queda una porción significativa por vender. De acuerdo a nuestros cálculos, la diferencia entre las divisas que hubieran sido liquidadas si los precios no sufrían el descenso observado a partir de junio y las que efectivamente entrarán en 2014 será cercana a US$ 1.500 millones.
El contexto en el que se contabiliza esta pérdida es relevante: la necesidad de divisas es creciente y excede por mucho la capacidad de generación de la economía.
Además, la disminución del valor de la soja impactará en los recursos fiscales vía menores retenciones. En una situación de creciente déficit fiscal (a nivel nacional y provincial) cada peso recaudado suma, especialmente cuando surge de un impuesto que, como los derechos de exportación, no afecta directamente el bolsillo de los asalariados. La “pérdida” de recursos fiscales se calcula en torno a US$ 500 millones. Este monto hubiese financiado el incremento adicional necesario para mantener el poder adquisitivo del haber mínimo jubilatorio en el primer semestre.
En suma, vía menores exportaciones y retenciones, el shock impactará durante 2014 en dos desequilibrios macroeconómicos centrales: el déficit fiscal y el externo.
Más allá de lo comentado, el verdadero riesgo para la economía argentina viene dado por la dinámica de la cosecha 2014/2015. Si el precio no repunta de aquí a comienzos del año entrante, el país se encontrará con un menor flujo de dólares sojeros que el actual. Esto se daría en un contexto incluso menos favorable, ya que 2015 será un año de importantes compromisos financieros, incertidumbre electoral y un stock de reservas inferior a las existentes a principios del corriente año.
La entrada de divisas del complejo sojero, y por lo tanto de buena parte de las exportaciones nacionales, estará determinada por la evolución de los precios internacionales. En este sentido, si bien la mayoría de los analistas pronostican una tendencia bajista para los próximos dos años, también es cierto que pocos mercados son tan dependientes de factores climáticos como el de los commodities agrícolas, lo cual dificulta su proyección.
No es necesario remontarnos demasiado atrás en el tiempo para encontrar augurios que no se concretaron: como marcamos, el precio de una tonelada de soja para mayo de 2014 era de US$ 300 la tonelada en diciembre de 2013, pero el precio efectivamente observado fue superior a US$ 500 por tonelada.
A la hora de pensar en el flujo de divisas, tan importante como los precios son las cantidades. En este sentido, y en la medida que existan sustitutos a la soja, la caída de la rentabilidad asociada al desplome de precios internacionales puede inducir una menor superficie sembrada de la oleaginosa y por ende apuntalar la de otros cultivos.
Sin embargo, este no parece ser el caso: el precio de la soja fue el que más se retrajo pero el resto de las commodities agrícolas producidas en el país también descendieron. Por otro lado, pese a que la devaluación mejoró sustancialmente los ingresos de los productores también elevó sus gastos (buena parte de los insumos agrícolas están dolarizados). Por lo que la caída de los precios internacionales, puede disminuir la inversión en el sector.
En los últimos diez años se observó un fuerte mejoramiento en los términos de intercambio, esto alejó la restricción externa al mismo tiempo que generó incentivos a profundizar la soja dependencia. Pero, como es bien sabido, poner todos los huevos en una sola canasta es peligroso: es necesario diversificar las exportaciones apuntalando las economías regionales.
Si bien es poco probable que 2014 sea el comienzo del fin de los términos de intercambios favorables, sin duda la caída del precio de la soja es un llamado de atención.

