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Ante una probable escasez de hacienda, el desafío 2024 es producir animales más pesados

Si bien la faena en 2023 creció un 7,5%, se explica sobre todo a partir de la vacas y vaquillonas. El peso promedio de la media res cayó en 3 kilos. Uruguay, un ejemplo a seguir.

infocampo

El negocio ganadero comienza el 2024 con una serie de desafíos, a partir de una escasez de hacienda que comienza a ser visible en todos los eslabones del negocio.

Más allá de los vaivenes que se generan en el consumo interno, con valores del gordo que por el momento han encontrado una cierta estabilidad, existe otro escenario que preocupa a la industria: el faltante de animales pesados.

Los números del año pasado registraron una suba en la faena, que acumuló 14,5 millones de cabezas –un crecimiento del 7,5% interanual- y se explicó en gran parte por el aporte de vacas y vaquillonas.

“Ambos indicadores constituyen dos grandes alertas para el stock de vientres disponibles para la producción actual de terneros, que terminará impacto en la reposición del siguiente ciclo, es decir 2025 en adelante”, advirtieron desde el mercado ganadero de Rosario (Rosgan).

En este contexto, los cambios tan significativos en la faena de un año a otro no son gratuitos. La sequía prolongada afectó tanto a la recría e invernada pastoril como a los engordes a corral. De este modo, la invernada salió más liviana de los campos ganaderos, mientras que se aceleraron los procesos de engorde a corral.

Esto se reflejó en un incremento de la tasa de extracción de categorías más jóvenes que no logran ser retenidos en engorde y limitan la producción de animales pesados.

“Del crecimiento en la faena que se vio el año pasado, con casi 1 millón de animales más que en 2022, la mitad lo explica el incremento en la faena de vacas (570.000 cabezas más) y el resto (475.000 animales) una mayor salida de los feedlots”, calcularon los rosarinos.

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FALTA DE PREVISIBILIDAD EN LA HACIENDA

El Rosgan advirtió que además de estos factores vinculados al clima, la mayor extracción de animales livianos estuvo impulsada –en los últimos cinco años- por decisiones que vienen desde la política.

Medidas como falta de previsibilidad para la comercialización a largo plazo, las trabas a la exportación -principal demandante de animales pesados- y los elevados costos tanto impositivos como financieros fueron factores que erosionaron los márgenes de ganancia y obligan a acortar los ciclos productivos.

Los números de la actividad avalan estas afirmaciones. Tomando como base una serie histórica calculada desde 2008, la tasa de extracción de machos jóvenes pasó del 65% al 125% en 2022 y 131% en 2023.

“Esto implica que, desde 2019 con tasas de extracción superiores al 100%, estuvimos faenando más novillitos que los registrados a inicios del año, lo que supone que estuvimos terminando y faenando terneros destetados durante ese mismo ciclo”, explicaron.

Y agregaron: “Este comportamiento es el que indefectiblemente ha estado impulsando la caída sistemática que se observa en el stock de novillos y en consecuencia, limitando la oferta de carne futura al truncar la posibilidad de obtener más kilos al momento de la faena”.

EL EJEMPLO DE NUESTROS VECINOS

En Uruguay, la situación es diferente. El año pasado y con una seca similar a la de Argentina, no solo lograron reducir la faena total, sino que, a su vez, pudieron aumentar los kilos de carne logrados por res.

De acuerdo al Instituto Nacional de Carnes de ese país, el peso medio de faena logrado en novillos (bajo nuestra clasificación novillos y novillitos) aumentó en 7 kilos, pasando de un promedio de 281 kilos en 2022 a 288 kilso en 2023, con una faena 8,4% inferior. En Argentina, en el período analizado el peso de faena cayó de 247 kilos a 243 kilos.

Para el Rosgan, el desafío de la ganadería a partir de 2024 pasará por saber administrar la escasez de hacienda. Para este año, anticiparon que el negocio de la carne vacuna se verá afectado por la aceleración de faena liviana, porque no se podrán continuar las recrías pastoriles y el engorde a corral tendrá costos elevados.

“Mayores pesos de faena, implican mayor productividad del stock, mayor aprovechamiento de los recursos, y una paulatina convergencia de los estándares de producción demandados por el consumo y la exportación”, concluyeron.

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